Un juego demasiado peligroso
La insinuación del Gobierno nacional de que ingresará en algún tipo de “default”, para seguir negociando la deuda después del 31 de julio, puede implicar la repetición de experiencias negativas.
El Gobierno nacional no pudo ofrecer un discurso coherente para buscar una solución al fallo adverso del juez Thomas Griesa relativo a la deuda con los holdouts, también conocidos como fondos buitre. La presidenta Cristina Fernández y sus seguidores han gastado una enorme cantidad de energía en cuestionar y descalificar al magistrado estadounidense y a los acreedores.Es cierto que quienes invirtieron su dinero en los títulos públicos argentinos que quedaron fuera de los canjes oficiales de 2005 y 2010 compraron esos papeles en un valor muy inferior al real.Pero ese tipo de especulación forma parte no sólo del mercado financiero. Es visible, por caso, cuando alguien decide comprar un inmueble en un remate en la Argentina a precios muy por debajo de su costo normal.También esa especulación es comparable, entre otros ejemplos, con la actitud que tuvo el expresidente Néstor Kirchner cuando a mediados de 2009 decidió adquirir dos millones de dólares –reduciendo así las reservas del Banco Central– para preservar su patrimonio ante lo que consideraba posibles efectos negativos por el desarrollo de la crisis internacional en marcha.Por otra parte, la Argentina decidió colocar parte de sus bonos reestructurados en 2005 y 2010 bajo legislación de Estados Unidos, además de haber aceptado litigar ante el juzgado de Griesa, la Cámara de Apelaciones y, finalmente, ante la instancia de la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos.El Gobierno argentino debe encarar, entonces, una negociación que intente preservar la mayor parte del patrimonio nacional, sin generar derechos adicionales para quienes actuaron en los canjes mencionados, y que podrían demandar al país para exigir un trato similar al que ya lograron los fondos especulativos.Por contrapartida, en esta instancia judicial no tienen ningún valor las amenazas y descalificaciones a las que acuden los funcionarios nacionales. Asimismo, los daños que ocasionaría un eventual default administrado o técnico –como insinúan algunos miembros del Gobierno– serían altamente perjudiciales para el país.Basta recordar, simplemente, los millonarios proyectos de inversión que necesita YPF para explorar el gas y el petróleo descubiertos en la roca madre de Vaca Muerta, que aliviarían el enorme déficit en la balanza de pagos; las inversiones anunciadas por los miembros del Club de París, que aceptaron renegociar la deuda, y la provisión de insumos clave para la industria, que carecerá de financiamiento internacional.En lo que resta hasta el próximo miércoles, cuando deben concretarse los pagos a los tenedores de bonos de 2005 y 2010, sólo cabe esperar sensatez y cordura por parte del Gobierno nacional, para no repetir experiencias costosas en lo económico y con un impacto social negativo.

