La crónica de La Voz. Talleres, valiente y convencido, ganó en Florencio Varela y se acomoda en la Zona A
El equipo de Tevez venció 2-1 a Defensa y sigue en zona de clasificación a tres fechas del final. Un cambio de sistema y nombres, la clave de un triunfo que cortó una sequía de 13 años.
A veces, los golpes no hunden: ordenan. La derrota ante Boca Juniors dejó marcas en el Mundo Talleres, pero también disparó una reacción que el primer equipo necesitaba.
En Florencio Varela, ayer la “T” le ganó 2-1 a Defensa y Justicia y lo hizo después de 13 años con una identidad renovada, más audaz, más directa.
El triunfo lo dejó con 21 puntos en el bolsillo y la certeza de que, a tres fechas del cierre de la fase regular de la Zona A, el equipo está en carrera: superó a su vencido, a Independiente de Avellaneda y a Unión de Santa Fe, y alcanzó la línea de Boca, manteniéndose en zona de clasificación a octavos, donde los cuatro primeros serán locales.
El cambio tuvo varios nombres y apellidos, aunque uno en particular: Carlos Tevez. El DT entendió que el plan inicial, cargado de volantes y control, había agotado su recorrido.
Y decidió invertir la lógica. Donde antes había acumulación en el medio, ahora hubo extremos; donde había pausa, apareció vértigo. Del 4-4-1-1 pasó al 4-2-1-3, con una decisión tan audaz como efectiva. Pensado para un equipo que también necesitaba ganar y venía de perder el invicto ante Instituto.
Pateó el tablero
Se mantuvieron los creadores (Matías Galarza y Franco Cristaldo), pero se abrió el campo. Rick siguió por izquierda, irrumpió Diego Valoyes por derecha -en su primer partido como titular tras la lesión- y apareció Alexandro Maidana como un lateral con vocación ofensiva.
La sorpresa fue total, incluso contra los propios prejuicios del entrenador (“los extremos están para 30 minutos”), pero funcionó. Y bien.
Talleres no fue una máquina, pero eligió ser algo distinto. Rompió ese molde inicial, buscó el partido, asumió riesgos, se mostró más vertical.
Ganó por los dos goles de Maidana, sí, pero también por las sociedades que nacieron desde la conducción de Cristaldo y la profundidad de sus extremos. Incluso Ronaldo Martínez, muchas veces aislado, tuvo más contacto con el juego, aunque apenas contó con una situación clara.
Del tercero a sufrir
Claro que abrirse tuvo su costo. Cada vez que Aaron Molinas encontró espacios, Defensa lastimó. Algunas pelotas a espaldas de Schott y del propio Maidana encendieron alarmas.
Y cuando Ayrton Portillo descontó, tras una jugada en la que no pudieron rechazar Santiago Fernández ni Matías Catalán, el partido se llenó de incertidumbre. Más aún después de las chances desperdiciadas por Dávila y el propio Schott, que pudieron haber sentenciado antes la historia.
Pero esta vez, Talleres resistió. Sostuvo la idea, el resultado y, sobre todo, la convicción. No fue brillante, pero sí valiente. Y en este tramo del torneo, vale tanto como los puntos.
El próximo desafío será el domingo a las 20.30, cuando reciba a Deportivo Riestra. Luego, cerrará la fase regular ante Estudiantes de La Plata y Unión de Santa Fe.
Tres finales para confirmar que esta versión, más agresiva y decidida, llegó para quedarse justo cuando más se la necesitaba en el Mundo Talleres.



