La crónica de La Voz. Talleres, con clima a fin de ciclo después del 0-3 ante Atlético Tucumán en la Copa Argentina

El 0-3 con eliminación sufrido ayer ante Atlético Tucumán mostró a un equipo sin respuestas futbolísticas ni anímicas. Desintegrado tras la eliminación en el clásico con Belgrano.

20 de mayo de 2026 a las 09:27 p. m.
Talleres, con clima a fin de ciclo después del 0-3 ante Atlético Tucumán en la Copa Argentina
Talleres perdió ante Atlético Tucumán por la Copa Argentina 2026.

La goleada 3-0 sufrida ayer ante Atlético Tucumán por Copa Argentina expuso a un Talleres sin respuestas futbolísticas ni anímicas, tras la eliminación en el clásico con Belgrano.

Los cuatro mil hinchas que acompañaron al equipo se fueron indignados tras una actuación vergonzosa que dejó señales de despedidas, crisis y reconstrucción urgente.

No fue sólo una derrota. Tampoco una simple eliminación. Lo de Talleres ante Atlético Tucumán fue la imagen más cruda de un equipo quebrado, desarmado emocionalmente y vacío de respuestas.

El 0-3 que siguió a la caída en el Apertura frente a Belgrano tuvo clima de final definitivo. De fin de ciclo. O peor: de un grupo que se desintegró luego del golpe en el clásico y jamás volvió a levantarse.

Las imágenes que Talleres les ofreció a los cerca de cuatro mil hinchas que desafiaron la distancia, el día laborable y la decepción fresca de la eliminación anterior fueron poco menos que vergonzosas. A los 4 minutos ya perdía por el gol de Renzo Tesuri, consecuencia de un movimiento defensivo tan defectuoso como alarmante.

Fue el primero de una serie de errores estructurales que terminaron construyendo la goleada y que sólo no derivaron en una diferencia más amplia porque Guido Herrera sostuvo lo que pudo, atajando otras cuatro o cinco situaciones clarísimas.

Talleres era un equipo partido. Pero partido desde antes. Atlético Tucumán sólo aprovechó cómo el rival terminaba de deconstruirse con el primer golpe. Tesuri, Laméndola y Godoy encontraron espacios gigantescos, como si atacaran en un entrenamiento.

El equipo tucumano jugó permanentemente a las espaldas de los laterales, obligando a Matías Catalán y a Juan Carlos Portillo Palomino a correr hacia atrás, fuera de la zona donde suelen imponerse. Cada transición defensiva de Talleres parecía un castigo anunciado.

Algo de Matías Galarza. Muy poquito de Franco Cristaldo. Y la desesperación de Ezequiel Carboni, el interino que reemplazó a Carlos Tevez, por acumular delanteros para intentar cambiar una historia imposible.

Entraron Bruno Barticciotto y Valentín Dávila mientras Rick y Depietri intentaban sobrevivir en ofensiva, pero el medio campo había desaparecido. Ni Juan Sforza ni Ulises Ortegoza pudieron contener el enorme callejón central por donde Atlético aceleraba una y otra vez.

El partido dejó la sensación de un equipo sin alma. Sin rebeldía. Sin energía. Como si el golpe ante Belgrano hubiera vaciado todo lo que quedaba. La gente lo percibió enseguida.

Y reaccionó. Los insultos bajaron desde las tribunas varias veces con el “jugadores, la c… de su madre” retumbando mientras el reloj avanzaba lentamente hacia el final del semestre. Porque eso también se terminó: el semestre. Y quizá mucho más.

¿Qué Talleres viene ahora?

El de las despedidas. Guido Herrera salió de la zona mixta sin hablar, aunque asintió cuando fue consultado sobre si había sido su último partido. Después saludó a la gente, que lo aplaudió como quien entiende que puede estar viendo una última función. Fue una escena cargada de simbolismo para un plantel que parece haber llegado a su límite.

Matías Catalán volvió a poner la cara. Otra vez pidió perdón, como ya había hecho tras el clásico con Belgrano. Y dejó una frase que abrió interrogantes: su contrato vence en diciembre y “se verá”, mientras continúa dialogando con el presidente Andrés Fassi.

También habló Bruno Barticciotto, quien reconoció a un Talleres “permeable”, vulnerable, expuesto a concesiones permanentes. Un diagnóstico que coincide exactamente con las palabras que Fassi había utilizado días atrás.

En el medio quedó también el episodio de Diego Valoyes, sancionado en lo económico tras el positivo de alcoholemia a dos días del clásico. “Hice una fiesta de cumpleaños. Nos fuimos a las 12 y Valoyes me ayudó a acomodar el lugar. No hubo excesos ni nada”, explicó Barticciotto, mientras el resto cruzaba en silencio.

Ni siquiera Carboni habló. La conferencia estaba prevista, pero nunca ocurrió. Hoy volverá a la Reserva mientras la dirigencia debe resolver dos cuestiones urgentes: encontrar un entrenador definitivo tras la salida de Carlos Tevez y redefinir los criterios de construcción de un plantel que anoche jugó como si viera terminar todo frente a sus ojos.