Gente Picante. Nicolás Cavigliasso y Valentina Pertegarini, del campo al desierto: El Dakar no te da momentos para reproches

La dupla cordobesa explica la lógica extrema de la competencia y cómo aprendieron a no enredarse en el error. La adrenalina es constante y el entrenamiento previo es clave. Aman competir y el campo de General Cabrera, las vacas y el verde de Córdoba.

12 de abril de 2026 a las 08:01 a. m.
Nicolás Cavigliasso y Valentina Pertegarini, del campo al desierto: El Dakar no te da momentos para reproches
Ganadores del Campeonato del Mundo 2025, en la premiacion FÍA en Uzbekistán.

–¿Te imaginaste alguna vez ser copiloto?

–Valentina: No, nunca, nunca. Realmente, yo siempre fui apasionada del deporte, me gustan todos, pero el deporte motor empezó cuando conocí a Nico. Siempre tan apasionada en todo lo que hago que cuando me subí a una primera prueba, dijimos: “Bueno, acá vamos por todo”.

–¿Y a vos, Nico, los motores... desde cuándo?

–Nicolás: Desde chico. Yo siempre viví en el campo; tengo una foto de muy chiquito arriba de un karting, que era como un pata a pata, y andaba para todos lados. Desde chico, siempre mi sueño era correr en motocross. A mi papá las motos no le gustan y empezamos un poco con los cuatris, ir a la escuela agraria en cuatri, y de ahí empecé con el mundo de los fierros, pero arriba de un cuatriciclo.

–¿Y cuándo eso se convirtió en competencia?

–Nicolás: Y empecé a los 16 años. A los 15, me armé una pista en mi casa. Vivimos en el campo, cerquita de General Cabrera, y ahí me hice como una pistita con el tractorcito, acomodé un poco, me hice unos saltitos y ahí empecé a saltar, a empezar un poco esa adrenalina. Y bueno, un amigo de mi papá, que nos cosecha en el campo, tenía un cuatri más grande que el mío y él me enseñó a saltar, un poco de técnica, y empezó a insistirle a mi papá para que me cambiara a un cuatri más grande, y ahí empezar a correr juntos.

–¿Tu papá estaba de acuerdo?

–Nicolás: Mi papá un poco no, pero siempre me apoyó. Realmente, desde el día uno que empecé a correr, los nervios que llevaba eran inmensos. Caminaba todo el día por todo el circuito porque el cuatriciclo es un deporte en el que, si bien tratamos de hacerlo de la mejor forma para no golpearnos, vamos muy expuestos y es peligroso. Corrí durante 10 años en cuatriciclo. Es igual que motocross, pero es cross con circuito, con saltos.

–¿Y cuándo te pasaste al auto?

–Y empecé después de correr un poco en cross. Tuve la posibilidad también de viajar afuera, de poder correr en Estados Unidos tres temporadas. Y siempre el Dakar me apasionaba. Con Vale íbamos atrás de los alambres a las sierras acá, de Córdoba, a ver el Dakar cuando pasaba... y siempre me encantó, siempre quería poder correr esa carrera, la carrera más dura del mundo. Y mi papá siempre tenía un poco más de respeto con la carrera porque realmente es muy peligrosa, hasta que llegó un momento en que dije: “Ya está, quiero cambiar, quiero ir al rally para probar el Dakar”. Tuve la posibilidad de correr tres Dakar en cuatriciclos, en los que Valentina era la encargada de pintarme la hoja de ruta de horarios, de todo.

–¿Qué es pintar una hoja de ruta?

–Es así: cuando Nico corría en cuatri, nos daban un papel. La hoja de ruta te dice dónde tenés que ir para ir encontrando puntos satelitales. El rally raid es una búsqueda del tesoro de puntos satelitales. Entonces eso tiene un valor en tiempo, tenés que ir recolectando todos los puntos y el que lo hace en menos tiempo gana la carrera. La hoja de ruta te va a decir: “De acá a tres cuadras, doblar a la izquierda, a la derecha”, todo lo que tenés que ir haciendo, hueco, pozo, peligros, te dice todo. Todos hacemos la misma ruta, fue hecha por una persona antes, pero vos no sabés por dónde tenés que pasar.

–No la pudiste recorrer nunca antes.

