Opinión. Mónaco, glamour y una certeza incómoda: en el automovilismo, la plata sigue haciendo la diferencia
Entre celebridades, yates y recuerdos imborrables, una mirada crítica sobre el presente de la Fórmula 1 y el verdadero costo de llegar a la cima.
Si uno piensa con el corazón y elude la razón, llega a la conclusión de que Mónaco es inmaculado, intocable, único.
A pesar de todos sus detractores, con el paso del tiempo han ido buscando variables para hacerlo más accesible, pero también más costoso.

Si nos basamos en la histórica frase de Alcides Raies —"El automovilismo no es para secos"—, llegamos a la reflexión de que el ex promotor cordobés (nacido en Santa Fe) no solo tenía razón, sino que reafirmaba la idea de que es una actividad elitista y que no está al alcance de todos.
Para las nuevas generaciones, les comento que fue pionero en su actividad y, entre otras muchas cosas, diseñó, creó y produjo el “Desafío de los Valientes”.
Roland Gunter (mánager del equipo Audi Motorsport de rally), otro ejemplo de lo que estamos analizando, sentado en el bar del viejo y afamado Hotel Crillón, en plena city cordobesa, nos marcó con una expresión: «Los campeonatos se ganan con puntos y los puntos solo se logran con plata». Ese concepto, basado en la realidad y tan genuino, me lo dijo días antes del primer rally mundial en Córdoba, allá por mayo de 1984.
Yo, que por entonces era un joven bohemio, con muchas aspiraciones pero poca experiencia, grabé a fuego su definición y, después de más de 40 años, sigo entendiendo que me estaba diciendo una gran verdad que golpeaba con dureza mi ilusión espiritual del deporte.

En resumen, ¿a dónde apunto? A entender que esto es un negocio que necesita mucho presupuesto y que, para triunfar, hace falta dinero. Las referencias anteriores dan cuenta de una crueldad: sin dinero no se llega a nada. Hay que generarlo abajo para que rinda arriba del auto. No quedan otras chances.
Por eso, volviendo a la Costa Azul, en el sector del paddock, durante todo el fin de semana era casi imposible andar. Esta Fórmula 1, más marketinera, convocó y sedujo a muchas personalidades para estar allí. Las celebridades acudieron. Las redes sociales se inundaron de contenido; las televisoras mostraban tanto el entorno como la carrera, y las fotos de los diarios convivían entre los coches híbridos y los fastuosos yates amarrados a un puerto muy chico, pero colosal en prestigio y reconocimiento.
Ahora, la moda es llegar por agua. Dormir en cruceros o lujosos barcos es la tendencia, y hay más fotógrafos esperando a la orilla del mar que a la vera de la entrada oficial del evento. Es una opción más tranquila y glamorosa: evitan a los fans y, además, llegan rapidísimo al hospitality.
Siempre han criticado la lentitud del trazado, y más con estos coches, que, si para algo no sirven, es precisamente para doblar o desplegar vehemencia en este laberinto.
Esta nueva categoría es técnicamente engorrosa. Ahora, no se sobrepasa por ingenio, talento o lucidez: son maniobras de superación o evasión condicionadas por la disponibilidad —o no— de energía, y eso resulta realmente ridículo.
A no ser que te llames Kimi de nombre y Antonelli de apellido, y que, con 19 años, te transformes en algo nunca visto en el competitivo mundo de los fierros.
Está batiendo todos los récords. Nada lo perturba: juega y se entretiene con su hermana o con un mecánico relajadamente y, con la misma actitud, escucha a sus ingenieros.
Italia adquiere, con él, un lujo de deportista que le dará tremendas alegrías y satisfacciones. Ya les ganó en todos lados: en lo rápido, en lo lento y en lo trabado, y espera repetir en España. Pero de eso hablaremos desde el jueves.
Finalmente, para quienes justifican lo del pibe diciendo que el auto marca la diferencia, les cuento que hay otro igual que conduce con mucha experiencia George Russell, y que está tan perdido como si lo hiciera con otra marca.
Para cerrar: sabemos que el dinero manda y por eso existe Mónaco, pero no porque aporte algún canon relevante, como hacen los países de Medio Oriente u otras latitudes, sino porque es sinónimo de poder, riqueza y glamour desde 1929, cuando a Antony Noghès se le ocurrió crearlo.
El expresidente del Automóvil Club de Mónaco tiene también el honor de haber llevado a Montecarlo el afamado rally que aún sigue integrando el calendario mundial del WRC.
Argentina ostenta el orgullo de que la primera edición en el trazado urbano del Campeonato Mundial, en 1950, la ganó Juan Manuel Fangio con Alfa Romeo. Eso sí: por aquellos años, los autos se pasaban en carrera.
Incorporar un evento ciudadano generó un efecto que aún perdura.
Carreras en las calles hubo y habrá siempre, pero ninguna alcanzará la dimensión de la que estamos hablando.

