Compartir
Deportes

Análisis. Talleres, entre la resistencia y la necesidad de volver a ser ante Belgrano

La "T" llega al clásico con objetivos claros. Viene de ser sostenido por Herrera y la lucidez de Rick en Santa Fe, pero tiene la obligación de recuperar su identidad en un duelo histórico. El tema del "Pase del gol".

05 de mayo de 2026, 16:19
Talleres, entre la resistencia y la necesidad de volver a ser ante Belgrano
Talleres. Rick volvió al gol. De lo mejor que le pasó a Talleres ante Unión de Santa Fe.

El clásico ya se juega. No importa que falten días para el pitazo inicial del sábado a las 16.30 en el Estadio Mario Alberto Kempes. En barrio Jardín, en Alberdi y en cada rincón futbolero de una Córdoba presencial y virtual, el partido ya empezó.

Y en ese contexto, la pregunta que sobrevuela es clara: ¿cómo llega Talleres? o bien ¿por qué se vio relegado a un papel de resistencia ante Unión de Santa Fe?

La respuesta, aunque incómoda, no admite maquillaje. El equipo de Carlos Tevez viene de una actuación que estuvo lejos de lo que su entrenador había planificado. Ante Unión de Santa Fe, la “T” jugó más a resistir que a imponer condiciones, una versión que hacía tiempo no se le veía.

No hubo control, ni fluidez, ni dominio territorial. Hubo, en cambio, un equipo largo, impreciso, que no pudo hacer el control de pelota que le quitar presión al asedio "tate", y que terminó defendiendo con línea de cinco.

En ese contexto emergió la figura de Guido Herrera. El capitán fue sostén y salvavidas. Tapó lo que había que tapar y bastante más, manteniendo el cero durante largos pasajes en los que Talleres fue superado.

Sin su intervención, el desenlace habría sido otro mucho antes del cierre. Y recién en ese final, cuando el desgaste parecía pasar factura, apareció Cristian Tarragona para rescatar un empate que tuvo más de alivio que de mérito colectivo.

Ese Talleres, dependiente de su arquero, fue una señal de alerta. Porque el equipo perdió contención, recuperación y precisión. La pelota le duró poco, y sin ella, quedó expuesto. Unión se le vino encima y lo obligó a retroceder, a defender demasiado cerca de Herrera, a jugar un partido incómodo. Un partido que no estaba en los planes.

Talleres y sus condicionantes

También hubo condicionantes. La salida de Matías Catalán alteró el equilibrio defensivo y obligó a una reconfiguración sobre la marcha. A Rodrigo Guth le costó acomodarse en ese contexto, asumiendo responsabilidades en una zaga inédita, ya que Santiago Fernández no fue de la partida por lesión. Todo eso influyó en un funcionamiento que nunca terminó de asentarse.

Sin embargo, no todo fue negativo. Hubo una noticia que vale doble: la aparición de Rick. El delantero volvió a convertir y lo hizo con un golazo, de esos que ya supo marcar en clásicos ante Belgrano e Instituto. Su regreso al gol no solo es importante en lo individual, sino también en lo colectivo. Talleres necesita de su desequilibrio, de su atrevimiento, de su capacidad para romper partidos.

Pero con eso no alcanza. Y lo saben todos, Tevez lo sabe. El entrenador fue claro al analizar el rendimiento: "Me pareció que teníamos que ser un equipo más agresivo para que no nos tiraran tantos centros. No me gustó cómo jugamos. Tenemos 18 jugadores. Veremos esta semana”, dejó en claro el DT. No fue una frase al pasar, sino un diagnóstico directo.

Talleres buscará recuperar a Santiago Fernández y a Matías Catalán en una defensa que salía de memoria; también la conducción de Franco Cristaldo y la agresividad de Diego Valoyes.

Lo que viene no admite grises. El cruce con Belgrano en octavos de final del Apertura no tiene antecedentes en torneos de Primera de AFA con este formato. Es una cita con la historia, con un peso simbólico y deportivo enorme. Un partido que define más que un pase de ronda.

Para Talleres, ganar significará avanzar a cuartos de final y dar otro paso hacia el protagonismo que se propuso tras la clasificación. También implicará sostener una racha de dos décadas sin derrotas en clásicos en instancias determinantes, una estadística que pesa y que los protagonistas conocen bien.

Pero perder abrirá interrogantes difíciles de cerrar. Será el fin de una seguidilla histórica, una herida en la memoria reciente y el inicio anticipado de un receso largo, que se estirará hasta fines de julio —o un poco antes por Copa Argentina—. Claro está que el invierno será más llevadero si la "T" si sale airoso del juego en el Kempes.

Por eso, Talleres no solo jugará un clásico. Será contra sus propias dudas, limitaciones y la capacidad para superarlas, además de rescatar sus virtudes. El combate que se lleva a cabo en la semana es contra esa versión que reapareció en Santa Fe. Necesita dejarla atrás.

Volver a ser el Talleres que logró asociarse y clasificar dos fechas antes, no es una opción: es una obligación. Porque en este tipo de partidos, la historia no espera. Y el margen de error es cero.