Legado. El último Messi: la despedida que ya empezó en la selección argentina

Lionel Messi ya ganó todo, pero eligió seguir. El Mundial 2026 aparece como un bonus track en una historia perfecta… y también como el inicio del final más difícil de asumir.

31 de marzo de 2026 a las 11:03 p. m.
Hernán Laurino
Hernán Laurino
Enviado especial a Buenos Aires
El último Messi: la despedida que ya empezó en la selección argentina
Lionel Messi en el partido entre Argentina vs. Mauritania, en la Bombonera.

No hay un Lionel Messi que juegue para siempre. Y cuando Lionel Scaloni, el entrenador de la selección argentina, lo dijo, no estaba descubriendo nada: estaba preparando el terreno.

Porque todos lo sabemos, aunque no queramos decirlo en voz alta.

Estamos viendo al último Messi. Al menos, al de la Selección.

Y esa es, justamente, la parte más difícil de explicar de su carrera.

Porque su historia en FC Barcelona de España es perfecta para un cuento: el chico que no podía crecer, que se va de su casa, que la rompe, que gana todo, que se hace figura mundial y gana todos los títulos existentes. Solo le faltó una despedida a la altura.

Pero con la Selección fue otra cosa. Fue sufrimiento. Fue incomodidad. Fue injusticia.

Lo silbaron. Perdió finales. Dudaron de él. Renunció. Volvió.

Y después ganó todo.

La Copa del Mundo de Qatar no fue solo un título: fue un cierre. Un punto final perfecto.

ARCHIVO | Lionel Messi en el último partido de local por Eliminatorias.
ARCHIVO | Lionel Messi en el último partido de local por Eliminatorias. (Clarín)

Por eso el Mundial 2026 aparece como un bonus track. Uno que no hacía falta, pero que existe porque a Messi todavía le queda algo más.

No estamos viendo el final de un jugador. Estamos viendo el final de una época.

Mientras tanto, el rosarino sigue compitiendo a su ritmo y a su manera con el Inter Miami en Estados Unidos, a donde ahora será más local que nadie en el país norteamericano.

Mientras tanto, muchos ya lo están esperando. Los mismos que nunca lo quisieron del todo. Los que, si las cosas no salen, volverán con el libreto de siempre: que camina, que no lidera, que ya no es el mismo.

Y claro que no es el mismo. Pero sigue siendo Messi.

Este martes, ante Zambia, dejó otra muestra clara. No desde la explosión, sino desde la inteligencia. Desde el saber cuándo y cómo. Desde la jerarquía que no envejece. Desde esa zurda que son pinceladas o puñales, según él elija.

En el Mundial podrá ser decisivo. En momentos. En detalles.

No va a poder solo. Nadie puede. Pero tampoco necesita hacerlo.

Después vendrán los homenajes. Las despedidas. Los estadios llenos diciendo gracias.

Y aparece esa fantasía hermosa: verlo con la camiseta de Newell's Old Boys, cerrando el círculo donde empezó todo, salvándolo (quizá) del descenso. Como si el fútbol, por una vez, decidiera ser justo.

Entrenamiento de la selección argentina en el predio de Ezeiza. Lionel Messi.
Entrenamiento de la selección argentina en el predio de Ezeiza. Lionel Messi. (AP)

Sería un final de película. Pero antes de todo eso, hay algo más difícil.

Acostumbrarse.

Acostumbrarse a una Argentina sin Messi. Entender que hay que soltar.

Porque ya cargó demasiado. Y porque, aunque no queramos, el fútbol también aprende a seguir sin sus dioses.