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La desmesura del general

La Presidenta o el ministro de Defensa deben poner freno a la generosa agenda de fiestas que ha programado el comandante en jefe del Ejército para lo que resta del año.

05 de junio de 2014 a las 12:01 a. m.
La desmesura del general

El teniente general César Milani viene ocupando grandes espacios en los medios de comunicación por situaciones ajenas a su función específica como jefe del Estado Mayor del Ejército. No se trata de referencias elogiosas a su desempeño militar, ni mucho menos. Desde que la presidenta Cristina Fernández lo designó como titular del Ejército, en junio de 2013, Milani quedó enredado en graves acusaciones por su presunta participación en casos de violaciones a los derechos humanos durante la dictadura militar.Luego, un grupo de legisladores de la oposición lo denunció en la Justicia por supuesto enriquecimiento ilícito, a raíz de que el crecimiento desmesurado de su fortuna no se correspondería con el sueldo que cobra del Estado.Con esos antecedentes para nada auspiciosos, otra mancha negra se acaba de agregar a la foja de servicios de este polémico militar: su inclinación por la ostentación en la organización de fiestas y agasajos –en algunos casos, para miles de personas– con fondos públicos.Informaciones periodísticas recientes dicen que el jefe del Ejército tiene en agenda para los próximos meses una serie de costosas fiestas, comidas en restaurantes de primera línea en los barrios porteños de Puerto Madero y San Telmo, festivales de tango y banquetes en hoteles cinco estrellas con cubiertos que orillan los 1.300 pesos por comensal.Frente a este escenario dispendioso, asoma el primer gran interrogante: ¿quién tiene que poner freno a la opulencia de Milani? Y hay dos respuestas a la vista: como jefe del Ejército, tiene una subordinación directa a la Presidenta y, por añadidura, al ministro de Defensa, Agustín Rossi.Resulta chocante que Milani esté al frente de una fuerza militar aquejada por un módico presupuesto que no permite el debido reacondicionamiento de materiales, ni siquiera para la instrucción de sus efectivos, y que, por otro lado, cierre contratos de catering que incluyen caviar negro.Como antecedente cercano, hay que apuntar que Milani se vio forzado a suspender la fastuosa fiesta que había ideado con motivo de la celebración del Día del Ejército, el pasado 29 de mayo, con un costo de casi un millón de pesos. Esta decisión se tomó desde la Casa Rosada sólo porque el escándalo en ciernes había sido divulgado por la prensa.¿Habrá una directiva similar tendiente a tumbar la generosa agenda de parrandas que tiene Milani para este año?No sólo las Fuerzas Armadas se han tenido que amoldar a la estrechez presupuestaria que demanda la economía del país; también millones de ciudadanos sufren los efectos de la pobreza y el desempleo, entre otras carencias. Por ello, las malas artes de Milani irritan y ameritan ser investigadas.