–No, es la primera vez. En el Dakar hacemos hoja de ruta de 480 km, así que nunca la recorrés antes, y vas leyendo en el momento y buscando todos esos puntos satelitales. Antes era en papel, todo en blanco y negro. Entonces había una técnica de pintar con colores: los peligros se resaltaban en rojo, cuando había un cambio de dirección brusco, se marcaba en azul. Le iba marcando cosas para que él, con un simple golpe de vista mientras manejaba, lo pudiera ver.

–¿Y vos llevabas el papel ahí arriba?

–Nicolás: Claro. Cuando corríamos en cuatri, uno navegaba solo, iba mirando, buscando lo que tenés que encontrar, navegando y a su vez saltando, esquivando piedras en el medio del desierto. Cuando empecé con el tema del UTV, necesitaba un copiloto... bueno, era mi primera prueba, para ver si me gustaba, me adaptaba. A la primera prueba fuimos juntos con Vale y le dije: “Vale, vos conocés todas las indicaciones, todo lo que hay en una hoja de ruta; subite y vamos juntos a entrenar”.

Primera carrera los dos juntos, en San Juan, en septiembre de 2021.
Primera carrera los dos juntos, en San Juan, en septiembre de 2021. (Gentileza)

–¿Y vos qué sentiste?

–Valentina: Nico venía siendo campeón de todo en cuatri, campeón del Dakar en cuatri, y todo el mundo esperaba que subiera un navegante de renombre, alguien con experiencia. Yo le dije: “Yo me sé la hoja de ruta, pero no sé si me voy a marear, si voy a andar a los vómitos en las dunas, si voy a ser rápida leyendo, si lo voy a poder llevar rápido”. Yo siempre quiero ganar en todo lo que hago. Así que probamos y en la primera prueba me fascinó. Me sentí bien, me sentí cómoda, fuimos rápido y dijimos: “Bueno, acá vamos”.

–¿Y vos le tenés plena confianza?

–Nicolás: Sí, sí, sí. Al principio me costó un poco porque antes solo yo tomaba decisiones. Yo miraba la hoja y decía: "Para acá, para allá, peligro", todo. Ahora voy 100% concentrado en el camino, y es una decisión de los dos. Entonces, ella es la encargada del lado de la hoja de ruta; y uno que maneja tiene que ir muy enfocado en tratar de hacer lo mejor y lo más rápido posible.

–¿La adrenalina se comparte? ¿Vos sentís lo mismo que siente él cuando se sube a toda velocidad?

–Valentina: Sí, sí, sí. La verdad es que yo a mis amigas les digo: "Yo soy fanática de las montañas rusas, es como ir cuatro horas en una montaña rusa constante, o sea, sin saber lo que vas a encontrar". Nos ha pasado de venir a fondo por un camino y hay una zanja. Volás y seguís, y vas ahí. O sea, es una adrenalina constante.

–Cuando se comete un error, ¿qué pasa? ¿Qué se dicen?

–Nicolás: El mismo Dakar te lleva a un nivel alto y nosotros tratamos de hacerlo lo más profesional posible. Si bien no nos dedicamos a esto, nos apasiona y lo hacemos lo más profesionalmente posible. Nos dedicamos al campo, a la ganadería, pero volvemos, trabajamos para poder correr. Pero el Dakar no te da momentos para reproches. En el caso de venir en una parte con mucha piedra, y yo cometo un error de romper una goma, se baja, se cambia y se sigue rápido. O en el caso del navegante, también: si se pierde, si mira mal, si nos pasamos un camino, es volver atrás y seguir concentrados porque son carreras muy largas.

–Valentina: Hay veces que lo vamos hablando porque cuando yo le erro en alguna nota, me quedo más prendida en eso; y él me dice: “Basta, borrala y seguí navegando”. Porque vos tuviste un error en el kilómetro 100 y te quedan 350 más. Entonces, si quedás pendiente de algo que te ocurrió, es muy difícil poder llevar el ritmo de concentración tantas horas seguidas.

–¿Y cómo se entrenan?

–Nicolás: Nosotros entrenamos mucho en el gimnasio. En el UTV vamos sentados, pero con mucho impacto en la zona de la espalda, la zona media, el cuello. Vamos a los saltos todo el día, realmente. Las carreras cortas que hacemos acá en Argentina o en otros lugares son de dos días, entonces son más cortas. Pero el Dakar son 15 días, no parás, hacemos 1.000 km por día. Realmente llega un momento en que el casco no lo querés ni mover, la butaca se te hace incómoda. Pero sí, entrenamos mucho porque mientras mejor estás entrenado, mejor llegás físicamente y después sufrís un poquito menos. Sufrir vas a sufrir igual: calor, frío, cansancio, todo. Pero la idea es sufrir lo menos posible.

