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El dilema del petróleo

La concesión del yacimiento petrolífero de Libra en Brasil actualiza un debate sobre recursos energéticos imposibles de explotar sin capital extranjero y aplicable al caso de Vaca Muerta.

26 de octubre de 2013 a las 12:01 a. m.
El dilema del petróleo

La decisión brasileña de encarar la explotación del yacimiento petrolífero de Libra junto a un conglomerado de fuertes jugadores internacionales del rubro actualiza una de las discusiones no zanjadas que los países en vías de desarrollo reeditan de tiempo en tiempo.

Ella alude, justamente, a las concesiones que los países ricos en materia prima pero pobres en infraestructura pueden formular en aras de una producción que requiere de capitales siderales. Libra, frente a las costas de San Pablo, podría entregar en los próximos años 1,4 millón de barriles diarios de petróleo, un volumen capaz de garantizar el flujo de combustibles fósiles por décadas.Sin embargo, su desarrollo requiere de inversiones a largo plazo, con fondos que se miden por miles de millones y una compleja infraestructura que incluye la puesta en marcha de numerosas plataformas petroleras.Se trata de un negocio formidable, aunque nada simple, que pone a prueba la capacidad de inversión, aun de países que ya se cuentan entre las economías más poderosas del mundo.Allí es donde radica el interés del modelo propuesto por el gobierno de Dilma Rousseff a los inversores, una sociedad en la que participan una compañía holandesa, una francesa y dos chinas, en proporciones del 20 por ciento para las primeras y del 10 por ciento para cada una de las segundas; con lo que Petrobras, la firma estatal, recibirá el 40 por ciento del excedente producido, deducidos los costos. Las cifras anuales de ingresos para el vecino país, una vez comenzada la explotación, serán formidables.De todos modos, ello no ha impedido el fuerte rechazo de sectores que ven este acuerdo como una suerte de resignación de la soberanía energética y rechazan de plano la presencia de las multinacionales en el sector, un rechazo que se asienta tanto en disquisiciones ideológicas como en la historia de numerosos expolios sucedidos en el mundo, en los que los gigantes del negocio tuvieron participación activa.No es, como puede apreciarse, una discusión fácil de zanjar, pero Brasil parece haber encontrado una suerte de camino intermedio, en el que se conjugan una fuerte dosis de realismo y una participación estatal igual de fuerte. Lo que nos lleva, inevitablemente, al caso argentino.Los vaivenes de la nuevamente estatal YPF y los acuerdos realizados para la explotación de Vaca Muerta contrastan, precisamente, por las contradicciones entre el discurso y las medidas adoptadas en la materia y, en particular, porque en Argentina esa discusión no se ha dado en profundidad y los acuerdos firmados no lo han sido a la luz pública. Todo lo cual habilita a suponer que las concesiones hechas no guardan proporción alguna con las promesas de inversión recibidas. En resumen, casos similares pero resultados diferentes.