Mundial en cordobés. Las monjas cordobesas que se robaron el Mundial: "Todos quieren una foto"

Brillaron en el banderazo en Klyde Warren Park de Dallas y contaron su historia a La Voz.

27 de junio de 2026 a las 08:17 a. m.
Sebastián Roggero
Sebastián Roggero
Enviado especial a EE.UU.
Las monjas cordobesas que se robaron el Mundial: "Todos quieren una foto"
Las monjas cordobesas en Dallas.

¿Hasta dónde puede llegar un hincha para darle una mano a la selección? Algunos gastan fortunas para viajar miles de kilómetros. Otros se tatúan una copa, una camiseta o la cara de Lionel Messi. Y hay quienes, convencidos de que en el fútbol también hace falta un poquito de ayuda divina, deciden vestirse de monjas.

No es una metáfora. Pasó en Dallas. En el banderazo argentino realizado este sábado en Klyde Warren Park, la previa del partido frente a Jordania por la última fecha del Grupo J tuvo bombos, banderas, choripanes improvisados, familias enteras cantando y una marea celeste y blanca que transformó por un rato un parque texano en una plaza argentina. Pero, entre tanta camiseta número 10, hubo tres personajes imposibles de ignorar.

Un hábito blanco y celeste. Un rosario. Una botella de "agua bendita". Y una misión que asumieron con total seriedad: rezar por la Selección.

Los argentinos pasaban, sonreían y entendían el chiste enseguida. Los extranjeros, en cambio, necesitaban unos segundos para procesarlo. Después llegaba siempre la misma reacción: sacaban el teléfono y pedían una foto.

Una más. Y otra. Y otra. Sin buscarlo, las "monjas argentinas" terminaron convirtiéndose en una de las atracciones de las tribunas. En cada estadio del Mundial aparecen decenas de personajes pintorescos, pero ellos encontraron una forma muy argentina de llamar la atención: convertir la fe futbolera en un disfraz. "Yo soy la hermana Esperanza Celeste y Blanca", se presenta uno de ellos con una sonrisa que delata que el personaje ya está completamente incorporado. Detrás del hábito aparece Pablo, salteño. A su lado están Daniel Tarantino y su hijo, cordobeses, los impulsores de una idea que nació como una locura entre amigos y terminó recorriendo el Mundial.

"Era una locura para hacer que la gente crea. Que crea en la selección. El capitán nos dijo alguna vez que no nos iba a dejar a gamba. Nosotros apostamos a esta locura para venir a alentar y nada más", resume Daniel.

La frase tiene algo de broma y algo de verdad. Porque si hay una religión que atraviesa a los argentinos es el fútbol. Se reza antes de un penal. Se prometen cosas imposibles si entra una pelota. Se besan estampitas, camisetas y medallas. Se mira al cielo cuando el partido se complica. Ellos simplemente decidieron llevar esa costumbre un paso más allá.

Y el resultado fue inesperado. "La verdad es que nunca pensamos que este disfraz iba a generar tanto revuelo. Extranjeros o no extranjeros, todos te piden fotos. Todos quieren sacarse una foto con las monjas. Así que ahí estamos para que la gente disfrute y para apoyar a la Selección", cuentan.

No hace falta hablar el mismo idioma. Tampoco entender demasiado de fútbol. Alcanzan un hábito blanco, una bandera argentina y una sonrisa para romper el hielo con hinchas de cualquier rincón del planeta.

En los alrededores de los estadios ya son fáciles de reconocer. Apenas aparecen caminando, empiezan los saludos, los celulares levantados y los pedidos de selfies. Algunos los abrazan. Otros les hacen gestos de oración. Hay quienes simplemente se ríen de la ocurrencia.

Ellos responden igual para todos.Con paciencia. Con humor. Y sin salir nunca del personaje.

Para Daniel no es una experiencia cualquiera. Este ya es su cuarto Mundial siguiendo a la Selección. Vivió distintas Copas del Mundo, diferentes ciudades y miles de historias. Sin embargo, reconoce que jamás había atravesado algo parecido. "Es mi cuarto Mundial, pero la primera vez que vengo con este look. Y no... mirá esto. Es una cosa de locos. Nunca había vivido algo así. Es hermoso."

La camiseta argentina abre puertas en cualquier parte del mundo. Pero parece que un hábito blanco y celeste abre todavía algunas más.

Antes de despedirse, las tres monjas muestran uno de los accesorios fundamentales del personaje. En la mano llevan una botella de agua. La pregunta sale sola.

—¿Y eso qué es?

"Agua bendita de Dallas", responden entre carcajadas, levantando la botella como si fuera un objeto sagrado. No era agua...

La etiqueta, claro, dice otra cosa. Pero eso importa poco.

Porque el fútbol nunca necesitó demasiadas explicaciones para alimentar sus rituales. Los argentinos creen en las cábalas desde mucho antes que existieran las redes sociales. Hay quienes usan siempre la misma camiseta, quienes miran los partidos desde el mismo lugar del sillón y quienes no cambian una costumbre porque "viene dando resultado". Ellos eligieron rezar. O, al menos, hacer de cuenta.

Y mientras la Selección busca seguir avanzando en el Mundial, las tres monjas cordobesas seguirán caminando entre los hinchas con su agua bendita de Dallas, repartiendo sonrisas, posando para fotos y recordando que, cuando juega Argentina, un poquito de fe nunca viene mal.