Copa del Mundo. México vibra con su tercer mundial, más ajeno que propio
Se sube el telón de la 23° Copa del Mundo en CDMX con el enfrentamiento entre el local y Sudáfrica, aunque la ciudad vive más de afuera una fiesta que por los inaccesibles precios de las entradas, los deja fuera de la cancha. Panorama de un clima futbolero con protestas, pasión futbolera y el típico color local, donde Argentina no pasa desapercibido.
La pelota comienza a rodar y la mayor pasión futbolera, la Copa del Mundo FIFA 2026, vuelve a abrazar a México con el privilegio de organizar el partido inaugural. Será la tercera vez que el país sea sede de esta fiesta ecuménica, tras haber sido testigo de dos hitos históricos: el Brasil de Pelé levantando la desaparecida Jules Rimet en el estadio Azteca, en 1970, y la consagración de Diego Maradona con la selección argentina en ese mismo escenario, en 1986. Hoy, el contexto es otro.
En este caso, el partido que abrirá la Copa será México ante Sudáfrica, a las 16, con una ceremonia inaugural que promete ser la más latina y “chingona” de todas, según anticipan los anfitriones.
El Mundial llegó esta vez de manera más silenciosa, o al menos con un clima que se encendió más cerca de la fecha. En México no fue la excepción, aunque en los últimos días fue furor la venta de “playeras” (camisetas) de la selección local. Se consiguen por 250 o 300 pesos mexicanos (unos 17 o 20 dólares) y, en cada mercado, es incesante el paso de hinchas que buscan su emblema.

¿Y las entradas? “Los tickets están por las nubes, es imposible pagar 3.000 dólares”, cuenta Amalia, una aficionada que deberá conformarse con ir al Fan Fest con su familia. De todos modos, se especula con que la FIFA liberará entradas a precios más bajos: presentar tribunas vacías en el estadio Azteca para el partido inaugural sería una decepción difícil de aceptar para los patrocinadores.
“Tenemos que volver a jugar cinco partidos, sería nuestro pinche orgullo”, se repite entre la afición mexicana, que no supera los octavos de final desde hace 40 años, cuando fue local en 1986. Más allá de las ilusiones, la previa mundialista presenta algunos factores que podrían empañar la escena.
En los alrededores del estadio —denominado durante el torneo “Ciudad de México”— y en la zona céntrica del Zócalo, en la Plaza de la Constitución, conviven la fiesta y la protesta social. Allí, un vallado separa el espacio FIFA, con carpas y actividades para los hinchas, del campamento de docentes y educadores que mantienen sus reclamos salariales en conflicto con la presidenta Claudia Sheinbaum. Un foco de atención, sin dudas.

Apatía hacia Argentina y hacia sus vecinos organizadores
Los mexicanos muestran respeto por la selección argentina y, en especial, por Lionel Messi. Sin embargo, muchos simpatizan con Portugal, impulsados por la admiración hacia Cristiano Ronaldo. Detrás de esta preferencia hay un trasfondo histórico: la figura de Hugo Sánchez dejó una huella profunda y consolidó la identificación con el Real Madrid, en contraste con su rival, el Barcelona. Ni siquiera el paso de Rafa Sánchez por el conjunto catalán logró revertir esa tendencia, que se fortaleció con los éxitos de Cristiano en el club “merengue”.
A este escenario se suman las eliminaciones que Argentina le propinó a México en los Mundiales de 2006, 2010 y también en Qatar 2022. Tampoco pasa inadvertida la percepción de una personalidad “agrandada” o “mamona” por parte de algunos argentinos residentes en Ciudad de México. En ese marco, persiste cierta apatía en el plano social y futbolero.

¿Y con su vecino Estados Unidos? “Ya sabemos cómo son esos ‘gringos’: no demostraron hospitalidad con países de Asia; incluso a un árbitro no le permitieron el ingreso. Es una vergüenza. Aquí recibimos a todos como hermanos”, señala Drago Sánchez, integrante del equipo logístico del estadio Azteca.
De todos modos, la fiesta está en marcha. Con la otra sede, Canadá, prevalece la indiferencia. México y su gran metrópoli, Ciudad de México, ya toman forma de pelota y vibran al ritmo de una nueva Copa del Mundo que hará latir los corazones en la tierra del chile picante, las quesadillas y el tequila. Ya disfrutaron de Pelé y Maradona. ¿Se sumará Messi a ese olimpo en el Azteca?

