Instituto. “Quiero ver cómo está mi pieza”: el lado más íntimo de la visita de Dybala a La Agustina
Paulo pasó casi una hora y media este lunes en el predio, recordó sus años en la pensión y habló con los chicos de las inferiores. En el club lo esperan siempre; el sueño de verlo otra vez con la de la Gloria sigue más vivo que nunca.
Las imágenes recorrieron las redes sociales en cuestión de minutos. Paulo Dybala sonriendo en La Agustina, rodeado de chicos de las inferiores y con el mensaje de Instituto que resumía el sentimiento de todo un pueblo futbolero: "La Gloria siempre será tu casa".
Pero detrás de esas fotos hubo una historia que hasta ahora no se había conocido. Una visita cargada de recuerdos, de emociones y de gestos que explican por qué, cada vez que "La Joya" vuelve a pisar territorio glorioso, miles de hinchas se permiten soñar con verlo nuevamente vestido de rojo y blanco.
Porque Dybala nunca dejó de ser un hijo de Instituto. Y en Instituto jamás dejaron de esperarlo.
Una visita que se hizo esperar
El encuentro llevaba un buen tiempo gestándose. El presidente Juan Manuel Cavagliatto venía insistiendo desde hacía meses para que Paulo pudiera conocer el renovado predio de La Agustina, un lugar muy distinto al que había dejado en 2012 cuando partió rumbo al Palermo para iniciar una carrera que lo llevaría a conquistar el mundo.
El contacto entre ambos es frecuente y la idea era encontrarse personalmente. Sin embargo, el dirigente se encuentra en Estados Unidos acompañando a la delegación argentina durante el Mundial. Antes de viajar, le dejó un mensaje que terminó siendo determinante.
"No voy a estar ahora en Córdoba. Pero si podés ir, hacelo. Quiero que vayas a La Agustina, aunque yo no pueda estar", fue el pedido que le hizo.
Paulo aceptó, aunque sin confirmar la fecha. Sólo pidió una condición: absoluta reserva. No quería cámaras esperándolo ni un evento preparado especialmente para él. Quería volver como quien regresa a su casa.
Y así sucedió.

El regreso a la habitación donde empezó todo
La sorpresa fue total cuando el guardia del predio levantó la vista y vio aparecer al campeón del mundo por la entrada principal.
Poco a poco, comenzaron a acercarse dirigentes y empleados. El recorrido incluyó el edificio del plantel profesional, los nuevos gimnasios, la cancha de césped sintético y las remodelaciones que transformaron por completo a La Agustina.
Todos imaginaban que esas obras serían lo que más llamaría su atención. Pero Paulo tenía otra prioridad.
"Quiero ver cómo está mi pieza", dijo casi sin dudar. No buscaba conocer lo nuevo. Quería reencontrarse con el lugar donde creció.
Esa habitación de la pensión en la que vivió siendo adolescente sigue ocupando un lugar especial en su memoria. Allí pasó años decisivos de su vida, incluso cuando ya integraba el plantel profesional que dirigía Darío Franco en la inolvidable campaña de la temporada 2011-2012.
Cuando finalmente la encontró, el tiempo pareció detenerse por un instante. Observó cada rincón con nostalgia y, antes de irse, les hizo un pedido sencillo a los chicos que hoy viven allí. Que la cuidaran. Como si también estuviera cuidando una parte de su propia historia.

El mensaje que emocionó a los pibes
Quizás el momento más fuerte de la jornada llegó cuando comenzaron a regresar los juveniles desde el colegio.
Muchos no podían creer que, al abrir la puerta de la pensión, los estuviera esperando un futbolista top de Europa y campeón del mundo.
No hubo discursos preparados. Tampoco frases de compromiso. Hubo experiencia. Y corazón.
"Cualquiera de ustedes puede llegar. A mí se me dio, tuve la suerte de poder jugar dos veces un Mundial. Y yo vengo de un pueblo a lo mejor mucho más chico del que eran ustedes", les dijo.
Los chicos escuchaban en silencio. Entonces llegó otra frase que seguramente muchos guardarán para siempre: "Los sueños llegan para todos, no aflojen. Parecen que están lejos, pero no está lejos todo esto. De verdad les digo".
No hablaba solamente un campeón del mundo. Hablaba aquel adolescente que alguna vez durmió en esas mismas habitaciones imaginando exactamente el mismo sueño que hoy persiguen ellos.
🏆 𝘿𝙚 𝙪𝙣 𝙘𝙖𝙢𝙥𝙚𝙤́𝙣 𝙙𝙚𝙡 𝙢𝙪𝙣𝙙𝙤 𝙖𝙡 𝙛𝙪𝙩𝙪𝙧𝙤 𝙜𝙡𝙤𝙧𝙞𝙤𝙨𝙤:
— Instituto ACC (@InstitutoACC) June 30, 2026
"𝐿𝑜𝑠 𝑠𝑢𝑒𝑛̃𝑜𝑠 𝑙𝑙𝑒𝑔𝑎𝑛 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑡𝑜𝑑𝑜𝑠".
El mensaje de @PauDybala_JR a los juveniles de la pensión albirroja 🇦🇹 pic.twitter.com/ABPfOwEZ4Q
Una tarde en familia y con olor a hogar
La visita duró cerca de una hora y media y tuvo un marcado tono familiar.
Dybala llegó acompañado por su mamá, Alicia Suárez; su hermano Gustavo; su esposa, Oriana Sabatini; la pequeña Gia, nacida el pasado 2 de marzo, y también por Catherine Fulop y Osvaldo "Ova" Sabatini, sus suegros desde hace ya un buen tiempo.
Dybala mostrándole con mucha felicidad a su hija Gia la camiseta que le regalaron en Instituto, hermoso 🥹🫶🏻 pic.twitter.com/DuhYmORHdA
— Modo Scaloneta 🇦🇷🏆 (@ModoScaloneta) June 30, 2026
Lejos del protocolo, todos compartieron fotos, charlas y sonrisas con los chicos de la pensión. Fue una tarde íntima, sin estridencias.
Una de esas visitas que difícilmente aparezcan completas en una publicación de redes sociales, pero que quedan grabadas para siempre en quienes tuvieron la suerte de vivirlas.
El sueño que nunca deja de latir
Cada vez que Paulo Dybala aparece por La Agustina o por Alta Córdoba, ocurre exactamente lo mismo. La ilusión vuelve a encenderse. Los hinchas imaginan ese regreso que el fútbol cordobés parece deberse.
Sueñan con verlo otra vez entrando al Monumental de Alta Córdoba con la camiseta de Instituto, la misma con la que debutó siendo apenas un adolescente antes de conquistar Europa y levantar la Copa del Mundo.
Desde el club, nunca escondieron ese deseo. Al contrario. Las puertas de Instituto siempre estuvieron, están y estarán abiertas para uno de los futbolistas más importantes surgidos de su cantera.
La decisión, claro, dependerá exclusivamente de él y del momento en que considere que es tiempo de volver.
Mientras tanto, cada visita funciona como un recordatorio de que el vínculo sigue intacto.
Porque Dybala podrá ser figura de Roma, campeón del mundo y una estrella reconocida en cualquier rincón del planeta.
Pero cuando cruza el portón de La Agustina, vuelve a ser aquel chico de Laguna Larga que perseguía una pelota con la ilusión de llegar.
Y quizá por eso, porque nunca rompió ese lazo con el lugar donde empezó todo, los hinchas de Instituto siguen creyendo que algún día la historia tendrá el final que todos imaginan: verlo regresar para escribir, ahora sí, el último gran capítulo de su carrera con la camiseta que primero aprendió a amar.



