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Medidas irracionales

 La discusión de fondo sigue siendo con ese vasto sector de nuestra sociedad que día a día se siente defraudada al ver cómo se va perdiendo la guerra contra la irracionalidad. 

23 de noviembre de 2018 a las 12:51 a. m.
Medidas irracionales
(Archivo/ La Voz).

Desde el retorno de la democracia en 1983, Argentina lo ha probado casi todo, con los resultados conocidos y que sería ocioso recordar. Y en el mismo lapso y cual ejemplo categórico de que solucionamos nuestros errores abrazándonos a ellos, ahí está el problema perenne: Aerolíneas Argentinas.

Esos 35 años deberían haber sido más que suficientes para entender que no sabemos tener una empresa aérea de bandera, que no sabemos o no queremos administrarla racionalmente, que no podemos o que nos divertimos haciéndolo mal. Lo que sea, porque para explicar lo inexplicable todos los argumentos son válidos.

Pero sucede que, por primera vez en muchísimos años, la empresa redujo de manera notable los aportes del Estado que históricamente ha malgastado, a la vez que mejoraba su eficiencia, eso tras haber sido una caja negra destinada a fomentar el empleo improductivo y el tráfico de fondos oficiales con fines dudosos.

Ello, pese a que Aerolíneas se permite el lujo de tener su planta de personal sobredimensionada. Y a que el estado de conflictividad permanente no cesa.

Cabe preguntarse qué está hoy en debate en Aerolíneas Argentinas: ¿su achicamiento, su privatización, su cierre? Queda claro que no. Pero los siete gremios que operaron en las sombras como los verdaderos propietarios de una empresa a la que todos los ciudadanos nos obligamos a sostener argumentan siniestras conspiraciones que los impulsan a medidas de fuerza orquestadas por el clan Moyano, empeñado en eludir la acción de la Justicia a como dé lugar, sumado al cristinismo duro entregado a la práctica del “cuanto peor, mejor”.

Ya no se trata de debatir cuánto debe ganar un piloto, sino si los argentinos queremos tener una aerolínea estatal a tan alto precio. Por estos días y como rara excepción, se sancionó a más de 300 empleados que decretaron un paro sorpresivo, lo que debe ser saludado como un paso en la dirección correcta, porque alguien debe asumir las responsabilidades del desaguisado permanente.

Pero la discusión de fondo sigue siendo con ese vasto sector de nuestra sociedad que día a día se siente defraudada al ver cómo se va perdiendo la guerra contra la irracionalidad. Porque ella está triunfando, que no se dude.

El debate sobre público o privado pertenece a otro siglo, y allí está el caso uruguayo para corroborarlo: José Mujica, nada liberal, dijo que no derrocharía el dinero de sus compatriotas salvando una empresa aérea quebrada. Y esta desapareció.

Sin propugnar esa clase de soluciones debemos, sin embargo, preguntarnos si queremos pasarnos otros 35 años discutiendo el destino de Aerolíneas Argentinas.