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Docencia republicana

La reanudación de las tareas del Congreso Nacional se produce en una instancia decisiva para la recuperación del federalismo y del saneamiento institucional.

01 de agosto de 2010 a las 12:01 a. m.
Docencia republicana

El reinicio de la actividad en el Congreso Nacional, tras un receso innecesario e inconveniente, supone un desafío inusual para los legisladores. Es que ya no se tratará de las desgastadas disputas por mayorías en despachos de comisiones y recintos. Se tratará, nada más y nada menos, de refundar el sistema federal, arrasado por el kirchnerismo, y de devolver a provincias y municipios su autonomía, malvendida y peor comprada por el oficialismo.

La agenda de temas por debatir es amplia y de fuerte contenido económico y social. Abarca desde el reconocimiento a jubilados y pensionados del 82 por ciento de los haberes en relación con el salario mínimo, vital y móvil hasta la restitución de cierta racionalidad y justicia en el esquema de las retenciones, y mayor equidad aun en la coparticipación federal, pasando por la impostergable contención al Poder Ejecutivo de su tendencia a usurpar, mediante decretos de necesidad y urgencia, funciones que competen al Parlamento, en forma indelegable. Además, de la necesaria modificación del Consejo de la Magistratura para que sea un órgano de jerarquización en la selección de los jueces y no de presión indisimulada del kirchnerismo.

Virtualmente, hemos ingresado en un año electoral y cuanto hace o deja de hacer el Gobierno es proselitismo crudo y duro. Todo el poder de su llamado "modelo" (basado en el dominio abusivo de la "caja") le es necesario, más que nunca, para mantener y acrecentar su hegemonismo sobre provincias y municipalidades.

Según su peculiar concepción del libre juego de las instituciones, gobernadores e intendentes deben transformarse en operadores de su verticalismo.

Por cierto, los gobernadores e intendentes que no sigan las líneas trazadas desde la Casa Rosada y Olivos padecerán las consecuencias presupuestarias de su rebeldía. Un ejemplo: la provincia más beneficiada en obra pública, aunque no la más necesitada, es Santa Cruz.

La oposición sólo tiene clara, por momentos, una misión: oponerse. Bien está que así sea, porque, como decía Winston Churchill desde la cima del poder, "el deber de la oposición es oponerse". Logrará unirse para sancionar leyes que limiten la acumulación de poderes que hoy legitima cualquier arbitrariedad, aun sabiendo que el Poder Ejecutivo ejercerá luego su derecho a vetarlas.

Pero esa posibilidad no puede ni debe apartarla de su misión de hacer docencia republicana. Que no otra cosa es cada debate, en la medida en que se desarrolle con fundamento y decoro. Así, las leyes que sean vetadas no serán fracasos, porque dejarán cada vez más al desnudo una concepción impregnada de autoritarismo y de pasión por el pensamiento único, que llevó al kirchnerismo a una administración plagada de subsidios y descontrolado gasto público, en ambos casos saturados de indisimulable electoralismo.

Pero es vital para el saneamiento de la República que el Congreso recobre su misión de docencia cívica; su rejerarquización como poder del Estado se dará, entonces, por añadidura.