Alerta. Una contaminación silenciosa que preocupa a científicos y especialistas
Los expertos advierten sobrela presencia de microplásticos en el agua potable y explican por qué ya son un problema ambiental y sanitario.
La presencia de microplásticos en el agua dejó de ser una hipótesis científica lejana para convertirse en un problema ambiental y sanitario concreto, con impacto directo en la vida cotidiana. Estas partículas diminutas (menores a 5 milímetros) se generan a partir de la degradación de plásticos de mayor tamaño, procesos industriales, lavado de prendas sintéticas y una gestión deficiente de los residuos. Su tamaño microscópico las vuelven prácticamente invisibles, pero no por eso inofensivas.
Jorge Balbi, ingeniero químico y especialista en higiene y seguridad, advierte que hoy los microplásticos ya forman parte del circuito de consumo humano. “No sólo están en ríos, mares o suelos, llegan al organismo a través del agua potable y de alimentos de consumo diario”, explica. El problema, señala, es que durante años el foco estuvo puesto en los residuos visibles, mientras que estas partículas lograron atravesar barreras físicas y sistemas de tratamiento sin ser detectadas.
Uno de los estudios más citados a nivel internacional fue realizado por la Universidad Estatal de Nueva York en colaboración con Orb Media. El trabajo analizó 259 botellas de agua de 11 marcas, en nueve países. El resultado fue contundente: el 93% de las muestras contenía microplásticos.
En promedio, se detectaron unas 10 partículas visibles por litro (mayores a 100 micrones) y más de 300 partículas más pequeñas. En casos extremos, el número ascendía a 10.000 partículas por litro.
Según Balbi, uno de los datos más inquietantes es que gran parte de esta contaminación no proviene del ambiente externo, sino del propio envase plástico y del proceso de embotellado.
“Durante la fabricación de las botellas, el transporte o incluso al destapar el envase, se liberan fragmentos microscópicos que terminan en el agua que consumimos”, detalla.
Aunque la investigación sobre los efectos a largo plazo de los microplásticos en la salud humana todavía está en desarrollo, la evidencia actual es suficiente para encender señales de alerta. Estudios recientes sugieren que estas partículas pueden actuar como vectores de sustancias químicas y contaminantes, y que algunas logran atravesar barreras biológicas,
acumulándose en tejidos del cuerpo humano. La comunidad científica aún debate el alcance exacto del riesgo.
Qué pasa con el medio ambiente
Desde el punto de vista ambiental, el panorama tampoco es alentador. Los microplásticos persisten durante décadas, se dispersan fácilmente y afectan ecosistemas completos. En el agua dulce, alteran cadenas alimentarias y pueden impactar en especies que luego forman parte del consumo humano, profundizando el problema de manera indirecta.
Frente a este escenario, Balbi sostiene que la prevención es hoy la herramienta más eficaz. “No se trata de generar alarma, sino de promover decisiones informadas”, aclara. Entre las recomendaciones básicas, menciona reducir el consumo habitual de agua embotellada, optar por envases reutilizables de vidrio o acero inoxidable y considerar la instalación de filtros domésticos certificados, capaces de retener partículas microscópicas.
A nivel colectivo, el ingeniero subraya la importancia de fortalecer regulaciones que limiten los plásticos de un solo uso y exigir mayor transparencia a la industria. “La discusión no es sólo técnica, es social. Necesitamos políticas públicas basadas en evidencia científica y consumidores más conscientes de lo que eligen”, afirma.

