La Voz en el Mundial. Suiza no se achica: respeto por Messi, confianza en su idea y una promesa antes de enfrentar a Argentina
Los futbolistas suizos saben que enfrente estará el campeón del mundo y el mejor jugador del planeta. Pero también creen que llegó su momento. En la previa de los cuartos de final, Denis Zakaria y Zeki Amdouni hablaron con la prensa en el Arrowhead Stadium y dejaron un mensaje claro: van por el golpe.
Kansas City contiene la respiración. Aún no llegaron en masa los miles de argentinos que coparán la ciudad el viernes, pero el aire ya huele a partido grande. A otra noche de Mundial. A otro capítulo de la Scaloneta en busca de la gloria.
En el Arrowhead Stadium, mientras los operarios ultiman detalles y las tribunas esperan vestirse de celeste y blanco, del otro lado también hay ilusión. Suiza no aterrizó en los cuartos de final por casualidad: eliminó a Colombia en una dramática definición por penales y ahora quiere escribir una de las páginas más importantes de su historia.
Nadie se anima a desconocer el favoritismo argentino, mucho menos los propios futbolistas suizos. Pero una cosa es respetar y otra, muy distinta, resignarse. Eso quedó claro en la zona mixta.
Denis Zakaria fue uno de los primeros en enfrentar los micrófonos. Sereno y sin grandilocuencias, dejó en evidencia que el plantel siente que está ante una oportunidad única.
"Tenemos muchas ganas de hacer algo importante y, sobre todo, de ganar", resumió el mediocampista, convencido de que este grupo todavía tiene margen para seguir creciendo en el Mundial.
Zakaria no ocultó la dificultad del desafío: "Tenemos que estar preparados física y mentalmente para un partido que va a ser muy duro". Y enseguida llegó el reconocimiento, que prácticamente nadie discute en esta Copa del Mundo: "Argentina es favorita".
Lo dijo sin vueltas, sin buscar atajos ni intentar trasladar la presión al rival. Pero aclaró que eso no modifica la idea con la que saldrá Suiza al campo: "Tenemos que jugar con inteligencia, aprovechar cada oportunidad que tengamos y tratar de ganar".
El mensaje se pareció mucho al transmitido por los periodistas suizos en las últimas horas. Todos coincidían en algo: Argentina aparece un escalón por encima, pero, si hay una selección europea capaz de incomodarla, consideran que es la suya. Orden, disciplina táctica, intensidad física y paciencia para esperar el momento justo.
Ese concepto también apareció en boca de los jugadores. Suiza sabe que intentar jugar de igual a igual durante noventa minutos puede convertirse en una misión suicida. Pero también entiende que un partido de eliminación directa suele decidirse por detalles.
Del otro lado, apareció Zeki Amdouni, uno de los referentes ofensivos del equipo. El delantero habló del crecimiento de esta generación del fútbol suizo y del proceso que viene desarrollando desde hace varios años.
"Tenemos un gran grupo", resumió, convencido de que el trabajo realizado les permitió competir cada vez mejor frente a las principales selecciones del mundo. Luego llegó inevitablemente la pregunta sobre Lionel Messi, realizada por La Voz, y la respuesta tuvo tanto respeto como admiración.
Amdouni reconoció que el capitán argentino es un futbolista al que observa desde chico y que enfrentarlo representa uno de los mayores desafíos posibles para cualquier jugador.
Pero también dejó una idea que seguramente se repetirá en la charla técnica suiza: a Messi no se lo controla de manera individual, se lo intenta limitar con el funcionamiento colectivo. Por eso explicó que todo el equipo deberá hacer un partido perfecto para reducir los espacios del rosarino, sin perder nunca el orden.
Esa es la receta que intentarán aplicar este sábado. Mientras tanto, del lado argentino la confianza también crece. Después de superar dos partidos cargados de dramatismo, frente a Cabo Verde y Egipto, la Scaloneta volvió a demostrar que incluso en los momentos más incómodos encuentra respuestas. Que siempre aparece alguien distinto: cuando no alcanza Messi, emerge Cristian Romero; y cuando no alcanza Romero, aparece Enzo Fernández.
Esa sensación de equipo indestructible es la que genera tanto respeto entre los rivales. Los propios periodistas suizos lo reconocieron durante la semana. Hablaron de un Messi que sigue marcando diferencias y de una selección que, aun sin desplegar siempre su mejor fútbol, conserva una capacidad competitiva que muy pocos equipos poseen.
Suiza coincide. No rehúye el diagnóstico, pero tampoco renuncia a soñar.
El silencio con el que se entrenó durante estos días contrasta con la convicción de sus protagonistas. Nadie promete hazañas ni lanza frases provocadoras. Todo lo contrario: el discurso está cargado de prudencia. Debajo de esa cautela, sin embargo, aparece una certeza compartida. Creen que este puede ser el partido que cambie su historia.
Argentina intentará demostrar que la lógica sigue vigente. Suiza buscará romperla.
Y, en una ciudad que ya empieza a teñirse de celeste y blanco, los europeos dejaron un mensaje antes de que ruede la pelota: respeto absoluto por Messi, admiración por el campeón del mundo, pero ni una pizca de miedo.
Porque, cuando el árbitro marque el comienzo, las palabras quedarán atrás. Y solo sobrevivirá el fútbol.

