Reparar la brecha social
La profunda herida social que dejaron al descubierto los saqueos producidos durante la crisis policial merece una atención especial por parte de autoridades y líderes de la comunidad cordobesa.
Los análisis posteriores a los graves saqueos que se produjeron en Córdoba durante el conflicto policial de esta semana se centraron en los costos políticos y económicos producidos entre el martes y el miércoles. Es imposible sustraerse de esas evaluaciones, pues los hechos fueron manifestación de una profunda crisis en la Policía y, además, dañaron aún más las relaciones entre las autoridades de la Provincia y las de la Nación. Es evidente que las diferencias políticas entre la administración de José Manuel de la Sota y el equipo de la presidenta Cristina Fernández se ahondaron. Y eso no es un buen augurio.Pero el análisis del estado de estas relaciones, además del impacto que provocó en el comercio local el daño a más de mil locales, no agota la evaluación de los hechos que sacudieron a la capital provincial en esas dos jornadas trágicas.El daño más grave es la rotura del tejido social entre quienes alentaron y provocaron los desmanes y los miles de perjudicados, así como la aparición de manifestaciones de marginalidad, frustración, deseos reprimidos y resentimiento, entre las expresiones más visibles de los actores principales, ya sean víctimas o victimarios.Los funcionarios podrán escudarse en que tales hechos y expresiones también fueron comunes en meses recientes en Bariloche, ciudad de enorme atracción turística, o que un vandalismo similar se observó en ciudades internacionales; tales los casos de Río de Janeiro, Brasil, tras multitudinarias protestas populares, y en varias poblaciones de Chile, luego de un devastador terremoto en la región central.Pero los graves sucesos locales merecen una respuesta a la pregunta de qué tipo de sociedad estamos incubando para que jóvenes delincuentes se dediquen a robar y a destrozar los locales comerciales que encontraron a su paso. Cabe interrogarse también de dónde surgieron tantas armas en manos de particulares, lo que pone de manifiesto que ciertos sectores están dispuestos a reaccionar de forma violenta, sin contemplaciones y fuera de la ley ante la inseguridad cotidiana que soportan en sus vidas.Los aterradores hechos merecen una evaluación serena y profunda por parte de autoridades y líderes sociales. Los aspectos más negativos de la condición humana afloraron en los robos y vandalismos contra desprotegidos comerciantes y sus familias u ocasionales transeúntes.Más allá de las culpas políticas que se lanzan de forma recíproca los gobiernos de Córdoba y la Nación, y de las indemnizaciones y ayudas económicas, se ha roto el tejido social de esta otrora progresista sociedad. Y todos deben trabajar para repararlo, para corregir las profundas desigualdades sociales insertas en la vida cotidiana y para avanzar en el progreso de la educación y la conducta social. Sin estos elementos, cualquier otra reparación será vana y superficial.

