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Negociaciones difíciles

Las conversaciones entre palestinos e israelíes representan un nuevo intento por lograr una paz duradera en la región. Y la esperanza del mundo es que esta vez vaya por el buen camino.

02 de agosto de 2013 a las 12:01 a. m.
Negociaciones difíciles

El inicio de nuevas conversaciones de paz entre palestinos e israelíes, en Washington, ha generado por estos días una expectativa que no puede eludir sensaciones encontradas. El sueño de la paz siempre esquiva en la región más caliente del mundo, por una parte, y el escepticismo de quienes, a lo largo de los años, han visto fracasar intentos anteriores por causa de una mutua intolerancia. Aun cuando, debe mencionarse, el contexto muestre diferencias con similares situaciones previas. La frase contenida en el documento que establece las condiciones y plazos para el diálogo, "tratar todos los asuntos y el estatus final", muestra a las partes mejor dispuestas en tiempos en que unos y otros buscan no ser arrastrados por el tren de la violencia que asuela a la región, con centro en Siria.Pero sería ingenuo olvidar que ni el mismo presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, ha querido aparecer en el primer plano de esta gestión, sabedor de que un nuevo fiasco lo tendría como principal damnificado. Lo mismo parece pensar el secretario de Estado, John Kerry, quien, con la clara intención de preservar su figura, cederá la función de mediador a Martin Indik. Se entiende la prudencia de unos y otros, conocedores del paño.No es poco lo que ambos bandos se juegan: a esta altura, la economía israelí paga el alto costo de una nación en estado de guerra desde 1948, con un presupuesto militar desmesurado. Y la Autoridad Nacional Palestina carece de la capacidad de articular un proyecto político viable, tensionada hacia adentro y hacia afuera por su relación con Israel y, sobre todo, porque su economía es sencillamente inviable sin una relación normalizada con su poderoso vecino.El optimismo de algunos bien podría sustentarse en dos datos centrales: hoy se asoma a la política israelí una generación que creció después de los conflictos que su país mantuvo con los estados vecinos. Y, de manera simétrica, una mayoría de palestinos sabe que no habrá progreso sin la estabilidad que proporciona una paz prolongada.Como contrapeso, debería computarse el volumen de los intereses que representa para Tel Aviv su enorme complejo militar-industrial y, del lado palestino, la refractaria postura de las organizaciones armadas que requieren del clima bélico como razón de subsistencia.El desafío es mayor, sin duda, y contiene ingredientes explosivos, como el fundamentalismo religioso de unos y otros, la intolerancia y hasta el racismo. La causa de la paz exigirá mutuas concesiones, pero nada se habrá avanzado si el resultado final no es el reconocimiento pleno de los derechos del Estado palestino y el cese del terror como herramienta. Los próximos nueve meses mostrarán, en todo caso, cuánto han aprendido las partes.