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Repudiable violencia sindical

Es inadmisible que las diferencias entre sindicatos se resuelvan a los tiros, como sucedió el lunes en Córdoba, por lo que la Justicia debe actuar con todo el peso de la ley.

25 de junio de 2014 a las 12:01 a. m.
Repudiable violencia sindical

Los hechos violentos protagonizados por grupos vinculados al servicio de higiene urbana de la ciudad de Córdoba pusieron otra vez en escena la tendencia de algunos sectores sindicales a dirimir a los palos las diferencias internas y sus ambiciones de poder. El motivo de los episodios registrados durante las primeras horas del pasado lunes quedó en un marco de confusión que deberá dilucidar la Justicia. Pero lo cierto es que dependientes de las prestatarias privadas Lusa y Cotreco se cruzaron con extrabajadores de esas firmas que presuntamente iban a hacer una "panfleteada" en el predio de operaciones ubicado en la zona sur de la capital provincial.Los enfrentamientos entre facciones sindicales antagónicas escribieron páginas luctuosas en la Argentina. Es por ello que la reiteración de este tipo de refriegas genera escozor en la sociedad, de por sí preocupada por la baja calidad de los servicios que brinda el Estado a cambio de impuestos cada vez más caros.El cuadro de situación que desencadenó los episodios del lunes (con un saldo de cuatros heridos) encuentra sus orígenes en una disputa de poder y dinero que tiene como protagonistas al Sindicato Único de Trabajadores de Recolección de Residuos y Barrido de Córdoba (Surrbac) y al gremio de los Camioneros.El Surrbac se despegó hace meses de la Federación de Camioneros, que lidera Pablo Moyano (hijo del jefe de la CGT nacional, Hugo Moyano), para pasar a militar en el kirchnerismo, lo que agitó esta espiral de violencia por la representatividad gremial y el manejo de la caja que suelen engordar los fondos de las obras sociales.Para ahondar aún más el malhumor de los vecinos, estas desavenencias se producen en medio de un proceso todavía incierto sobre el destino que tendrá el sistema de recolección de basura de la ciudad de Córdoba.Pueden ser legítimos los reposicionamientos en el manejo de las organizaciones gremiales (un hábito que tiene una dinámica particular en la dirigencia política), pero es inadmisible que las diferencias se resuelvan a los tiros.Nada justifica la violencia en una sociedad que fue estremecida por el horror de una dictadura militar y que guarda en la memoria los trágicos enfrentamientos que, aun en democracia, tuvieron como gestores principales a poderosos aunque desprestigiados caciques sindicales.Muchos gobernantes tienen su cuota de responsabilidad en la génesis de estos desmanes, en la medida que son propensos a cooptar a los gremialistas útiles a sus intereses políticos, sin medir las consecuencias que suelen quedar expuestas como la grave trifulca del pasado lunes.La Justicia, por su parte, debe tomar cartas en el asunto y poner en caja a los revoltosos. Es el justo reclamo de una sociedad harta de enfrentamientos, que pide vivir en paz.