–¿Van al gimnasio juntos también?

–Valentina: Vamos al gimnasio juntos. Vivimos juntos, dormimos juntos, vamos al gimnasio juntos. Trabajamos juntos también. Nico por ahí se va más al campo y yo hago más la parte administrativa de la cabaña Angus. Pero buscamos el momento para entrenar. Si hay que viajar o ir al campo en San Luis, nos levantamos a las 5:30, 6, entrenamos y después arranca el día con todas las obligaciones. Tratamos de entrenar de lunes a sábado; y si no se puede, de lunes a viernes, para llegar de la mejor forma. Sabemos que eso nos sirve tanto para lo físico como para lo mental, para estar superenfocados. Pero también es un deporte medio complicado para entrenar. Nosotros no podemos decir: “Bueno, tenés el UTV acá, salís por las sierras de Córdoba”. No, salís a hacer una travesía. Como entrenamiento es meter la mayor cantidad de kilómetros posible, practicar la navegación, y que Nico maneje para llegar bien al Dakar.

–¿El auto es de ustedes? ¿Lo llevan, lo traen? ¿Dónde está?

–Nicolás: El auto está en un equipo de España, en Barcelona. Se carga a fines de noviembre en un barco con todos los equipos del Dakar y se va a Arabia Saudita. Nosotros viajamos directamente allá para competir.

Nicolás Cavigliasso y Valentina Pertegarini, campeones del Rally Dakar 2025 en la categoría Challenger (UTV), en Arabia Saudita.
Nicolás Cavigliasso y Valentina Pertegarini, campeones del Rally Dakar 2025 en la categoría Challenger (UTV), en Arabia Saudita. (Gentileza)

–Ahora estuvieron en enero en el Dakar 2026. ¿Y qué otra fecha hay en el año?

–Valentina: El Mundial arranca a fines de marzo en Portugal, todavía no sabemos si vamos. Y la más importante es Ruta 40 en mayo, que vuelve a Argentina después de dos años, en San Juan y en Mendoza.

–¿Y ahí viene el auto?

–Nicolás: Sí, ahí viene el auto, vienen los equipos. Es una fecha mundial, vienen todos los equipos oficiales. Va a estar muy buena. Estamos organizando todo para poder correr el Desafío Ruta 40 y representar de vuelta a Argentina.

–¿En algún momento tuvieron un susto, un golpe, algo grave que los haya hecho replantearse si iban a seguir?

–Valentina: El año pasado ganamos el Dakar en enero y en febrero fuimos a Abu Dhabi. Veníamos muy fuerte, volamos, tumbamos y rompimos todo el auto. Salís con las cuatro ruedas para arriba, pero en ese momento lo único que pensás es en reparar el auto y seguir. Siempre digo que es muy seguro lo que hacemos. Si bien estamos muy expuestos al peligro y a la velocidad, vos te sentís muy seguro. Nunca nos replanteamos dejar por eso. Siempre es arreglar y seguir.

–Nicolás: Y un poco la decisión de pasarnos del cuatri al UTV fue también por seguridad. Yo amo el cuatri, sigo entrenando en cuatri, pero vamos muy expuestos. En el UTV también, pero tenemos jaula, cinturones, butaca con cinco puntos. Vamos más protegidos.

–¿Es parte del proyecto común tener hijos?

–Valentina: Sí, sí, yo creo que sí. Yo estoy ahí, ya viendo la edad que tengo y esto y lo otro, pero es como que nos apasiona mucho. Yo siempre le digo a Nico que espero que él corra hasta la edad de Carlos Sainz, o sea, por mí que no se baje nunca. Pero creo que es una decisión más mía esto de tener hijos y decir: “Bueno, ¿cuándo me bajo del auto para empezar a proyectar una familia?”.

–O sea, vos decís: “Si fuera mamá, no me subo más al auto”. ¿Es así?

