El partido se está por morir y todo indica que habrá alargue.
Belgrano ya hizo una patriada heroica, otra vez, para empatarle a River Plate. Están 2-2 y son los últimos minutos.
El Kempes es un temblor constante. Cada pelota dividida se juega como si fuera la última. No hay cálculo, no hay pausa. Es puro corazón.
Todos recuerdan el partido en La Paternal ante Argentinos Juniors: empate agónico, alargue, penales. Celebración. Fiesta. Emoción.
Pero el tipo de 37 años todavía tiene hambre. Todavía quiere más.
Entonces se tira al piso a trabar contra la línea, contra un pibe de 18 años que salta. Que no quiere luchar.
Franco Vázquez gana ese duelo. Con oficio. Con timing. Con carácter. No es una jugada vistosa, pero es una jugada que cambia el aire del partido.
Siempre se tildo en sus principios a Franco "el mudo" Vazquez de un jugador frio o q no corria.
— 𝐊𝐢𝐤𝐨𝐂𝐀𝐁⭐️ (@kikocab29) May 25, 2026
ESTA JUGADA LE DIO UN TITULO A NUESTRO QUERIDO BELGRANO
A LO BELGRANO MUDO QUERIDO ASI SE JUEGAN LAS FINALES CARAJO!!! pic.twitter.com/Y6e4WbohkC
Juan Cruz Meza queda en el piso. Y la pelota queda dormida en su pie izquierdo, con mucha gente en el área de River, todos apretados en pocos metros, sin espacio para respirar. Entre ellos está el predestinado Nicolás Fernández, pero esa es otra historia.
Nos quedemos en Vázquez, aquel pibe talentoso al que le caía cierta crítica en sus comienzos por eso mismo: por no tener “garra”, por no tirarse al piso, por ser “demasiado elegante”.

Es el mismo Vázquez que volvió desde Europa para darle una mano más al Belgrano que lo formó. Ya lejos de una plenitud jovial, pero con la experiencia suficiente en su zurda para bancarse partidos pesados.
Y esta final contra River era exactamente eso: un partido muy pesado, con un Kempes repleto a rabiar, con el ruido empujando desde las tribunas y con la tensión de un título que se escapa o se gana en un segundo.
Lo que llegaría después es casi una escena en cámara lenta.
Vázquez levanta la cabeza con Meza todavía en el suelo. Ajusta el cuerpo. No tiene mucho tiempo, pero tampoco lo necesita. Su lectura es inmediata. Abre la zurda y mete un centro tenso, preciso, con la violencia justa para atravesar el área.
La pelota cruza un mar de piernas, dudas y desesperación. Y termina en la locura. En el 3-2. En el inicio del día más glorioso de Belgrano en su historia.

Un instante después, el silencio raro que queda después de los goles importantes. Y enseguida, la explosión. La tribuna que se cae. Los jugadores que no saben dónde ir. Todo desordenado. Todo emoción.
Un rato después, las lágrimas de todos. Incluido Franco Vázquez, que a veces parece incapaz de emocionarse. Porque es un tipo serio, callado, poco demostrativo. Pero esta vez no puede esconder nada.
Para expresivo estuvo siempre su fútbol.
Desde su regreso dejó en claro que lo viejo funciona. Que la jerarquía no se jubila. Y terminó siendo importante incluso ingresando desde el banco en los partidos finales, bajo la conducción de Ricardo Zielinski, que supo cuándo y cómo utilizarlo en este tramo decisivo.

“Este equipo nunca se rindió, fuimos a buscarlo y por suerte se dio… Soñé siempre con volver a esto. Darle el primer título creo que es algo increíble”, contó el “Mudo”.
En Europa había mucha gente contenta por él. Porque allá también la rompió.
El cordobés hizo una carrera para envidiar: Palermo, Rayo Vallecano, Sevilla FC —donde es ídolo—, además de Parma y Cremonese.
Franco Vázquez fue el único sobreviviente de otro partido histórico: aquel del 2011 en la promoción que mandó a River al descenso. En aquel momento fue titular y figura total de esa serie.

Ahora, 15 años después, volvió a aparecer en otra noche histórica contra el mismo rival.
Otra vez en el lugar exacto. Otra vez en el momento justo.
El “Mudo” que siempre habló con lo más importante: su fútbol.

