A 15 años de Srebrenica
La masacre contra miles de bosnios musulmanes a manos de criminales serbios es una herida que tarda en cerrarse en el corazón lastimado de Europa.
Han pasado 15 años de la horrenda matanza perpetrada por los serbios en Srebrenica (Bosnia), donde 8.732 musulmanes bosnios fueron asesinados en un campo de refugiados, ante la pasividad de fuerzas de Holanda apostadas precisamente para proteger la vida de quienes huían de la operación de "limpieza étnica" lanzada por el dictador Slobodan Milosevic.
Las víctimas, en su gran mayoría ancianos, mujeres y niños, fueron ultimados mediante un disparo en la nuca o, para ahorrar proyectiles, sus cráneos fueron destrozados con barras de acero. Como las SS en los campos de exterminio de Polonia y Rusia, los oficiales del ejército serbio filmaron y fotografiaron sus crímenes.
Pasaron 15 años de aquella masacre, que se extendió entre el 11 y el 16 de julio de 1995, y algunos de los planificadores del exterminio pagan ahora su culpa, como lo hizo Milosevic, condenado a prisión perpetua por el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia, por haber planificado el asesinato de más de 200 mil musulmanes en Croacia (1991-1995), Bosnia (1992-1995) y Kosovo (1998-1999). Se suicidó en 2006 en la cárcel de alta seguridad de las Naciones Unidas en Scheveningen, Holanda, donde seis días más tarde se quitó la vida Milan Babic, ex líder serbio de Croacia, que cumplía una pena de 13 años.
En octubre de 2008 fue capturado Radovan Karadzic, jefe de la República Serbia de Bosnia, uno de los principales verdugos que permanecía prófugo, bajo la protección de los sucesivos gobiernos serbios, pero la presión mundial obligó a entregarlo y comparte ahora la reclusión con otros 74 acusados.
Sin embargo, sigue en libertad Ratko Mladic, jefe militar de los serbios de Bosnia, un psicópata que se creía Dios y sobre quien pesan órdenes internacionales de captura, Belgrado no lo entrega. En la capital serbia se conocen a la perfección sus refugios y las identidades falsas que se le proveyeron. Por esta impunidad, organizaciones de derechos humanos de diversos países denuncian que la Unión Europea concede a los genocidas un trato más benigno que el que se dio a los nazis, tan criminales como los serbios reclamados.
Sólo en ese clima de inconcebible tolerancia frente al genocidio puede entenderse que Karadzic, actualmente juzgado en La Haya por ese delito de lesa humanidad, fuese condecorado el sábado 10 por el Partido Democrático Serbio en vísperas de la conmemoración de la tragedia de Srebrenica.
Peor aún: el 5 de diciembre de 2006, el gobierno de Holanda condecoró a los jefes del batallón holandés de infantería Dutchbat III, responsables de la protección del campo de refugiados, que permitieron el ingreso de Karadzic y sus verdugos y durante cuatro días nada hicieron para detener la peor matanza registrada en suelo europeo en la segunda posguerra. La impunidad debe terminar.

