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La transformación necesaria

Si no se admite que el problema es grave, y que el único punto de partida es la instauración de una férrea frontera que separe a los delincuentes de los policías, aumentar el presupuesto es un gesto inútil. Ahora se robaron una escopeta de una comisaría: un policía sancionado

15 de febrero de 2017 a las 12:51 a. m.
La transformación necesaria
ESCOPETA.“Falta la escopeta. Se trata de una Escort que habría sido llevada desde adentro", explicó Ana Becerra, titular del Tribunal de Conducta Policial. (LaVoz/Archivo) (Imagen ilustrativa)

La crisis que afecta a la Policía de Córdoba no se detiene. La repentina proximidad entre un hecho y el siguiente puede ser una triste coincidencia. Aun así, no deja de ser preo­cupante el cuadro general que configura la sumatoria de episodios.

Un subcomisario que se desempeñaba como jefe de investigaciones en Villa Allende está detenido por el asalto a una vivienda de la ciudad de Córdoba; la hipótesis que sostiene la causa judicial es que él integraba o lideraba el grupo de ladrones. En ese contexto, a las autoridades no les quedó otra opción que despedir al jefe de Investigaciones Criminales.

Un cabo primero de La Calera está imputado por el presunto delito de encubrimiento del violador serial, recientemente detenido. Se estima que podría haber al menos dos policías más implicados en el mismo hecho.

Por cierto, hasta que este diario no informó sobre el caso, el Gobierno provincial no supo de la existencia de un violador que en seis meses había atacado al menos seis veces. Por supuesto, la Jefatura de la Policía lo sabía, pero actuó como si el tema no fuera importante.

Además, con escasa diferencia de días, un miembro de la Departamental Santa María (Alta Gracia) fue detenido acusado de haber abusado de una joven en un boliche de Carlos Paz.

Otro cabo, con asiento en la ciudad de Córdoba, está detenido por la denuncia de un familiar suyo, quien declaró que el agente lo quería obligar a salir a robar para él. En el allanamiento de la vivienda del oficial, se incautaron varias armas con la numeración limada, práctica habitual en el mundo del crimen.

Ahora, casualmente, desapareció una escopeta con sus respectivos cartuchos de una comisaría del sur de la Capital provincial. La investigación hace recaer las sospechas en el personal, ya que no hay puertas ni vidrios rotos. Los memoriosos recordarán sucesos semejantes, lo que indica que las armas oficiales suelen perderse con cierta regularidad.

Estamos frente a un círculo vicioso al que nadie parece encontrarle la salida. A principios de este mes, al iniciar las sesiones ordinarias de la Legislatura, el gobernador Schiaretti prometió más controles internos, más policías, más inversiones. Nadie puede estar en contra de esos objetivos. Pero si no se admite que el problema es grave, y que el único punto de partida es la instauración de una férrea frontera que separe a los delincuentes de los policías, aumentar el presupuesto es un gesto inútil.

“Deben ingresar policías con vocación, capacidad y honestidad”, dijo el gobernador. Esos valores ya no son respetados por quienes ingresaron hace tiempo. Ahí está, entonces, la clave de la transformación necesaria.