La historia de Jorge Sampaoli, el nuevo DT de Talleres, es un relato de ascenso meteórico, obsesión táctica y una búsqueda incesante de identidad que lo llevó desde los árboles de Casilda hasta la cima del fútbol mundial. Su figura quedó sellada en los libros de historia cuando, en 2015, condujo a la selección de Chile a conquistar la primera Copa América de su existencia.
En una final dramática disputada en un Estadio Nacional repleto, el equipo del "Zurdo" logró neutralizar a la Argentina de Gerardo Martino y, fundamentalmente, a un Lionel Messi que llegaba en plenitud. Para Sampaoli, el plan fue claro: evitar que la pelota llegara a las áreas para que el talento individual argentino no pesara, logrando que el partido se jugara en la zona de transición.

Tras el 0-0 en los 120 minutos, la definición por penales, coronada por la jerarquía imprevisible de Alexis Sánchez, le dio a Chile una “justicia” que, según el DT, debió llegar antes.
Ese éxito no fue casualidad. Sampaoli ya venía de revolucionar el fútbol trasandino con la Universidad de Chile, ganando un tricampeonato y la Copa Sudamericana 2011 de forma invicta. Su estilo, heredero de la verticalidad de Marcelo Bielsa pero mutando hacia la posesión de Pep Guardiola, lo posicionó como el mejor entrenador del continente para el diario El País y el mejor del mundo para la IFFHS en 2015. Incluso la Fifa lo incluyó en la terna de los tres mejores del planeta junto a Luis Enrique y a Guardiola.
Su salto a Europa fue igualmente impactante. Al frente del Sevilla, Sampaoli no solo logró resultados, sino que devolvió al club su "esencia de fútbol arte". Bajo su mando, el equipo andaluz completó la mejor primera rueda de su historia con 42 puntos, compitiendo de igual a igual con el Real Madrid de Zidane y el Barcelona de Messi.
Monchi, el arquitecto deportivo del Sevilla, describió su contratación como un "volantazo transgresor" para buscar una propuesta más osada y ambiciosa que la de su predecesor, Unai Emery. En España, Sampaoli era el "técnico de moda", elogiado por figuras como Jorge Valdano y el propio Rey Felipe VI.
Fue en ese contexto de éxito europeo cuando el nombre de Sampaoli se volvió una obsesión para la dirigencia argentina. Claudio "Chiqui" Tapia, flamante presidente de la AFA en una institución sumida en el caos tras la salida de Martino y el breve paso de Bauza, no dudó: "Tenemos al mejor técnico del mundo", afirmó al recibirlo.
Para concretar su llegada, la AFA tuvo que negociar la salida anticipada del Sevilla, pagando una cláusula de rescisión que rondaba los 8 millones de euros. Sampaoli aceptó el reto en un momento en que nadie quería tomar el timón de una selección argentina que corría riesgo de quedar fuera del Mundial de Rusia 2018. Su motivación era máxima: representar a su bandera y tener la oportunidad de dirigir a Messi todos los días.
Sin embargo, el paso por la "Albiceleste" fue convulso. Aunque Sampaoli intentó aplicar su metodología basada en la persuasión y el liderazgo –estudiando incluso discursos de Juan Domingo Perón para entender cómo conducir a las masas sin obligar–, no logró impregnar al equipo de la identidad que deseaba. En sus 15 partidos al mando, obtuvo siete triunfos, cuatro empates y cuatro derrotas, pero la sensación de anarquía interna y la falta de un funcionamiento sólido marcaron su ciclo.
A pesar de las críticas y de una salida traumática tras el Mundial 2018, Sampaoli dejó una herencia invisible que pocos supieron valorar en su momento: la continuidad de su cuerpo técnico. Entre sus colaboradores, se encontraba Lionel Scaloni, un analista de video que se había sumado a su grupo de trabajo en Sevilla. Scaloni, quien tras un breve paso por las juveniles terminó convertido en el seleccionador principal, fue quien finalmente capitalizó el aprendizaje de esos años de crisis.
“Sin dudas, Scaloni fue mejor seleccionador que ayudante. Fue una sorpresa. El inicio de un entrenador es lo más puro. Muchas veces, encontramos mejores entrenadores, más decididos, más claros y sin temores, en el inicio que en los finales”, planteó el DT cuando le preguntaron cómo valoraba el éxito del conductor de la Scaloneta en el diario El País”.
“No me puedo apoderar de ese mérito. Solo quise ayudar a un exjugador que empezaba a participar de un proyecto y nada más. Él, en mi cuerpo técnico, participaba más que nada acercándose al jugador. Fue todo muy rápido y supo consolidarse en una situación que era favorable”, agregó el DT.
Lo que comenzó como una transición incierta terminó en la era más gloriosa del fútbol moderno para Argentina. Aquel analista que llegó de la mano de Sampaoli condujo a la selección a romper la sequía con las Copa América de 2021 y de 2024, la Finalíssima 2022 (y la adjudicada de 2026 por ausencia de España, el rival), alcanzando el cenit con la Copa del Mundo en Qatar 2022.
Sampaoli, el hombre que llegó como el salvador ungido por Tapia, quizás no pudo darle su sello al equipo, pero fue el puente necesario para que el destino acomodara las piezas de un legado que hoy es leyenda.

