Reconciliarse con el mundo
Cualquiera sea la decisión que tome la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos sobre la deuda argentina, el Gobierno debe encarar una reconciliación con el mundo financiero.
La Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos decidirá el 30 de septiembre próximo si acepta tomar el caso de la deuda impaga de la Argentina, que ha sido apelado ante esa instancia luego de dos fallos adversos por parte de tribunales norteamericanos.
Más allá de esa resolución, la Argentina ya anticipó que hará otras apelaciones con el objetivo de dilatar la aplicación del fallo del juez Thomas Griesa y de la Cámara de Apelaciones de Nueva York, los cuales ordenaron pagar en efectivo el capital y los intereses de la deuda que aún se encuentra en cesación de pagos y está en manos de fondos especulativos.
Las autoridades nacionales han calificado como injustos y peligrosos esos fallos que podrían implicar un default técnico, ya que el dinero que se destina a quienes sí aceptaron el canje de sus bonos en 2005 y 2010 podría resultar insuficiente para atender los nuevos pagos ordenados por los tribunales estadounidenses.
Ambas sentencias son potencialmente peligrosas para toda reestructuración de deuda en el futuro, pues cualquier tenedor podría no aceptar las nuevas formas de pago, porque siempre contará con los fallos de algún tribunal que va a ordenar que se le pague el valor nominal de la deuda, así como los intereses caídos desde que el país dejó de abonar sus obligaciones.
Tanto Estados Unidos como el Fondo Monetario Internacional habían respaldado en principio la posición de la Argentina, pero luego se produjo un viraje en función del acercamiento que exhibió la administración de Cristina Fernández con Irán.
Ante la posibilidad de que la Corte Suprema del país del Norte decida no asumir el análisis de un caso que ya tiene dos sentencias similares por parte de tribunales inferiores y, por ende, queden en vigencia los fallos comentados, la agencia de calificaciones Standard & Poor’s colocó a la deuda argentina en uno de los escalones más bajos en cuanto a su confiabilidad.
Esa nota es una condena para el Gobierno y los negocios del país, que ya están fuera del financiamiento formal del mundo, pese a que faltan multimillonarias inversiones para recuperar el atraso tecnológico y expandir la producción.
Argentina debe volver a los mercados globales del dinero para financiar su crecimiento, para lo cual será necesario encarar una solución definitiva con el Club de París, que reúne a los acreedores soberanos, y cumplir con las sentencias acumuladas ante el tribunal arbitral del Banco Mundial (Ciadi).
Serán sólo los primeros pasos de una señal de respeto a las deudas contraídas. Lo único que no puede hacer es mantener las posturas hostiles y las descalificaciones verbales a las que apelan en forma frecuente sus autoridades y funcionarios. Esta es la peor alternativa entre todas las estrategias posibles.

