Hay finales que se juegan a todo o nada en 90 minutos. Y hay otras que empiezan bastante antes, lejos del césped, en escritorios donde también se compite, se presiona y se define. La del Torneo Apertura 2026, que el domingo 24 de mayo a las 15.30 tendrá su capítulo decisivo en el Mario Alberto Kempes, pertenece a esa segunda categoría. Una historia de gestiones, llamados y muñeca política que terminó con Córdoba quedándose con el partido que todos querían.
Porque no era una sede más. Era la final. Y en esa carrera hubo varios que apretaron el acelerador. Mendoza y San Luis jugaron fuerte, ofrecieron condiciones, se movieron rápido. Pero Córdoba tuvo algo más: decisión y persistencia. Desde arriba, el gobernador Martín Llaryora marcó el rumbo: había que traer la final. Y la orden bajó con nombre y apellido.
Agustín Calleri, presidente de la Agencia Córdoba Deportes, tomó la posta. Se metió en reuniones, siguió el tema de cerca y empujó hasta el final. Pero no estuvo solo. En la trama fina apareció también Juan Manuel Cavagliatto, presidente de Instituto y hombre cercano a Claudio Tapia. Un vínculo que, en estas historias, pesa. Y mucho.
“Me parece que es apropiado que se juegue la final en Córdoba por el estadio que tenemos. Esto es una gestión que hizo el gobernador junto al presidente de AFA. El año pasado ya le había pedido que tuviera en cuenta al Kempes para una final. Todos saben las bondades que tiene el estadio nuestro”, le dijo Calleri a este diario. Sin cassette, con ese tono de gestión que mezcla orgullo y argumento.
No fue magia. Fue insistencia. “Por suerte las gestiones llegaron a buen puerto. Ya después me hice cargo yo de las negociaciones junto con la Liga Profesional. Nos ayudó un poco Cavagliatto, con quien tengo muy buena relación. Por una cercanía nos dio una mano”, agregó. Traducido al lenguaje de pasillo: Córdoba jugó bien sus cartas.

La rosca que no se ve
En el medio, claro, aparecen los números. Siempre aparecen. Se habló de cifras altas, de un desembolso de unos 600 millones de pesos para asegurarse la sede. Pero Calleri eligió bajarle el volumen: “La Provincia se tiene que hacer cargo de algunas cuestiones. Esto es un mix entre público y privado. Porque en el medio está la empresa ProdEnter, que organiza todos estos eventos y trabajan hace años con AFA. Ellos se hacen cargo de algunos costos también. Y la Provincia de otros. Siempre nos manejamos así con varios eventos”.
Así, el Kempes le ganó la pulseada a escenarios que venían con la lapicera caliente, como el Madre de Ciudades de Santiago del Estero, que en los últimos años había hecho de las finales su hábitat natural. Esta vez, la balanza se inclinó para Córdoba. Por capacidad (57 mil), por conectividad, por estructura. Y también por contexto.
“El campo de juego nuestro es el mejor de la Argentina. Y los jugadores nos dicen lo mismo. Después tenemos buenas zonas aledañas, lindos parques al lado, mucho estacionamiento, la Circunvalación al lado y la seguridad. Acá la Policía trabaja bien con el Ministerio, se han jugado muchos partidos importantes con hinchas de diferentes equipos. Hasta un Boca-River y no pasó nada. Todo eso se pone en la mesa cuando hay que decidir estas cuestiones”, sostuvo Calleri. Un alegato que suena a dossier, pero también a defensa de local.
Mientras tanto, la pelota sigue girando y el torneo entra en su punto más caliente. Este fin de semana se juegan las semifinales: Belgrano irá a La Paternal contra Argentinos Juniors y River recibirá a Rosario Central. Pero en Córdoba no es una previa más. Hay algo que se metió en la piel de la ciudad: la posibilidad concreta de que el Pirata defina un título en su propia tierra.
Y ahí la historia toma otro color. Más emocional, más de barrio, más de tribuna. Porque no es lo mismo esperar una final… que imaginarla propia. El Kempes ya está. Falta Belgrano.

El sueño celeste en casa
“El escenario ideal es que Belgrano esté en la final, no importa con quién porque tanto River como Rosario Central pueden llenar todo”, soltó Calleri, con una sonrisa que se adivina del otro lado de la frase. Es el deseo que cruza Córdoba de punta a punta.
En paralelo, hay detalles que también juegan su partido. Como el nuevo estacionamiento en las inmediaciones del estadio, una obra clave pensando en la logística de un evento de esta magnitud. “Lo del estacionamiento es competencia de Caminos de las Sierras, están trabajando para poder llegar. La intención es que pueda estar habilitado así estacionan ahí, están trabajando bastante, están apuntando para poder habilitarlo ese día”, explicó.
Así se arma el escenario. Con cemento, con decisiones y con expectativas. Córdoba ya ganó una final antes de tiempo: la de ser sede. Ahora va por más. Con Belgrano soñando, con la ciudad empujando y con ese clima que mezcla ansiedad y orgullo.
Porque en el fútbol argentino, donde todo se discute y todo se vive al límite, también hay partidos que se juegan en silencio. Y este, el del Kempes, Córdoba lo supo jugar. Ahora falta el otro. El que todos quieren ver.

