No olvida. Parnisari, su recuerdo de Instituto y el mensaje al “Palomo”

“El Vikingo” habló tras jugar Copa Argentina en Córdoba, agradeció a los hinchas gloriosos y salió a respaldar a Fernando Alarcón. “En la Gloria tuve los mejores dos años de mi carrera”, aseguró.

08 de abril de 2026 a las 10:15 a. m.
Parnisari, su recuerdo de Instituto y el mensaje al “Palomo”
Parnisari en cancha de Belgrano este martes frente a Estudiantes de Río Cuarto.

Ezequiel Parnisari volvió a Córdoba por un rato, lo justo y necesario. Fue por la Copa Argentina, con San Martín de Tucumán, en una tarde de dientes apretados en Alberdi que terminó en festejo por penales ante Estudiantes de Río Cuarto. Pero más allá del resultado, hubo algo que hizo ruido en Alta Córdoba. Algo que tocó una fibra que no se desgasta con el paso del tiempo.

“El Vikingo” habló después del partido y, como quien no quiere la cosa, se metió otra vez en el corazón de Instituto. Sin camiseta, sin obligación, pero con memoria.

“Siempre me cruzo con algún hincha de Instituto porque andan por todos lados”, tiró, con una sonrisa que suena a pertenencia. Y enseguida dejó la frase que pinta de cuerpo entero lo que significó su paso por la Gloria: “Fueron los mejores dos años de mi carrera. Solo tengo palabras de agradecimiento”.

No fue una declaración más. Fue un guiño cargado de historia. Porque Parnisari no fue un jugador más en aquel equipo del 2022: fue columna vertebral, fue voz de mando, fue ese central que no negociaba nada. Junto a Fernando Alarcón armó una zaga que todavía hoy se recuerda en Alta Córdoba. Dos perfiles derechos, sí, pero una sociedad que funcionó como pocas. Se entendían sin mirarse, se cubrían, se potenciaban. Eran seguridad.

Respaldo al capitán

Y ahí apareció otro de los puntos fuertes de su testimonio. Parnisari habló del presente de Alarcón, hoy capitán del equipo, y lo bancó como se banca a los de adentro. “El Negro sabe lo mucho que lo aprecio. Últimamente se sentía criticado, pero los jugadores tienen bajones. Es normal. Él siempre deja todo y va a dar la vida por la Gloria”, dijo a 351 Deportes. Sin cassette, directo. Como jugaba.

Las palabras no hacen más que reforzar una idea que en Instituto conocen bien: aquel ascenso no fue casualidad. Fue construcción colectiva, con líderes visibles y otros silenciosos. Alarcón, incluso, fue uno de esos capitanes sin cinta (ahora la lleva) que terminó escribiendo su nombre con el gol más importante.

Y si faltaba una imagen para entender quién era Parnisari en ese equipo, aparece la anécdota que supo contar su pareja y que lo pinta entero: escaparse de un sanatorio, con una apendicitis en puerta, porque tenía que jugar una semifinal con la Gloria. De película, sí. Pero real. Tan real como ese compromiso que hoy, a la distancia, sigue siendo reconocido.

Parnisari pasó, jugó y se fue. Pero dejó algo más que un resultado. Dejó palabras que en Alta Córdoba todavía hacen eco. Porque hay vínculos que no se rompen, ni siquiera cuando la camiseta cambia.