Trastienda. El silencio de Messi, Bangladesh y un "pasillo" que también juega: así se fue la selección de Dallas

Mientras miles de hinchas seguían cantando afuera del Dallas Stadium, el plantel argentino emprendió el viaje hacia Miami con la clasificación asegurada. Lionel Messi evitó la zona mixta, sus compañeros tomaron la palabra y una escena inesperada con periodistas de Bangladesh.

28 de junio de 2026 a las 09:18 a. m.
Sebastián Roggero
Sebastián Roggero
Enviado especial a Estados Unidos
El silencio de Messi, Bangladesh y un "pasillo" que también juega: así se fue la selección de Dallas
Lionel Messi marca el tercer tanto para el triunfo 3-1 de Argentina sobre Jordania en el cierre del Grupo J del Mundial 2026.

Todo el mundo esperaba escuchar a Lionel Messi. Y justamente por eso, la imagen de la noche fue verlo pasar... sin decir una palabra. A veces, los silencios cuentan tanto como las declaraciones. En el pasillo que conecta los vestuarios con la salida del Dallas Stadium, donde la Fifa monta la tradicional zona mixta para que los futbolistas hablen con los medios de comunicación de todo el mundo, decenas de periodistas aguardaban ese instante. La expectativa era lógica. Messi acababa de entrar en el segundo tiempo, resolver el partido con un gol que liquidó el 3-1 sobre Jordania y confirmar, una vez más, que sigue apareciendo cuando la selección lo necesita.

Pero el capitán tenía otros planes. Después de haber hablado tras el debut con tres goles frente a Argelia y de volver a atender a la prensa luego del triunfo sobre Austria, eligió correrse del centro de la escena. Literalmente.

Escoltado por Rodrigo De Paul y mezclado entre varios de sus compañeros, atravesó la zona mixta casi como uno más. Saludó, caminó con tranquilidad y dejó que las preguntas encontraran otros destinatarios. No fue un desaire. Fue casi una decisión de vestuario. Esta vez les tocaba hablar a los que habían sostenido el equipo desde el arranque.

Uno de ellos fue Nicolás Otamendi. El defensor transmitía esa mezcla de tranquilidad y emoción que tienen los futbolistas cuando saben que hicieron los deberes. Argentina terminó primera del Grupo J con puntaje ideal y, más allá de algún sobresalto tras el descuento jordano, volvió a mostrar por qué llega como una de las grandes candidatas al título.

También habló Emiliano "Dibu" Martínez. Confirmó que la molestia en uno de los dedos de su mano ya casi quedó atrás, que puede entrenarse sin dolor y que el grupo atraviesa un gran momento futbolístico. Leandro Paredes destacó la competitividad de un plantel que ganó los tres partidos de la fase de grupos sin perder la identidad. Nicolás Paz, en su primer Mundial como titular, eligió mirar un poco más allá del resultado. Valoró la vigencia de la "vieja guardia", con referentes como Otamendi, Paredes o Lautaro Martínez, y agradeció la confianza recibida para seguir sumando minutos con la camiseta argentina.

Mientras tanto, Messi ya había desaparecido del pasillo. Sin embargo, la escena más inesperada de la noche todavía estaba por llegar. Cuando parecía que la zona mixta comenzaba a vaciarse, un grupo de periodistas de Bangladesh detuvo al preparador físico Alejandro Martín. Querían hacerle una pregunta que, vista desde Sudamérica, puede parecer extraña. Vista desde Asia, tiene toda la lógica.

Amor a la distancia

¿Cómo vive la Selección el cariño que recibe desde Bangladesh? La pregunta no nació por casualidad. En ese país, Argentina se convirtió hace años en un fenómeno cultural. Los partidos de la Albiceleste paralizan ciudades, aparecen caravanas, banderas celestes y blancas, calles colmadas de hinchas y festejos que parecen sacados de cualquier barrio argentino. Es, probablemente, el rincón más argentino de Asia. Instantes después apareció el Dibu Martínez. También frenó unos segundos para responderles. Les agradeció el apoyo, les dijo que todo el plantel conoce el afecto que llega desde Bangladesh y que sentirse parte de la felicidad de millones de personas al otro lado del mundo es un orgullo enorme. Fue apenas un minuto. Pero alcanzó para entender que este equipo ya desbordó hace rato las fronteras argentinas. Mientras eso ocurría puertas adentro, afuera seguía otro espectáculo.

Los bombos no se callaban. Las banderas continuaban flameando y cientos de hinchas se resistían a abandonar el estadio. Cantaban como si el partido siguiera jugándose. Como si todavía quedara un gol más de Messi por gritar.

La selección, ya arriba del vuelo chárter, emprendía viaje rumbo a Kansas City para preparar el cruce del viernes frente a Cabo Verde por los 16avos de final, en Miami.

Atrás quedaba Dallas. Atrás quedaba otro triunfo. Y también otra postal que ayuda a explicar por qué este equipo moviliza tanto.

Messi eligió el silencio. Sus compañeros tomaron la palabra. Los hinchas siguieron cantando. Bangladesh volvió a decir presente desde el otro lado del planeta. Y Argentina, casi sin hacer ruido, dio un paso más en ese sueño que ya no se anima a esconder nadie: volver a levantar la Copa del Mundo. El "ahora nos volvimos a ilusionar" de la canción "Muchachos" está más activo que nunca.