Video. Viajó 6.000 kilómetros desde Brasil y gastó todos sus ahorros para ver a Belgrano
Vive en Natal, sacó los pasajes horas antes y llegó a Córdoba para la final entre Belgrano y River en el Kempes.
El aeropuerto de la ciudad de Córdoba se transformó en el epicentro de una movilización poco habitual. Por la final del Torneo Apertura 2026, en la que Belgrano enfrentará a River en el estadio Mario Alberto Kempes, cientos de hinchas regresan desde distintos puntos del mundo. Entre las historias de sacrificio y fervor, sobresale la de Fabricio Rodríguez, un cordobés radicado en Natal, al norte de Brasil, que decidió jugarse su economía por un sueño.
Un viaje de 6.000 kilómetros impulsado por el sentimiento
Fabricio vive frente al mar, en el nordeste brasileño, y recorrió unos 6.000 kilómetros para estar presente en la final.
La decisión no tuvo planificación previa: fue un impulso de último momento, marcado por el temor de quedar al margen de una cita histórica. Según contó al llegar, sacó los pasajes apenas seis o siete horas antes de viajar, ya que hasta el día anterior no pensaba venir.
“Casi quemé todos los ahorros”, dijo con emoción al pisar suelo cordobés. El hincha reconoció que, después del partido, deberá volver a Brasil y “empezar a trabajar todo de nuevo” para recuperar lo invertido.
El contraste climático también se hizo sentir, pero el frío quedó en segundo plano frente a la ilusión: “Que valga la pena, hermano”.
Piratas por el mundo, una red que no para
La historia de Fabricio no resulta una excepción. El fenómeno se sigue de cerca en el grupo de WhatsApp Piratas por el Mundo, una comunidad que reúne a hinchas del Celeste que viven en distintos países.
El movimiento en el aeropuerto cordobés refleja esa red global, con socios que viajaron desde destinos tan lejanos como Nueva Zelanda y Dinamarca para alentar al club.
Una final con clima de epopeya
El partido del domingo frente a River no es uno más. La final se jugará con ambas parcialidades en el Kempes, un condimento que elevó la expectativa al máximo.
Para Fabricio y tantos otros que cruzaron océanos y fronteras, el resultado es incierto, pero la lealtad a los colores ya dejó su marca. Como resumieron sus amigos, entre abrazos y lágrimas: “Está reloco, pero ya sabíamos que iba a venir”.

