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Un esperado regreso

La vuelta de la Presidenta a la actividad oficial es aguardada con expectativa por la sociedad, que espera una convocatoria al diálogo y a la unidad en los dos últimos años de su gobierno.

11 de noviembre de 2013 a las 12:01 a. m.
Un esperado regreso

La presidenta Cristina Fernández reasumirá desde esta semana la titularidad del Poder Ejecutivo, tras una prolongada ausencia que se inició el sábado 5 de octubre último, cuando se le detectaron un hematoma cerebral y problemas cardíacos menores.

Según los últimos informes médicos, la jefa del Estado se ha restablecido de ambas afecciones físicas, aun cuando su regreso a la actividad sea en forma paulatina. El retorno es de por sí una noticia que genera tranquilidad y alegría.

Esta posición mayoritaria de la sociedad espera, al mismo tiempo, que la Presidenta asuma una actitud conciliadora y de trabajo por la unión nacional y la búsqueda de consenso ante las urgencias que plantea la realidad. Más allá de minoritarios fanatismos, aquella es en definitiva la voluntad que expresaron al menos dos tercios de los votantes, quienes eligieron candidatos que se caracterizan por su predisposición al diálogo y la búsqueda de soluciones reales a los graves problemas que tiene la Argentina en materia de inseguridad, inflación y pobreza, todo ello en un marco del mayor consenso posible, para que las respuestas sean perdurables en el tiempo.

Los deseos sinceros de recuperación personal de la Presidenta y el pedido de que ella y su equipo de gobierno se concentren en las soluciones que demanda la sociedad son eje de los anhelos de millones de argentinos.

Pese a las buenas intenciones, no se observan desde el oficialismo señales de que la última parte de la gestión de Cristina Fernández esté encaminada hacia la dirección anhelada. Los últimos gestos a partir de la convalidación de la Corte Suprema de Justicia de los artículos más polémicos de la ley de medios sugieren lo contrario.

Los voceros kirchneristas y los medios paraoficiales, incluidos los programas de la televisión pública que olvidan respetar la regla de pluralismo que les exigió en su sentencia la Corte Suprema, parecen sugerir que ese dictamen convalida todos los atropellos cometidos por el Gobierno en nombre de principios que –en líneas generales–también apoya la sociedad.

El triunfo jurídico sepultó la derrota electoral y los mensajes que los ciudadanos enviaron a sus dirigentes cuando depositaron su voto. Diálogo, moderación, búsqueda de consenso, sobresalen en las personalidades más votadas del país, así como sus propuestas de avanzar en soluciones concretas a los problemas cotidianos. Los argentinos votaron por las soluciones que ofrecieron sus dirigentes y no por peleas estériles.

La propuesta de un grupo del kirchnerismo de “profundizar el modelo” no es otra que volver a un estilo de gobierno autoritario, de denigración del adversario político o de quienes no lo comparten, de avasallamiento a los derechos constitucionales y de desconocimiento de las instituciones en sus distintas instancias.

Nada está más alejado de la realidad que esta lectura, alentada y difundida por quienes pretenden perpetuar sus privilegios por encima de las necesidades de la sociedad, un cuarto de la cual –10 millones de argentinos– convive a diario con la pobreza, la miseria y la inseguridad extrema.