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Una lesión con varias enseñanzas

El reciente traumatismo de la presidenta Cristina Fernández permite analizar cuestiones relacionadas con su cuidado físico, la situación de la salud pública y la importación de repuestos clave, que merecen respuestas adecuadas.

31 de diciembre de 2014 a las 12:01 a. m.
Una lesión con varias enseñanzas

La presidenta Cristina Fernández se recupera de un traumatismo que sufrió en El Calafate, lo que la obligará a una inactividad oficial por varios días. La sociedad argentina espera el pronto restablecimiento de la titular del Poder Ejecutivo, que tiene por delante en 2015 desafíos mayúsculos en la conducción de un inminente proceso electoral y de los asuntos económicos. No obstante, el hecho merece un análisis en profundidad para obtener las conclusiones necesarias sobre el episodio y generar los mecanismos de respuesta para este tipo de situaciones.Pese a los recientes cambios en la Unidad Médica Presidencial, surge con claridad que la jefa del Estado no tenía garantizado en su entorno un adecuado equipo asistencial para emergencias, en este caso una controlable fractura en el tobillo izquierdo. Los recientes problemas físicos que sufrió como consecuencia del intenso trabajo y del estrés que demanda la gestión presidencial obligan a plantear la necesidad de que la jefa del Estado se desplace con la garantía de una rápida y eficaz asistencia médica.Otro aspecto a considerar es el no funcionamiento del tomógrafo y del resonador del hospital público de Río Gallegos, lo que constituye un hecho gravísimo que echa por tierra el discurso oficial de la excelencia de la atención sanitaria por parte de los entes públicos. El tomógrafo permanece inactivo desde hace 18 meses por falta de pago a la empresa encargada de su mantenimiento, según la denuncia de un facultativo del establecimiento. A modo de cruel ironía, los médicos del mencionado centro de salud recordaron con una torta de cumpleaños la inactividad de esa aparatología. Además, aseguraron que en esa provincia se practica la medicina "como en la década de 1960".Como ha sucedido en otras actividades y hechos que la administración kirchnerista pretende resaltar en sus reiteradas cadenas nacionales, un simple traumatismo de la Presidenta puso negro sobre blanco las carencias de ese enjundioso relato y las limitaciones con las que se actúa en el sector público, pese a los millonarios fondos que se destinan a diversos programas.Es de suponer que esos recursos se gastan mal, o que, a través de la corrupción, terminan financiando la carrera personal de funcionarios que, pese a ser conocidos en sus pueblos originales como de humilde condición, gozan hoy de posiciones y bienes que les dan una situación económica más que desahogada.Por último, la falta de mantenimiento y la falta de repuestos e insumos es una situación general que se observa no sólo en los hospitales de Santa Cruz, sino en gran parte de los centros de salud del país. Las restricciones impuestas a los servicios que exigen el pago en dólares terminaron convirtiendo el arreglo de modernos aparatos en la clásica solución de los argentinos, sintetizada en la frase "lo atamos con alambre". Una simple quebradura, que será olvidada en un lapso de 45 días, obliga a reflexionar sobre las enseñanzas que deja el episodio, para bien de la Presidenta y de todos los habitantes de la Argentina.