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Bondades y riesgos de las redes sociales

Construir una actitud participativa y de autorregulación es una tarea imperiosa que debe realizarse defendiendo la neutralidad de la Red, desde el paradigma de la libertad con responsabilidad.

10 de mayo de 2010 a las 12:01 a. m.
Bondades y riesgos de las redes sociales

Cada vez que una nueva tecnología aparece, el uso que la gente hace de ella se debate en un campo de batalla entre el bien y el mal. La masificación de la red Internet no podía escapar de esa ambivalencia. Su contribución a la globalización del conocimiento, de las actividades económicas y a las relaciones individuales y colectivas es tan innegable como invalorable. Sin embargo, el ciberespacio también está regido por las contradicciones de la naturaleza humana.

Del mismo modo que ocurre en el mundo físico, en la Red se despliega un amplio espectro de conductas nocivas, ilegales o socialmente reprochables. Desde las aborrecibles redes de pedofilia que operan a partir de ella y los secuestros orquestados por delincuentes que se aprovechan del rastro digital de sus víctimas, hasta la "chupina" masiva convocada por mendocinos -rápidamente imitada por los jóvenes cordobeses-, despierta sorpresa y preocupación. En los últimos años, la proliferación de redes sociales como Facebook, Twitter, MySpace o LinkedIn, ha servido maravillosamente en situaciones de tragedias y emergencias; por ejemplo, en el reciente terremoto registrado en Chile. Pero, al mismo tiempo, se ha transformado en vehículo de difamación y hostigamiento, como el sufrido por una niña de 10 años cuyos compañeros se disputaron en bandos, algunos para "odiarla" y otros para "defenderla" en Facebook. Por cierto, no es posible generalizar, porque el universo de navegantes es muy variado.

La red social también ha servido para que un joven de 23 años pudiera reencontrarse con su madre biológica en una plaza de Córdoba; en ella circulan magníficas campañas solidarias, auténticos ejercicios de ciudadanía (más de 45 mil cordobeses lo hicieron contra Epec en los apagones de enero) y convocatorias tan masivas, creativas y entusiastas que cualquier político envidiaría.

El fenómeno llama la atención por su novedad, pero más importante aún es advertir que en el devenir digital de la vida está naciendo una nueva cultura y una nueva sociedad. Asistimos a la creación de un tercer lugar entre el mundo público y el mundo privado, en el que por primera vez la vida social se hace visible on line . Allí, actúan ciudadanos más vigilantes y activos, pero también individuos y grupos perversos. Gobiernos y ciudadanos se ven enfrentados con un problema que no tiene fácil solución para contener o evitar excesos. Imponer censuras -como las vigentes en China y en Cuba- repugna a la mentalidad democrática. Y crear una cultura de autolimitación es igualmente difícil, porque no existe en las currículas educativas un programa que ayude a construir una actitud participativa y de autorregulación. Es una tarea imperiosa que debe realizarse defendiendo la neutralidad de la Red, desde el paradigma de la libertad con responsabilidad. Desde la apertura y no desde el control.