Controlar las conductas riesgosas
El problema de la falta de control del exceso de velocidad en la ciudad de Córdoba debe ser solucionado lo antes posible por la Municipalidad, responsable de que las normas viales se respeten.
En las calles de Córdoba, no se controla la velocidad de los vehículos porque la Policía de Tránsito municipal no dispone de los equipos necesarios, aunque hace unos 15 años los tenía y los usaba. En estos tres lustros, la cantidad de autos y de motos ha crecido de manera vertiginosa, del mismo modo que ha aumentado el número de siniestros viales.Que por falta de control el exceso de velocidad sea una de las infracciones más comunes, habla muy mal de nosotros mismos. Pero el resultado también es negativo si recordamos qué sucedió cuando se pretendió controlarlo en Córdoba.En la década de 1990, se pusieron en práctica dos alternativas. Una fue la colocación de lomadas y serruchos, que obraban como reductores de la velocidad porque activaban en los conductores un curioso mecanismo de protección del vehículo: como pasarlos a alta velocidad aumentaba la posibilidad de dañar el auto o la moto, optaban por andar más despacio durante esos pocos metros, sin tener en cuenta que los reductores habían sido colocados en lugares estratégicos relacionados con la circulación de peatones. Es decir, disminuían la velocidad para no dañar algo de su propiedad, no porque correspondiera para brindar mayor seguridad a los demás.La otra vía de control fueron los radares pistolas y las pistolas con fotos, que permitían obtener una imagen del vehículo con datos sobre la velocidad a la que circulaba en ese preciso momento. Por los absurdos debates que provocaron estos últimos y porque hasta se recurrió a la vía judicial para impugnarlos, se llegó al extremo de afirmar que con su uso se invadía la privacidad del infractor, quien podía ser fotografiado, por caso, en las inmediaciones de un hotel alojamiento. Por si no queda claro, una supuesta urgencia erótica no puede estar por encima del bien común de la sociedad.Desde entonces, no se hace nada por controlar la velocidad, aun cuando la tecnología ha avanzado lo suficiente como para que hoy existan muchas ciudades similares a Córdoba con sistemas de control electrónico, como cámaras y radares, que funcionan las 24 horas, los siete días de la semana, sin que sea necesaria la presencia de un agente municipal en el lugar.Además, esos sistemas no sólo controlan el exceso de velocidad, sino que registran otras infracciones, de modo que su existencia sirve para combatir casi todas las transgresiones a las normas de tránsito.La sociedad argentina es tan poco respetuosa de la norma que se vuelve imprescindible que las autoridades pongan entre sus prioridades de gestión el control de las conductas ciudadanas que generan situaciones de riesgo para los bienes y la integridad física de los demás. No sólo serviría para estimular una cultura de la legalidad, sino que nos cuidaría de nosotros mismos.

