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Un buen ejemplo

Una investigadora de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) recibió una membresía de cinco años para integrarse a la Academia Mundial de Ciencias, institución que busca impulsar la ciencia en los países en desarrollo.

24 de julio de 2017 a las 12:11 a. m.
Un buen ejemplo
EVA ACOSTA. (La Voz / Archivo).

Una investigadora de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) recibió una membresía de cinco años para integrarse a la Academia Mundial de Ciencias, institución que busca impulsar la ciencia en los países en desarrollo.

Se llama Eva Acosta, tiene 40 años y es madre de dos hijos. Egresó de la UNC, donde ahora es docente, y realizó un posdoctorado en Suiza. Desde 2008, dirige su propio grupo de investigación, y su lugar de trabajo es el Centro de Investigaciones en Bioquímica Clínica e Inmunología.

Su campo de investigación se vincula con el análisis de los mecanismos de inmunidad que se activan durante una infección. Por ejemplo, el mal de Chagas. Pero también le interesan el cáncer y las enfermedades autoinmunes.

Creada en 1983, con el aporte de dos premios Nobel argentinos –Luis Leloir y César Milstein–, cada año la Academia Mundial elige a cinco científicos de América latina. Acosta integra, entonces, ese reducido grupo de privilegio.

Por supuesto, podría decirse que es un nuevo galardón para la ciencia argentina. Pero tal vez sea más importante subrayar la cuestión de género: al premio lo ha merecido una mujer que, además de ser una destacada científica, es madre.

La ciencia argentina pasa por un momento muy delicado. Desde la asunción de Mauricio Macri y la continuidad en el cargo de Lino Barañao, ministro de Ciencia y Tecnología de Cristina Fernández, se reabrieron las discusiones sobre las diferencias entre ciencia básica y ciencia aplicada o entre ciencias duras y ciencias sociales.

La verdad es que todas ellas son importantes para el desarrollo, de modo que todas deben recibir un importante apoyo estatal. Un país que anhela desarrollarse no puede recortar su presupuesto en ciencia y tecnología. Alguna vez hemos recordado aquí una histórica discusión en el parlamento de la India, a poco de que esa nación lograra su independencia.

Cuando sectores conservadores criticaron el presupuesto en ciencia bajo el argumento de que el país no podía darse el lujo de destinar tanta plata a los investigadores por el nivel de pobreza que existía, la respuesta de los sectores progresistas fue que la India no podía darse el lujo de no invertir en su desarrollo científico si quería sacar a toda esa gente de la pobreza.

Ahora es Argentina la que debe saber ubicarse en esa encrucijada.

Pero al mismo tiempo no se debe perder de vista la relativa marginación que al interior de la ciencia registran las mujeres. Acosta es un buen ejemplo de que la mujer puede concretar su anhelo personal vinculado con la maternidad sin menoscabar su responsabilidad como investigadora.