–Valentina: No necesariamente, pero al menos por dos o tres años me tengo que bajar obligatoriamente. Dos años mínimo. Entonces, es decir: "Bueno, corto todos los proyectos que traemos; es cortar y quedarme dos años abajo". Después sí, seguramente, volvería si la logística acompaña. Pero es medio difícil la metodología de carrera. Por ahí en un circuito sería más fácil, pero estas son carreras en las que no te quedás ni dos días en el mismo lugar.

–¿Es muy caro correr el Dakar?

–Nicolás: Sí, sí, es una carrera que son muchos días. El tema de los vuelos, los viajes, los repuestos, la preparación, los mecánicos… realmente son carreras caras. Tenemos marcas que nos apoyan desde el inicio, otras que se fueron sumando por los resultados. Uno aspira siempre a ganar, a estar arriba, y es muy lindo también compartir esos logros con las marcas. Nosotros seguimos soñando a lo grande. Estamos corriendo la segunda categoría del Dakar y aspiramos a la máxima, la de camionetas. Pero los presupuestos son mucho más elevados. Sabemos que tenemos el ritmo, la velocidad y la confianza para hacer muy buenas carreras. Pero si no conseguimos apoyo de marcas importantes, se hace muy difícil competir en las grandes ligas. Como le pasó a Franco Colapinto, que consiguió apoyo de grandes marcas y de Bizarrap, y así pudo llegar a la Fórmula 1. En nuestro caso, es igual: tenemos las condiciones, pero falta trabajar con sponsors.

–¿De qué números estamos hablando?

–Nicolás: Por ejemplo, una camioneta hoy para largar y terminar el Dakar... estamos hablando de U$S 500 mil. Eso es lo mínimo. Después, para equipos oficiales como Red Bull, Ford o Dacia, son presupuestos ilimitados. Todos los días cambian gomas, amortiguadores. Es una carrera muy dura y, si no tenés un equipo fuerte atrás, podés terminarla, pero no competir para ganar.

Año 2013, cuando Nicolás corría el Dakar en Cuatriciclos.
Año 2013, cuando Nicolás corría el Dakar en Cuatriciclos. (Gentileza)

Hablan mucho de la adrenalina que genera correr. ¿Es comparable a qué?

–Valentina: Yo creo que sí, realmente, es como ir en una montaña rusa por horas. La verdad, es esa la adrenalina, y no solamente por lo que vivís arriba del auto, por ir a lo desconocido, por la improvisación constante, sino que también se suma que vas compitiendo contra otras personas y querés generar el mejor tiempo. Entonces es una sensación de acumular sensaciones: de ansiedad, pero también de adrenalina constante. La verdad es que es eso.

–Nicolás: Sí, con un poco también de presión de que el piloto de atrás te viene alcanzando o alcanzás al de adelante; y por querer pasar, esa adrenalina te hace cometer un error, romper una goma. El Dakar tiene eso: muchas sensaciones. Podés venir un día espectacular y, faltando 30 km, te perdés, rompés o te quedás enterrado. Entonces tenés que manejar un montón las emociones porque la cabeza te va a mil.

–¿Se les cruza cada tanto algún pensamiento pesimista, por ejemplo, no volver de una carrera?

–Nicolás: No, no. Yo creo que nosotros disfrutamos al revés: de poder estar. Siempre pensamos en tener la posibilidad de estar corriendo, de representar a un país. Obviamente, lo tomamos con mucha responsabilidad porque es una carrera muy dura. Uno no quiere que pasen accidentes, pero, como decíamos recién, vamos a lo desconocido siguiendo una hoja de ruta que alguien dibujó antes. El auto que tenemos es muy seguro, tenemos muchas protecciones, minimizamos mucho el riesgo de un accidente fuerte. Y en el caso de que pase algo, que no queremos que pase, tenemos todo un equipo del Dakar siguiendo segundo a segundo a cada piloto. Nosotros tenemos en el auto un sistema satelital, como un GPS, un rastreador que continuamente te va siguiendo. Cuando pasa algo, manda una alerta. Ellos están esperando que llegue otro piloto o que uno avise qué tiene, porque tenemos como tres botones: uno verde para avisar que estás bien y es solo un problema mecánico, y uno rojo, que es helicóptero inmediato. Hay ocho helicópteros volando continuamente arriba de la carrera con médicos. Si llega a pasar algo, en el instante llega el helicóptero.

–¿Tu mamá qué dijo cuando le anunciaste que ibas a correr?

