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Tormenta de verano

Laila Muhieldin es una apasionada de las ventas y armó hace casi 25 años su propia agencia de viajes. Los clientes la conocen por su dedicación y el mercado, por el ímpetu en conseguir lo que se propone.

02 de diciembre de 2013 a las 12:01 a. m.
Tormenta de verano
Actitud. En plena peatonal cordobesa, Laila Muhieldin montó el cuartel general de la agencia de viajes. “Evito trabajar con paquetes, hay que armar el destino”, dice (Raimundo Viñuelas/La Voz).

Es como una tormenta de verano, después de los truenos y la lluvia, sobreviene la calma. Laila Muhieldin no disimula su ímpetu, sus garras de vendedora consumada, actitud que la llevó hace 25 años a formar su propia agencia de turismo, Himalaya Viajes. Rodeada por sus hijos, aquella pequeña empresa comienza a volar en otra escala, con clientes que le son fieles y con las primeras franquicias en marcha. Dice cosas que no a todos les va a gustar, pero, fiel a ella misma, las dice. Y punto.

–¿Por qué tanta gente sabe de usted?

–Es que yo era empleada en una agencia, el Lago Viajes. Dejé para ser mamá de Máriam y luego volví, pero ya con una agencia en sociedad con mi marido, Rodolfo Monguzzi, y con otro matrimonio amigo. En un momento, decidí comprarle la parte a los tres socios y me quedé sola con esto. Mi esposo me vigilaba de cerca y me ayudaba a no equivocarme tanto, hasta que él falleció el año pasado.

–¿Cuántas agencias de viajes hay en Córdoba?

–400, de ellas, 200 están en Capital. Cuatro o cinco firmas grandes se destacan y en ese grupo estamos nosotros con la diferenciación de productos, servicios y atención.

–¿Qué hace el posventa?

–Un seguimiento en el pasajero en el viaje mismo, sobre todo cuando llega para asegurarnos que haya llegado bien y que sus expectativas estén cumplidas. De eso se ocupa, sobre todo, mi hija con su gente.

–¿Conoció el Himalaya?

–Mi marido sí, yo no. Fíjese que soy una agente de viajes que no viaja tanto. El fuerte mío son las ventas, me apasiona vender, me encanta. Estoy acá hablando con usted y estoy pensando un montón de cosas sobre ventas que tengo pendientes.

–¿Vender turismo es tan diferente a vender una camisa?

–Nosotros vendemos ilusión, nada tangible. A una camisa voy, la elijo, la pago y me la llevo en ese momento, con los viajes sucede otra cosa. Dicen que la segunda actividad más estresante del mundo es la de agente de viaje.

–¿No era la de periodista?

–No, la primera es la de médico y la segunda la de agente de viaje, uno nunca termina de estar totalmente tranquilo cuando tiene gente viajando. Siempre dependemos de terceros, que el pasaporte no llega, que el avión no sale, que al pasajero le robaron la billetera en tal lugar… Para mí es imposible cortar la conexión.

–¿Le ha pasado que alguno se quede por no tener visa?

–Gracias a Dios, no. Sí he cometido errores tontos: una vez, un pasajero quería ir a Canarias y lo mandé a la isla de al lado. Me llamó de allá para quejarse (ríe). A la vuelta fue tan gentil que me trajo un atlas de regalo.

–¿Cómo asoman la cabeza en ese mar de agencias de turismo?

–Nos especializamos en los paquetes turísticos internacionales a medida, armados día por día, con itinerarios específicos, comidas, etcétera. Le escapamos a los paquetes cerrados. Y lo que más nos gusta es armar salidas grupales a cualquier parte del mundo.

–¿Las idas y vueltas con el dólar y la suba de costos le achicaron rentabilidad?

–Mire, desde que yo me acuerdo, siempre en octubre–noviembre el sector turístico ha tenido problemas, cambio de reglas, nuevos impuestos, devaluaciones, una compañía aérea que se caía, etcétera. O algún rumor dando vueltas, lo que sea. Hoy son las tarjetas de crédito. Cuando yo empecé en esto, nuestro margen era el 10 por ciento sobre los pasajes de cabotaje, hoy es el uno por ciento para internacional y el tres para vuelos internos. Pero…

–¿Pero qué?

–El flujo de pasajeros actual es mucho más grande que el que teníamos 30 años atrás. Y las condiciones son diferentes, con lo cual, la rentabilidad puede ser igual o un poquito superior.

–¿Qué está comprando la gente aquí?

–Estados Unidos, Europa, Caribe, Tailandia, la India, cosas raras.

–Pero esa es gente que ya ha viajado y busca nuevas cosas.

