La Voz en el Mundial. Ocean Drive, la "peatonal" de Miami en la que se vive en "argentino"
A poco del cruce entre Argentina y Cabo Verde, la calle más famosa de Miami Beach dejó de ser solamente un paseo turístico. Entre hoteles art decó, bares, palmeras y bicicletas, las camisetas celestes y blancas se adueñaron del paisaje y transformaron el corazón de la ciudad en una extensión de cualquier rincón futbolero del país.
Sería como si otra cultura copara la peatonal de Córdoba. Y con fuerza. Y con distinción. Está pasando en Miami. Está pasando con argentinos. Está pasando con cordobeses. Se adueñan de la escena. Porque hay ciudades que cambian con un Mundial. Ocean Drive, la postal más conocida de Miami Beach, vive esa transformación.
La avenida que durante el resto del año es sinónimo de turistas, autos de lujo, restaurantes al aire libre y edificios art decó, ahora late al ritmo de los bombos imaginarios de los argentinos. A días del partido entre Argentina y Cabo Verde por los 16avos de final del Mundial 2026, caminar por esas cuadras es escuchar mucho más español que inglés. Y, por momentos, hasta da la sensación de que Córdoba quedó bastante más cerca de lo que marcan los mapas.
La escena se repite una y otra vez. Una camiseta de Lionel Messi aparece a lo lejos. Detrás viene otra. Después una de Julián Álvarez. Una retro del Mundial de 2022. La alternativa azul. La del '86 con el 10 de Diego Maradona. Y otra vez Messi. En cuestión de metros, la proporción resulta abrumadora: por cada camiseta de otra selección aparecen varias argentinas.
México también dice presente. Se ven muchos hinchas vestidos de verde, aprovechando que también disputa esta fase del torneo. Pero la sensación general es otra. Ocean Drive, por estas horas, habla argentino. Y fue tremendo lo del miércoles a la noche. Ocean Argentina, podría haber sido el nombre correcto para el sector. Cánticos, show. De todo. Para todos.
No hace falta siquiera llevar la camiseta para identificar a los hinchas. Algunos caminan con una bandera sobre los hombros. Otros se detienen frente a los bares para seguir los partidos que pasan por las pantallas. Hay familias completas, grupos de amigos y parejas que llegaron desde distintos puntos del país para acompañar a la selección. Muchos todavía conservan el entusiasmo del multitudinario banderazo realizado días atrás en Dallas y ya organizan el próximo encuentro en Miami. Lo de anoche pareció un banderazo.
Y en el recorrido aparecen historias de todos los colores. Una mendocina admite que vino para seguir a la selección “hasta donde llegue”, aunque reconoce que todavía no consiguió entradas para el partido porque “están caras”. Igual no pierde la sonrisa. El viaje ya valió la pena.
Unos metros más adelante, un napolitano exhibe un enorme tatuaje de Diego Maradona en una de sus piernas. No necesita demasiadas palabras para explicar el motivo. “Más que Dios”, dice con una convicción que atraviesa cualquier idioma. Cuando le recuerdan que este año se cumplen cuatro décadas del título de México '86, asiente con emoción. En Nápoles, asegura, Diego sigue estando presente todos los días.
La pelota también aparece entre los más chicos. Un nene hace jueguitos vestido de Messi mientras los turistas se detienen a mirarlo. Alrededor, celulares en alto, sonrisas y aplausos espontáneos. El fútbol funciona como idioma universal incluso en una ciudad acostumbrada a convivir con decenas de nacionalidades. Porque esa es otra de las particularidades de Ocean Drive. En apenas unas cuadras conviven cubanos, italianos, estadounidenses, mexicanos, argentinos, brasileños y turistas de cualquier rincón del planeta. Todos comparten el mismo espacio sin sobresaltos. Pese a la enorme cantidad de hinchas que ya llegaron a Miami, el ambiente transcurre con absoluta tranquilidad. La presencia policial es constante, los carriles para bicicletas se respetan y la convivencia parece ser parte del espectáculo.
Mientras cae la tarde, las mesas al aire libre empiezan a llenarse. Los hoteles iluminan sus fachadas de colores pastel y las palmeras terminan de construir una postal que parece diseñada para el turismo. Sin embargo, el Mundial modifica incluso ese escenario. Cada conversación deriva, tarde o temprano, en la misma pregunta: quién pasa de ronda, quién juega mejor, cuánto costaron las entradas o cuándo vuelve a jugar Messi. Ni siquiera el clima quiso ajustarse al libreto. El cielo gris y el viento sorprendieron a varios visitantes que esperaban el calor sofocante de Miami. Pero ni eso alteró el ánimo. La temperatura puede bajar algunos grados. La fiebre mundialista, no.
En una ciudad donde conviven playas, cruceros, compras y vida nocturna, el fútbol consiguió quedarse con el centro de la escena. Ocean Drive ya no es solamente una de las avenidas más famosas de Estados Unidos. Durante estos días es el punto de encuentro de miles de argentinos que cruzaron un continente para seguir detrás de una ilusión.
Y mientras falta cada vez menos para que la pelota empiece a rodar frente a Cabo Verde, esa calle demuestra que los Mundiales tienen una capacidad única: convertir cualquier rincón del planeta en un pedacito de Argentina. Incluso en el corazón de Miami. Y sí, se habla de entradas. De precios. De hielo para el ferné. Y de cómo Messi y la Argentina sueñan a lo grande en este Mundial. Ocean Drive es Ocean Argentina.

