La utilidad del debate preelectoral
El debate público televisivo entre candidatos es una herramienta útil para la democracia, por lo que rehusarse a participar deteriora la relación que une a los políticos con la sociedad.
El debate público es una de las principales herramientas que tiene a mano la ciudadanía para conocer y poder comparar las propuestas de los candidatos que aspiran a ocupar cargos ejecutivos o legislativos.
La confrontación de ideas entre los postulantes frente a las cámaras de televisión es una sana costumbre que se va extendiendo en la mayoría de las democracias consolidadas del mundo y que permite una comunicación directa entre los que aspiran a ser representantes del pueblo y quienes lo legitimarán, o no, a través del voto popular.
Tras las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (Paso) del pasado 11 de agosto, el país se encamina hacia las elecciones legislativas del 27 de octubre. Los cordobeses deberán sufragar ese día para elegir a los nueve diputados nacionales que asumirán el 10 de diciembre próximo.
Como viene sucediendo desde hace varios años, nuestro diario y Canal Doce han convocado a los cuatro principales aspirantes al Congreso de la Nación a participar en un debate televisado. Similar iniciativa puso en marcha la Universidad Nacional de Córdoba a través de sus Servicios de Radio y Televisión, aunque con una mecánica sólo expositiva, ya que la participación de los nueve postulantes torna complejas las réplicas y contrarréplicas.
Sin embargo, la idea de repetir la experiencia chocó esta vez con el rechazo de la lista oficialista de Unión por Córdoba, encabezada por Juan Schiaretti. Años atrás, el dirigente justicialista había protagonizado un momento histórico al participar del primer debate por TV en la provincia desde la restauración democrática, junto a los entonces candidatos a gobernador Luis Juez (Frente Cívico) y Mario Negri (UCR).
Si bien ahora Schiaretti ponderó este tipo de encuentros, a través de su comando de campaña dijo que prefiere no debatir en esta instancia, en función de que, a su juicio, “las propuestas de cada uno de los espacios políticos ya fueron ampliamente difundidas en ocasión de la campaña electoral de las Paso”.
Además de ser objetado por sus adversarios, los argumentos utilizados por el exgobernador al justificar su reticencia al debate resultan una verdad a medias. Una de las mayores críticas que recibieron los políticos en campaña antes de las Paso fue, precisamente, la falta de clarificación de los proyectos que tienen en carpeta para llevar al Parlamento nacional.
Además, por aquellos días, mucha gente estaba más ocupada en saber qué se votaba y cuál era la mecánica de las Paso que en concentrarse en las propuestas. Y un tercer elemento: técnicamente, los postulantes que se presentaron a esa instancia no eran candidatos sino precandidatos, pues debían superar el piso mínimo de votos y, en algunos casos (como el del propio Schiaretti), imponerse en la elección interna.
Hay antecedentes de candidatos de distinta militancia que fueron cuestionados por “dejar la silla vacía” en un debate preelectoral. Una pena si esto vuelve a suceder de cara al 27 de octubre. Rehusar el intercambio público de ideas deteriora aún más la endeble relación que une a los políticos con una sociedad sacudida por problemas de viejo arrastre, como la inseguridad, la inflación, la pobreza y el desempleo.