–Valentina: Mi mamá… yo toda la vida le he avisado lo que voy a hacer. Entonces le digo: “Ma, me voy a correr el Dakar”, y ella me apoya en todo. Las primeras veces sé que sufrían un montón, que no dormían. En el Dakar se levantan a las 4 de la mañana para mirar la aplicación y ver por dónde estamos. La sufren hasta que terminamos la especial. Pero me apoyan y creo que les encanta lo que hacemos. Están siempre ahí, viendo cómo nos va, haciendo fuerza.

–Nicolás: Están pendientes de todo, con la diferencia horaria. Nosotros a las 8 de la mañana estamos en carrera y acá son las 3 de la mañana. Se levantan temprano, no duermen, están pendientes de la aplicación viendo por dónde vamos. Obviamente, sin conexión con nada, porque desde que largamos no tenemos contacto ni con los mecánicos. Solamente estamos nosotros dos y el auto.

–¿No tienen asistencia mecánica nunca?

–Desde que larga la etapa, no. Hay etapas maratón, donde no llegamos, donde están los mecánicos, dormimos en el medio del desierto en una carpita al lado del auto. Ese día, nosotros somos nuestros propios mecánicos. Tenemos que llevar más repuestos, cuidar más el auto, porque lo que se rompe lo tenemos que arreglar nosotros.

–¿Qué se rompió en el Dakar 2026?

–Valentina: Un radiador. Largamos con varios inconvenientes que no eran graves, pero nos iban sacando tiempo. Estábamos sextos, después llegamos a estar segundos y a dos minutos de la punta, el tercero estaba a media hora. Íbamos muy bien, hasta que en un río con muchas piedras la temperatura se nos fue y perdimos toda el agua. Una piedra impactó en el radiador, eso nos dejaba sin chances. El auto pierde el agua, se calienta, así que tuvimos que reparar en el desierto.

–¿Y eso lo reparan ustedes?

–Valentina: Sí, sí. Nos ayudó mucho Fer Acosta, navegante de otro auto, compañero de equipo. Éramos cuatro tratando de reparar el auto, mientras pasaban camiones a tres metros y nosotros haciéndoles señas para que nos vean, por el polvo. Esas son las partes más peligrosas del Dakar.

–¿Arreglaron el radiador?

–Nicolás: Lo arreglamos. Tuvimos que cortar, anular la parte dañada, poner una masilla.

Y además teníamos una bolsita de paprika que le pusimos adentro para ayudar a tapar la pérdida.

–¿Paprika?

–Nicolás: Sí, es un remedio casero del automovilismo, del campo. Eso tapó la pérdida y pudimos seguir. Ese mismo día era etapa maratón, dormíamos en el desierto sin mecánicos. Llegamos, armamos la carpa, esperamos cuatro horas a que llegara el camión con repuestos. Si no llegaba, al otro día teníamos que largar así. Nos acostamos a la 1:30 de la mañana y a las 4 ya estábamos arriba de nuevo para hacer 700 km más. Recién al día siguiente tuvimos asistencia de mecánicos.

Fue todo emoción: en el Dakar 2019, Nico ganó en cuatriciclos y le pidió casamiento a Valentina.
Fue todo emoción: en el Dakar 2019, Nico ganó en cuatriciclos y le pidió casamiento a Valentina. (Gentileza)

–Cuando termina la carrera, más allá del resultado, ¿cómo quedan?

–Valentina: Exhaustos. Siempre termino y a los días me agarra una gripe, como que el cuerpo se relaja completamente, he estado una semana sin poder hablar. El Dakar te lleva al máximo en todo, al máximo cansancio corporal y mental.

–El tema diario de ustedes… entrenan, pero no pueden practicar en pista. ¿Qué hacen todos los días?

–Nicolás: Trabajar. Trabajamos en el campo. Tenemos una cabaña de Angus, nos dedicamos a la ganadería. Tenemos animales de cría, hacemos reproductores, machos y hembras para mejorar la raza. Competimos en Palermo, hacemos toros para que vayan a los campos a producir. Yo estoy más en la logística del campo: elegir toros padres, pasturas, también hacemos agricultura, maní.

–Valentina: Yo manejo toda la parte administrativa de la cabaña: ADN de cada animal, inscripción en la Sociedad Rural, todo lo del pedigrí.

–¿Cuántos animales tienen?

