La referencia de lo que suceda con el rival de siempre jamás será indiferencia. Para uno o para otro. Puede afectar en mayor o menor medida, ya sea por un logro del primer equipo o por el avance de las gestiones dirigenciales en obras que quedan para siempre, como un estadio o una ciudad deportiva.
En Córdoba, la comparación entre Belgrano y Talleres es permanente y forma parte de la lógica competitiva de dos clubes que aprendieron a crecer mirándose de reojo.
Por eso, el título que consiguió Belgrano en el Apertura 2026 inevitablemente repercute en la planificación y en la realidad de Talleres. No porque modifique de manera directa sus decisiones, sino porque vuelve más visibles las cuentas pendientes de un proceso que ya venía mostrando desgaste mucho antes de las eliminaciones ante Belgrano y frente a Atlético Tucumán.
El peor escenario de Talleres
El peor de los escenarios fue el que le tocó a Talleres. Perder el clásico en una instancia eliminatoria significó el principio del fin del ciclo de Carlos Tevez, sobre quien incluso se había hablado de una posible continuidad hasta fin de año.
La derrota frente a clásico rival también habría condicionado la permanencia de Ricardo Zielinski. El impacto emocional y político de un clásico nunca es menor, mucho menos cuando ocurre en un contexto de alta exigencia.
Sin embargo, las obligaciones de Talleres estaban pendientes desde mucho antes. Un equipo cuyo techo terminó siendo salvarse del descenso en el Clausura 2025 y llegar apenas hasta octavos de final tanto en aquella competencia como en este Apertura no fue por casualidad. Ocurrió con más o menos recursos disponibles, siempre bajo la mirada de Tevez.
La deuda principal sigue siendo futbolística. Talleres ya estaba obligado a recuperar una identidad de juego y a volver a pelear por objetivos concretos. El título del rival no hace más que remarcarlo. Lo que Belgrano consiguió le recuerda a Talleres que todavía sigue debiendo y que también existen otras maneras de alcanzar el éxito deportivo, aunque eso de para otro debate.
¿No pasó algo similar cuando Talleres fue el que festejó aquel título histórico que parecía marcar un cambio de época? Probablemente sí. Pero desde entonces hasta hoy, la “T” empezó a perder certezas. En el camino quedó la búsqueda de la identidad perdida, del entrenador ideal que nunca terminó de llegar o que directamente no quiso venir.
Así aparecieron alternativas muy distintas entre sí, como el caso de Diego Cocca. Fue elegido por su perfil, por su experiencia internacional, por su reciente paso por la Liga española y por haber sido campeón con Racing Club. También porque se entendía que podía ordenar el vestuario y el día a día.
Pero se fue rápido: dijo que no pudo trabajar y que hubo incumplimientos. Después llegó Tevez, con otro perfil, sus experiencias en Central, Independiente y otra impronta, aunque el resultado terminó siendo insuficiente.
El techo fue el que ya había demostrado en esos clubes. Para la "T" fue un poco más al llegar a octavos, pero fue insuficiente.
Talleres nunca fue para cualquier entrenador ni para cualquier jugador. ¿O alguien cree que sí? Su propia historia demuestra que necesita superarse constantemente para sostener el lugar que supo construir.
Aquel club que logró insertarse a nivel internacional —con repechaje de Libertadores 2019, Sudamericana 2021 y las participaciones continentales de 2022, 2024 y 2025— y que además fue protagonista de la Liga, con dos subcampeonatos recientes, necesita volver a reconocerse.
Pero antes de pensar en nombres propios, refuerzos o entrenadores, Talleres parece necesitar algo más básico y urgente: recuperar el protagonismo de sus decisiones. Desde allí podrá definir a sus nuevos protagonistas y reconstruir un proyecto deportivo creíble.
La idea, se entiende, es volver a elevar el techo actual, uno que hoy luce demasiado bajo para la identidad futbolística que el club pretende representar. Y justamente ahí empieza el verdadero desafío.

