En Rosario. Talleres y una muestra de fidelidad en Rosario: los que quisieron y pudieron estar

Pese al golpe ante Belgrano, la salida de Tevez y un horario laboral que atentó contra la convocatoria, los hinchas albiazules viajaron a Rosario para acompañar a Talleres frente a Atlético Tucumán por Copa Argentina. Familias enteras, banderas históricas y una fidelidad que resiste incluso en el momento más difícil.

20 de mayo de 2026 a las 04:32 p. m.
Hugo García Enviado especial a Rosario
Talleres y una muestra de fidelidad en Rosario: los que quisieron y pudieron estar
Hinchas de Talleres en Rosario.

No fueron 20 mil, como en otras tardes de Copa Argentina, ni tampoco los 10 mil que suelen darle color al inicio de sus participaciones en el torneo federal. Esta vez fueron muchos menos: vinieron los que quisieron y pudieron. Y, en el presente que atraviesa Talleres, eso ya significó mucho.

El horario laboral dispuesto por la organización para el cruce de 16avos de final ante Atlético Tucumán, en el estadio de Newell’s, atentó claramente contra la convocatoria. También pesó el duro golpe que significó la eliminación en el Torneo Apertura ante Belgrano, una herida todavía abierta para el pueblo albiazul. Sin embargo, desde temprano comenzaron a llegar autos, colectivos y combis al Parque Independencia, con hinchas decididos a acompañar igual.

Pagaron entradas costosas para el contexto: 45 mil pesos los menores, 55 mil la popular y 75 mil la platea. Aun así, la gente salió a la ruta. Ingresaron por las puertas 1 y 3 rumbo a la platea Maximiliano Rodríguez o a la popular Diego Armando Maradona, deseando —sobre todo con ese último nombre— que apareciera alguna señal de buen augurio para una “T” golpeada y en plena reconstrucción.

Hinchas de Talleres en Rosario.
Hinchas de Talleres en Rosario. (La Voz)

Porque Talleres llegó a Rosario atravesado por las turbulencias. La derrota ante Belgrano derivó en la salida de Carlos Tevez, mientras Ezequiel Carboni asumió el interinato con la intención de ordenar un plantel sacudido también por la inconducta de Diego Valoyes, sancionado económicamente por el club. A eso se suman rumores de salidas y un clima de incertidumbre que también alcanza a referentes como Guido Herrera.

En ese escenario apareció otra vez la gente. Grandes, chicos, familias enteras. Hinchas de barrio Jardín, Villa Revol, Bell Ville, Marcos Juárez, Funes y distintos puntos del interior provincial y del país. Todos mezclados bajo las mismas banderas y el mismo sentimiento.

Ahí estaban los Bustos, de Villa Giardino, mostrando orgullosos la bandera que había acompañado a Talleres en Paraguay durante la obtención de la Supercopa Internacional ante River. También grupos de amigos que aprovecharon el viaje para transformar la incertidumbre futbolera en una excusa para estar juntos. Algunos todavía hablaban con bronca del clásico perdido. Otros discutían si la salida de Tevez era inevitable. Muchos coincidían en darle respaldo a Carboni para este tiempo de transición. Y casi todos lamentaban lo ocurrido con Valoyes: varios se enojaron y se lo hicieron saber durante la entrada en calor.

Distinta fue la recepción de los simpatizantes para Herrera, para quien podría haber sido su último partido.

Pero, por encima de cualquier análisis, predominó el aguante. El hincha de Talleres volvió a demostrar que acompaña incluso cuando el escenario es incómodo, cuando el equipo tambalea y cuando las respuestas todavía no aparecen. No hubo multitud histórica ni recibimiento impactante. Hubo algo distinto: fidelidad.

Hinchas de Talleres en Rosario.
Hinchas de Talleres en Rosario. (La Voz)

En una etapa en la que Talleres busca reconstruirse futbolística y anímicamente, Rosario ofreció una postal genuina del sentimiento albiazul. Menos masiva, sí. Pero quizá mucho más representativa.