Mundial en cordobés. El tranvía más argentino del mundo: canciones, saltos y una Kansas City que descubre la pasión albiceleste
La Voz recorrió el clásico tranvía de la ciudad de Kansas City y encontró la pasión de la gente en la previa del partido Argentina-Argelia.
Hay algo mágico que ocurre en Kansas City cuando se acerca la hora de Argentina. Los edificios siguen ahí. Los semáforos cambian de color. Las oficinas abren. Los cafés sirven desayunos. Y el tranvía cumple su recorrido de siempre. Pero nada parece exactamente igual.
A medida que se acerca el debut de la selección ante Argelia, este martes a las 22, Kansas City empezó a poblarse de camisetas celestes y blancas. Y hay una que sobresale por encima de todas: la número 10 de Lionel Messi.
La ciudad la ve pasar por las veredas, por los bares, por el Fan Fest, por los alrededores del hotel donde concentra el equipo de Lionel Scaloni. Y también por uno de los lugares más inesperados: el tranvía gratuito que atraviesa el centro de la ciudad.
Fue allí donde La Voz decidió subirse para entender cómo se vive la previa de un Mundial en el corazón de Estados Unidos.
El recorrido comienza frente al hotel Origins, donde se aloja la selección argentina. Desde allí, el tranvía avanza hacia el centro neurálgico de Kansas City atravesando el downtown, entre edificios modernos, oficinas y plazas que hasta hace unos días transitaban su rutina habitual.
Hasta que llegaron los argentinos. Porque apenas se cierran las puertas y el vagón comienza a moverse, el viaje deja de parecerse a un medio de transporte.
Empieza a parecerse a una tribuna. Suben familias. Grupos de amigos. Hinchas llegados desde Córdoba, Buenos Aires, Mendoza, Rosario y distintos rincones del país. Algunos llevan banderas. Otros bombos pequeños. Casi todos llevan una camiseta albiceleste. Y entonces aparecen las canciones.
Primero tímidas. Después cada vez más fuertes. "Muchachos, ahora nos volvimos a ilusionar".
El clásico himno de Qatar vuelve a retumbar, esta vez a miles de kilómetros de Doha y en pleno Medio Oeste estadounidense. Los pasajeros locales levantan la vista de sus teléfonos. Sonríen. Filman. Algunos preguntan qué significa la letra. Otros simplemente observan.
No terminan de entender las palabras. Pero entienden perfectamente la emoción.
En una de las paradas sube un grupo con camisetas de Brasil. Y el vagón explota. "Brasil, decime qué se siente".
Las risas aparecen de inmediato. También los celulares registrando el momento. Un rato después llega otra canción. "Se mueve para acá, se mueve para allá". Y el tranvía entero comienza a balancearse al ritmo de los saltos.
Por un instante parece que Kansas City hubiera importado una tribuna completa desde Argentina. Las miradas de los habitantes de la ciudad son una mezcla de sorpresa y fascinación. Muchos nunca habían visto algo parecido. Otros preguntan si siempre es así.
La respuesta corta es no. La respuesta larga es que cuando juega Argentina, pasan cosas difíciles de explicar. Desde el viernes, esta ciudad viene transformándose poco a poco. Primero fueron algunas camisetas. Después aparecieron las banderas. Llegó el banderazo. Se llenó el Fan Fest. Los restaurantes comenzaron a escuchar más español que inglés. Y ahora hasta el tranvía gratuito de Kansas City se convirtió en una extensión de la popular albiceleste.
Hay algo hermoso en esa escena. Porque mientras la FIFA organiza estadios, pantallas gigantes y zonas para hinchas, los argentinos terminan apropiándose de espacios mucho más simples. Una esquina. Un bar. Una plaza. O un tranvía. Quizás por eso el viaje deja una reflexión inevitable para cualquiera que venga de Córdoba.
Qué lindo sería tener un tranvía así. No solamente por la comodidad o porque sea gratuito. Sino porque durante unos minutos logra algo mucho más difícil: juntar desconocidos, provocar conversaciones, generar encuentros y convertir un trayecto cotidiano en una experiencia compartida.
Aquí, en Kansas City, lo logró el Mundial. Y durante algunos kilómetros, entre canciones de Qatar, camisetas de Messi y vecinos estadounidenses mirando asombrados, el tranvía dejó de ser un transporte público. Se convirtió en el rincón más argentino de toda la ciudad.

