Talleres tiene razones concretas para creer que puede dejar afuera a Belgrano en el clásico eliminatorio del sábado en el estadio Kempes. Y no se trata solamente del peso emocional de un partido de octavos de final ni de la historia que rodea a un cruce de semejante magnitud. Hay argumentos futbolísticos, anímicos y competitivos que sostienen la ilusión albiazul de avanzar a cuartos de final del Apertura.
Contexto. El equipo de Carlos Tevez viene con el envión de haberse clasificado a octavos de final y, además, con el valor agregado de haber terminado entre los primeros cuatro de la zona. Esa posición le permitió asegurarse la localía ante Belgrano en un clásico histórico y decisivo.
De menor a mayor. El equipo atravesó momentos de dudas, cambios y búsqueda, pero terminó encontrando un camino. Más allá de los últimos dos partidos, el 0-0 ante Estudiantes LP y el 1-1 frente a Unión, el bajón futbolístico estuvo directamente vinculado al condicionamiento que significó perder parcial o totalmente a cuatro titulares como Fernández, Catalán, Cristaldo y Valoyes. Hasta entonces, Talleres venía encaminado en el juego y en los resultados como nunca antes.
Ideal. La recuperación de esos futbolistas lo acercará al ideal. Los jugadores tocados evolucionaron de acuerdo a lo esperado y, siempre y cuando lleguen plenos, Tevez podría volver a contar con una estructura cercana a la ideal. Talleres quiere parecerse mucho más al equipo que venció a Defensa y a Riestra, cuando tuvo asociaciones, movilidad y un poder de fuego mucho más agresivo.
Y quiere alejarse de lo que fue con Unión, cuando terminó en modo resistencia pese a haber tenido todo para administrar la ventaja inicial convertida por Rick, un jugador que debió esperar demasiado.
Creativos. En esa construcción futbolística, hay dos nombres decisivos: Matías Galarza y Franco Cristaldo. Funcionando juntos o separados, son futbolistas sin reemplazo natural. Si falta uno, Talleres es otro equipo porque gran parte del juego nace desde ellos. Cuando están en plenitud, la “T” encuentra pase, distribución, conducción y creatividad.
Tevez puede construir sociedades ofensivas que incluyan a delanteros y a laterales, algo que transforma a Talleres en un conjunto de ataque temible. Si no están, el entrenador debe inventar o ensayar soluciones alternativas.

Gol. Talleres ha demostrado tener variantes ofensivas y desequilibrio en distintos sectores del campo. Ronaldo Martínez y Valentín Dávila marcaron en seis de los siete triunfos del equipo en la temporada, pero no son los únicos caminos. Los laterales Schott y Maidana también aportaron goles, Rick apareció en momentos importantes y Valoyes, aun sin continuidad plena, ya mostró capacidad para asistir y romper líneas. A eso se suma la pelota parada, con la pegada de Cristaldo y también con el crecimiento del juvenil Giovanni Baroni.
Garantía histórica. Guido Herrera siempre está. El arquero volvió a demostrar que puede sostener a Talleres en partido, como lo viene haciendo desde hace más de una década. Más allá de algunos errores y altibajos, sigue siendo determinante. La “T” perdió apenas dos de sus últimos 10 encuentros y en cinco terminó con el arco invicto. Esa solidez también alimenta la confianza.
Razones emocionales. Augusto Schott lo resumió en una frase: “No hay mañana”. En un clásico eliminatorio, el margen desaparece. Es clasificación o eliminación. Gloria o frustración. Y Talleres entiende que está frente a una oportunidad especial para escribir una página grande en una rivalidad que paralizará a Córdoba.

