Conducción. Talleres tiene quién lo arme: Cristaldo y Galarza, el pase está

La "T" tiene creativos como Franco Cristaldo y Matías Galarza y la estructura que necesitan. A mejor calidad de pase, perjuicio para el rival, justo antes de los partidos decisivos. Videos.

22 de abril de 2026 a las 11:31 a. m.
Talleres tiene quién lo arme: Cristaldo y Galarza, el pase está
Galarza abraza a Cristaldo. Talleres empieza a povechar a sus creativos. Alexandro Maidana hizo dos goles y pudo hacer alguno más; Ronaldo Martínez cortó la sequía.

Talleres dejó de estar preso de uno o dos plantes de juego. No es casualidad ni una racha pasajera: hay un circuito de juego que se repite, se perfecciona y, sobre todo, le da sentido a cada avance. Ha sido el fin de aquel Talleres inicial para el Apertura en curso con más volantes y la continuidad de otro con más delanteros porque los extremos estaban para "30 minutos", según el DT Carlos Tevez.

Y más atrás, cuando Tevez terminó el Clausura jugando a modo directo sin los "10" ni la referencia de un "9". Era poner a correr mano a Rick y a Luis Angulo (cedido a Peñarol).

En ese circuito de juego, los nombres de Franco Cristaldo y Matías Galarza aparecen como piezas centrales, capaces de alternarse funciones, sectores y alturas en la cancha, pero siempre con una premisa común: darle claridad al equipo.

A veces cercanos, otras más distantes, ambos volantes creativos se reparten la responsabilidad de iniciar, sostener o profundizar cada jugada. Con sus propias ausencias y presencias en momentos claves. Lo hacen con una estructura que empieza a mostrar su mejor forma y que potencia algo clave: la calidad del pase que recibe Talleres. Ya no se trata solo de llegar, sino de cómo llega.

Desde más atrás, Matías Catalán y Santiago Fernández aportan salidas limpias y de frente. Cuando alguno de los puntas —Ronaldo, Dávila o Barticciotto— pivotea, el equipo encuentra una segunda jugada clara: la descarga para que Cristaldo o Galarza conecten con los extremos, ya sean Valoyes, Rick o Valentín Depietri, o bien con las subidas de Schott o Maidana.

El repertorio es amplio. Puede ser una pared corta para sostener la posesión y darle pausa al partido o un pase largo, profundo y al pie, capaz de romper líneas y cambiar el ritmo en un instante. En ese abanico, Cristaldo aparece como el más vertical, el que pisa el área y además aporta una variante que hacía tiempo Talleres no tenía: su pegada en la pelota detenida.

Talleres volvió a convertir de pelota detenida por Cristaldo. El gol de Schott ante Riestra solamente había sido posible ante Independiente por obra y gracia de la pegada del pibe Giovanni Baroni.

La evolución del equipo también se explica por lo que dejó de ser. Durante el Clausura pasado, esa función creativa recayó en nombres como Rubèn Botta, Emanuel Reynoso o Luis Sequeira (los tres ya fuera del club). Baroni asomó como alternativa, pero su recorrido lo llevó a una banda y luego al Sudamericano Sub 17. En ese contexto, la irrupción de Cristaldo en la fecha 10 ante Instituto marcó un antes y un después: desde entonces, no salió más y gravitó en serio.

Galarza, en tanto, cumple un rol más silencioso pero igual de determinante. Es quien limpia cada jugada, quien ordena y elige hacia dónde debe ir el equipo. Su capacidad para cambiar la dirección del juego le da a Talleres una fluidez que antes no tenía. El equipo y el mismo que para recibir tenía que retroceder hasta la zaga y el acto ofensivo, lo perdìa casi siempre. No llegaba más.

Ahora tiene otro soporte. Primero fue Juan Sforza; ahora, Mateo Cáceres asume ese desgaste extra para equilibrar un mediocampo que apuesta por el talento y la iniciativa. Un trabajo menos visible, pero imprescindible para que el sistema funcione.

Ronaldo Martínez puso en ventaja a Talleres ante Riestra. Acompañan Valoyes, Schott y Rick. Cristaldo y Galarza tienen una estructura para crear.
Ronaldo Martínez puso en ventaja a Talleres ante Riestra. Acompañan Valoyes, Schott y Rick. Cristaldo y Galarza tienen una estructura para crear. (Javier Ferreyra)

Tevez lo entendió a tiempo. Le dio continuidad a Cristaldo, lo adelantó en el campo y construyó a partir de ahí. Hoy, Talleres tiene una sociedad que lo identifica y lo potencia. Y la necesitará más que nunca: lo que viene ya no admite pruebas, sino certezas. Con finales por delante y cruces eliminatorios en el horizonte, el equipo encontró en su doble usina creativa una razón para creer.