–Destinos exóticos para nosotros, como Dubai. Pero repite mucho y para quien no repite le inventamos un nuevo destino. Por ejemplo, Cancún con la costa Maya incluido El Salvador. Ir a París ya no es algo tan atractivo como en otras épocas.

–Redondeemos con París.

–Años atrás había gente que te decía: “Quiero volver a París siete noches”. Lo mismo sucede con Tierra Santa, pasó. Hoy buscan cosas novedosas o con otro tipo de belleza, cultural, gastronómica. Cuando yo empecé, viajaba quien tenía dinero, hoy los viajes se han extendido a nuevos sectores sociales.

–No hay que ser millonario para salir, dice usted.

–Claro, hoy existe la necesidad de frenar y tomarse vacaciones. Por eso insisto con esto, el turismo no ha cambiado, se modificó la mentalidad de la gente con relación al turismo. Y hay una mayor accesibilidad económica a los viajes.

–¿Qué es lo que más le costó en su vida empresarial?

–La organización y logística de la empresa. Yo soy una vendedora innata, usted quiere ir a Ushuaia y yo lo mando a Río, a eso lo sabe todo Córdoba. Lo que viene haciendo Máriam es justamente lo que yo necesitaba.

–¡La mamá hablando de la hija!

–Pero es la verdad, organizó esta empresa en todo sentido.

–Aflojó la venta, ¿no?

–En los últimos días hubo chárters al Caribe que se frenaron, unos dicen que es por menor cantidad de ventas y otros porque existe un exceso de oferta a los mismos destinos, entonces no todos se llenan. Por ahí, deberían abrir el abanico porque hay muchas playas a donde ir: Perú, Colombia, Venezuela.

–En Perú hay playas hermosas.

–Pero claro, los cruceros son todos parecidos, el Caribe es el mismo moreno debajo de la misma palmera (risas). Entonces hay que poner valor agregado, dar algo distinto. Mire esto: el pasajero escribe mucho por SMS, llega al destino y manda un mensaje diciendo cómo está, describiendo el paisaje, estamos más comunicados.

–¿Brasil pasó de moda?

–Está caro y ya la gente no lo pide tanto. Otra cosa que llama la atención es el costo de los chárters. Cuando salieron, eran mucho más baratos que ir por línea regular, ahora es exactamente al revés. ¿Cuál es la gracia? ¿Pagar el doble para llegar más rápido?

–¿A qué lugar volvería, usted que dice no viajar tanto?

–Precisamente, a Miami, soy como Susanita (Giménez). Hablan español, hay playa, tiene buenos restaurantes, se pueden hacer compras y algún crucero. Hace poco estuve en Las Vegas, Los Ángeles y San Francisco, un destino para repetir.

–¿Y los destinos argentinos cómo están en la demanda?

–Para vacacionar en los destinos de punta el país tiene el gran problema de los altos costos internos. Una excursión de una tarde al glaciar Upsala cuesta mil pesos por persona, que equivale a una noche de hotel para dos personas en Miami. Deberíamos estar más a tono con los precios porque la gente sabe mucho y compara mucho.

–¿Cómo se integra una salida grupal?

–El grupo tiene unas 22 personas, entre ellas un representante de Himalaya. Todas las salidas se realizan desde el Aeropuerto Córdoba, viene mucha gente del interior y la edad promedio es de 40 años. En una próxima salida va a ir una niñita no vidente. Increíble.

–¿El Mundial de fútbol en Brasil llevará mucha gente?

–Es un despropósito ir al Mundial. ¡Cuesta 19 mil dólares por persona! ¿Brasil? Están locos. ¡Y ojo que yo vendí el Mundial de Sudáfrica, pero esto es una locura!

–¿Cómo fue el camino hacia las franquicias?

–A mí no me gustaba demasiado porque sentía que podían manipular la marca que yo hice. Pero, finalmente, aplicamos la misma filosofía que desde hace tantos años aplicamos en todas las áreas de la empresa, especialmente en el posventa. De cualquier modo, habrá límites, en Córdoba no más de cuatro y algo más en el interior.

Devoción 

Nombre. Laila Muhieldin.

Edad. 53.

Hijos. Ismael Mauricio y Máriam, ambos con ella en la agencia.

Empresa. Himalaya Viajes.

Empleados. 12 directos. Entre todas las bocas, hay cerca de 40 personas trabajando.

Ventas. 7.800 paquetes y 3.400 pasajes aéreos al año.

Dice su hija. "Tiene devoción por los clientes, los cuida mucho. Para trabajar es complicada, somos de dos épocas distintas, es cautelosa y hoy las decisiones son más rápidas. Pero nos complementamos".

Teléfono. (0351) 434-6337.

Web. www.himalayaviajes.com