Primeras impresiones. Forza Horizon 6 se muda a Japón: lo mejor y lo peor del videojuego de autos
En La Voz probamos una versión preliminar del nuevo festival de conducción. Tokio y el monte Fuji deslumbran por detalle y sonido, pero el esquema se siente cercano a Forza Horizon 5.
Hay juegos que se manejan. Y hay juegos que se sienten. Que te suben al asiento, te aprietan al joystick y te obligan a mirar dos veces la pantalla para confirmar que eso que estás viendo… sigue siendo un videojuego. Con Forza Horizon 6, esa frontera vuelve a correrse.
En La Voz jugamos una versión preliminar gracias a la gestión de Xbox en Argentina. Lo hicimos en una Series X, donde el título despliega buena parte de su potencial.
El lanzamiento está previsto para el 19 de mayo de 2026 en Xbox Series X/S y PC, con llegada posterior a PlayStation 5. Esta vez, la saga pone rumbo a Japón. Y ese viaje (tan esperado como exigente) es el corazón de todo. Porque si algo define a este Horizon, es el peso de su escenario. Y se repite el modelo de "mundo abierto" explorable con centro en un festival de competencias.
Lo mejor: un espectáculo que acelera por todos los sentidos
Japón como escenario, pero también como protagonista. No es solo un cambio de mapa: es un cambio de tono. La verticalidad del terreno, la transición entre biomas y esa mezcla entre lo urbano y lo ancestral construyen una experiencia que respira identidad. De Tokio, con su neón vibrando en cada esquina, a caminos rurales donde los cerezos en flor parecen coreografiados. Y siempre, al fondo, el monte Fuji como un guardián silencioso. Hay momentos en los que el juego deja de pedirte que corras… y te invita a mirar.
Un salto visual que roza lo irreal. La fidelidad técnica alcanza picos difíciles de explicar con palabras. Hay pausas (esas que uno hace sin querer) donde la imagen se congela en algo que parece una fotografía en 4K. La iluminación, el reflejo sobre la carrocería, el desgaste del asfalto: todo empuja hacia una obsesión por el detalle que impresiona incluso en una saga acostumbrada a marcar el ritmo gráfico.
El sonido como músculo invisible. No se trata solo de cómo se ve, sino de cómo se escucha. Los motores tienen cuerpo, tienen carácter. Y el entorno responde: túneles que amplifican, cambios de bioma que modifican la acústica, velocidad que se traduce en tensión sonora. Es un diseño que no acompaña: empuja.

Arcade, sí. Pero con ambición. Forza Horizon sigue siendo ese arcade accesible que no excluye a nadie. Pero ahora propone un camino más trabajado. Ajustar la dificultad de los drivatares sigue siendo clave, pero el nuevo sistema de progresión suma algo que la saga necesitaba: que llegar a los autos más rápidos no sea automático, sino una conquista.
Anna, más presente, menos invasiva. La asistente virtual evoluciona sin hacer ruido. Es más inteligente, más útil. Reduce la fricción. Permite que el jugador se concentre en lo importante: manejar, decidir, explorar. Y no perderse en menús.
Lo peor: cuando el motor suena conocido
Demasiado parecido a lo que ya funcionaba. El mayor punto de discusión aparece rápido: la sensación de "a esto ya lo viví". La base jugable es sólida, sí. Pero también demasiado familiar. Hay zonas (especialmente en áreas rurales) que transmiten una idea de “esto ya lo manejé” que le resta sorpresa a la experiencia.
Errores que recuerdan que esto aún no está terminado. La versión preliminar deja ver costuras. Algunas, inevitables. Otras, más preocupantes. Muros invisibles en saltos off-road, choques sin lógica, situaciones que rompen la fluidez. Son fallos corregibles.
Un Japón que a veces se siente vacío. Tokio impacta por escala, pero no siempre por densidad. Falta esa sensación de caos controlado, de ciudad viva.
IA y tráfico: la deuda sigue abierta. Los drivatares no muestran una evolución clara. Siguen cumpliendo, pero no sorprenden. Y el tráfico, además, no ofrece opciones de personalización en su densidad, una ausencia que empieza a sentirse vieja.
Identidad diluida en el tránsito. Quizás el detalle más simbólico: Japón está… pero a veces no se siente en los autos que lo habitan. Más allá de algunos taxis, el parque vehicular urbano no termina de reflejar esa identidad local. Hay una globalización del asfalto que le quita carácter.
Forza Horizon 6 es, en esta primera toma de contacto, una promesa potente. Una experiencia que impacta desde lo sensorial, que se apoya en un escenario magnético y en una base jugable que sigue siendo referencia.
Pero también es un juego que camina sobre una línea fina: la que separa la evolución del hábito. Japón le da una nueva cara. Ahora falta ver si, cuando llegue la versión final, también le da un nuevo pulso.