Humor. Travesías insólitas rumbo al Mundial: un aladeltista que llegó tarde y un monociclista que llegará en 2068

Historias de fanáticos sudamericanos que eligieron medios de transporte extremos para seguir a sus selecciones: uno cruzó el Atlántico en ala delta y otro pedalearía durante décadas para alcanzar su destino.

03 de julio de 2026 a las 02:40 p. m.
Travesías insólitas rumbo al Mundial: un aladeltista que llegó tarde y un monociclista que llegará en 2068
Chumbi.

El Mundial de América del Norte sigue a pleno: los partidos no se detienen y tampoco el flujo de hinchas que arriban a la Copa en medios no convencionales, como fue el caso de los ciclistas argentinos que pedalearon 17 mil kilómetros hasta Kansas para alentar a la Scaloneta. Sin embargo, otros fanáticos que optaron por medios de traslado exóticos no llegaron a tiempo para la ceremonia inaugural y algunos todavía ni siquiera arribaron a suelo mundialista, al punto de que su ubicación en algún punto del continente o del planeta es absolutamente incierta.

Uno de los últimos arribos a suelo de Estados Unidos por medios asombrosos es el del aladeltista uruguayo Heber Jefferson Suárez, quien a principios de junio se lanzó al aire desde el faro de Cabo Polonio con el objetivo de aterrizar a mediados de mes en el campo de juego del estadio de Miami Gardens y así no solo estar en el partido debut de Uruguay frente a Arabia Saudita, sino también ingresar gratis, ya que al bajar desde las alturas evitaba el molesto y oneroso trámite de las boleterías.

Sin embargo, las complicaciones lógicas de un vuelo sin motor de 7.300 kilómetros, que depende de las corrientes de aire, mantuvieron a Heber Jefferson en suspensión durante 34 días, ya que arribó a suelo americano el pasado 2 de julio. Al describir su aventura, el intrépido oriental relató que las dificultades comenzaron ya en el sur de Brasil, cuando una fuerte corriente proveniente del continente lo impulsó como una flecha hacia el Atlántico, al punto de que recién pudo controlar su ala delta, de color celeste, frente a las costas de Angola.

Dos semanas le llevó retomar el rumbo, pero al internarse en el Triángulo de las Bermudas volvieron los contratiempos, ya que fue interceptado por una escuadrilla de platos voladores que patrulla el sector y obligado a ingresar en una nave nodriza, donde los alienígenas lo sometieron a una serie de estudios y le practicaron una vasectomía antes de liberarlo. Finalmente, cuando se aproximaba a Miami, fue detectado por los radares de la Guardia Costera y el nutrido fuego antiaéreo lo obligó a realizar un rodeo por los cielos del golfo de México e ingresar al país por Nueva Orleans, donde las defensas de Estados Unidos tienen un punto ciego.

Respecto de cómo se alimentó durante tantos días, Heber Jefferson señaló que su mochila solo tenía provisiones para 10 días, por lo que debió capturar aves que se le cruzaban en el camino, sobre todo especies migratorias, para devorarlas. “Fue una dieta muy variada, ya que comí golondrinas, petreles, gaviotas y mirlos”, señaló. Sin embargo, y a pesar del esfuerzo realizado, cuando tocó tierra mundialista su equipo, la selección charrúa, ya había sido eliminada y su sueño de pedirle los guantes a Muslera quedó trunco.

Más preocupación, en cambio, es la que existe sobre la situación del brasileño Joao Bautista Dos Santos do Espírito Junior, quien partió a fines de enero de Río de Janeiro con la intención de llegar a Nueva Jersey para alentar a la Canarinha en su primer partido utilizando un monociclo a pedal que perteneció a su abuelo Edelmar Dos Santos, quien actuaba en el recordado Circo Pernambucano de los hermanos Carvalho.

La distancia en línea recta entre Río y Nueva Jersey es de 7.800 kilómetros, por lo que, a una media de 30 kilómetros por hora, el brasileño tenía planificado llegar en seis meses a destino. Para ello, contaba con que descontó varias horas al iniciar la travesía lanzándose en bajada por la ladera norte del cerro Corcovado, descenso vertiginoso en el que el monociclo alcanzó los 173 kilómetros por hora. Sin embargo, los escépticos consideraron que los cálculos de Joao Bautista obedecían a un severo error —de estilo Donald Trump— o eran demasiado optimistas por estar basados en el raudo envión inicial.

“Desplazarse hacia adelante en monociclos a pedal es muy relativo, porque quien ha visto uno sabe que, si avanzas dos metros, tienes que retroceder un metro y medio, porque hay que mantener el equilibrio”, explicó un veterano equilibrista, quien estimó que en un día se podrían avanzar, como mucho, 500 metros. Por lo tanto, para cubrir los 7.800 kilómetros se requerirían 15.600 días, es decir, 42 años. Conclusión: Joao Bautista estaría llegando a Nueva Jersey en 2068 y, como el pedalista hoy tiene 46 años, concretaría su hazaña con 86.

La Copa del Mundo no es solo fútbol; también se nutre de historias edificantes como las de Heber Jefferson y Joao Bautista, que hacen pensar en un mejor futuro para la humanidad.