–Nicolás: En la cabaña, unos 300. Y unas 700 madres en el rodeo.

–¿Volvió a ser negocio la carne?

–Nicolás: Hoy, por suerte, sí. Está en su mejor momento. En San Luis, por ejemplo, la ganadería está creciendo muchísimo. Se habían perdido muchas hembras y ahora volvió a crecer el stock, en algún momento se sacaron todas las vacas para hacer agricultura, y eso cambió.

–¿Eso se puede reponer rápido?

–Es un proceso largo. Para tener un toro reproductor, son tres años. Lo que hacés hoy lo ves en tres años, lleva tiempo.

–Son de General Cabrera, ¿vinieron a Córdoba para estudiar?

–Valentina: Sí, yo estudié Ingeniería Química en la UTN. Estuve cuatro años y después me fui a Villa María, porque nunca me adapté a vivir en Córdoba.

–Nicolás: Yo estudié agronomía en Río Cuarto dos años y medio y después me fui a trabajar al campo con mi papá.

Nicolás y Valentina se casaron en noviembre 2019.
Nicolás y Valentina se casaron en noviembre 2019. (Gentileza)

–Ahora los Cavigliasso son sinónimo de maní.

–Nicolás: Sí, tenemos una empresa manicera. Mi papá es el que lleva la cabeza del negocio y yo también estoy metido en la parte de agricultura. Hacemos rotación de maíz, soja y maní. En San Luis hacemos mixto: ganadería y agricultura, también algo de maní.

–¿Por qué creen ustedes que el consumo de maní no termina de despegar en Argentina?

–Nicolás: Yo creo que, primero, el argentino se tiene que acostumbrar a comer más maní. Y también cambió mucho la calidad del maní. El 90% o 95% del maní se exporta, y el que se consumía en Argentina era el que tenía algún problema, el más barato y el que no se podía exportar. Entonces ibas a una cervecería y el maní tenía gusto feo, tierra, te caía mal. Decías: “El maní me hace mal”, pero no era el maní, era la calidad. Ahora eso cambió. Se empezó a consumir maní bueno. Además, la gente cambió su forma de alimentarse, busca alimentos más naturales, con energía, proteína. Y cuando empezás a comer maní bueno, le agarrás el gusto.

–Y muchas empresas le encuentran la vuelta para seducir al consumidor.

–Valentina: Sí, hoy hay empresas que están aportando muy buena calidad al mercado interno. El maní se empieza a elegir como snack y también en lo deportivo. En casa consumimos mucho. Nico se come un tarro de pasta de maní por semana. En Estados Unidos está en todas las casas, acá todavía no tanto.

–Nicolás: El maní de baja calidad ya no va más, se usa para aceite y se exporta a China, que consume aceite de maní. Nosotros no estamos tan metidos en el consumidor final, pero sí usamos la chala de maní, que es un desperdicio muy inflamable, como alimento para las vacas. Un subproducto lo transformamos en alimento y generamos carne.

–¿Cómo ven a la Argentina?

–Con mucho potencial. La tecnología, la producción, todo eso puede crecer.

Exposición de Palermo 2023. Obtuvieron premio con la cabaña El Viejo Zorzal.
Exposición de Palermo 2023. Obtuvieron premio con la cabaña El Viejo Zorzal. (Gentileza)

–¿Se quedan en el pueblo o se van?

–Valentina: Nosotros elegimos quedarnos. Nos gusta el campo, nos gusta la vida que llevamos, la tranquilidad, me muero en un departamento en la ciudad. Nos gusta estar con los perros, levantarnos temprano, entrenar, trabajar en lo nuestro.

–Nicolás: Viajamos mucho por las carreras, conocemos otros países, otras realidades, pero siempre volvemos y valoramos mucho más lo que tenemos acá.

Ficha Picante

Valentina Pertegarini (34). Es copiloto de rally raid y parte del equipo que compite en el Dakar junto a Nicolás Cavigliasso. Estudió Ingeniería Química. Se encarga de la navegación en carrera y de la preparación de la hoja de ruta. Gestiona la administración de la cabaña Angus familiar.

Nicolás Cavigliasso (34). Es el único argentino en ganar el Rally Dakar en dos categorías diferentes: Cuatriciclos en 2019 y en 2025, en Arabia Saudita, en la categoría Challenger. Se pusieron de novios en la escuela, se casaron en 2019.

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