Iglesia y sociedad
La Iglesia Católica hace bien en tratar de convencer a través del diálogo y de no mostrarse -sin renunciar a sus principios- con una posición cerrada o inflexible sobre el tema de los valores.
E n la reciente reunión del Episcopado Argentino, se planteó un tema muy preocupante: el alejamiento de la Iglesia Católica de la sociedad, que se puso de manifiesto durante el debate legislativo sobre el matrimonio homosexual y el que se insinúa sobre otro tema muy controvertido -el aborto-, cuyo tratamiento están impulsando algunos legisladores y funcionarios y que ya fue motivo de un pronunciamiento a favor por parte del consejo superior de la Universidad Nacional de Buenos Aires.
Éste es, sin duda, uno de los aspectos que más inquieta a los obispos, ya que existen algunos sectores católicos, aunque minoritarios, que tienen una posición favorable sobre ambos temas, o al menos más flexible que la de la jerarquía católica. Precisamente, una de las cuestiones que fue tratada en la reunión comentada es que la Iglesia no puede aparecer ante la sociedad con una actitud cerrada o conservadora y que debe tratar de renovar su lenguaje, ello sin renunciar a sus convicciones más profundas.
En realidad, para ser justos, hay que decir que la Iglesia no está separada de la sociedad sino que hay temas, como el reconocimiento a las parejas entre personas del mismo sexo o el aborto, que atraviesan y dividen horizontalmente a toda la sociedad, incluidos los sectores católicos y los fieles de otros credos, como evangélicos, judíos, ortodoxos o musulmanes.
Respecto de otros temas -como la lucha contra la pobreza y la desigualdad social y la defensa de la cultura de trabajo-, la postura de la Iglesia Católica tiene, en cambio, un amplio consenso. Y en materia de canalización de la ayuda social, todos reconocen el papel fundamental que ha jugado siempre Cáritas Argentina, una institución de la Iglesia Católica destinada a socorrer a los más necesitados.
El debate está planteado, entonces, respecto del tema de los valores, no sólo en la Argentina sino también en la mayoría de los países del mundo. En España fue sancionada hace cinco años una ley que autoriza las uniones civiles homosexuales, aunque sin darles jerarquía de matrimonio, y recientemente se aprobó una ley de despenalización del aborto, similar a la que rige en la mayoría de los países europeos, aunque con la cláusula de la objeción de conciencia.
No se trata de temas exclusivamente de valores, que tienen que ver con la moral, la religión o la concepción de la familia, sino que responden a necesidades sociales, que en el caso de los embarazos no deseados -por caso- puede derivar en abortos clandestinos. Hace bien la Iglesia Católica argentina en no aparecer ante la sociedad con una posición demasiado cerrada e inflexible, ya que de lo que se trata ante todo es de convencer, y no de imponer. Sin apartarse de sus principios, es necesario que sume consensos en la búsqueda de respuestas para los temas más acuciantes de la realidad.

