Mundial en cordobés. "Messi sos un cu...": las frases imposibles con las que los argentinos intentaron explicar otra noche mágica del 10
La Voz pidió opiniones de hinchas a la salida del Arrowhead Stadium de Kansas City y un cordobés "cabtó la justa" sobre la actuación del capitán.
Hay un momento en el que las palabras dejan de alcanzar. Pasa poco. Muy poco. Pasa con Messi. Pasa cuando nace un hijo. Pasa con Messi. Pasa cuando alguien se despide para siempre. Pasa con Messi. Pasa cuando se cumple un sueño que parecía imposible. Pasa con Messi. Todo pasa con Messi porque con Messi pasa de todo. Y ese "todo" pasa cuando Lionel Messi juega como jugó este martes en Kansas City.
Entonces aparecen otras formas de hablar. Las exageraciones. Las metáforas. Los agradecimientos. Las lágrimas. Las frases que no figuran en ningún diccionario.
Y ahí, entre miles de argentinos que abandonaban el Arrowhead Stadium después del 3-0 sobre Argelia en el debut mundialista, apareció un cordobés que quizás encontró la mejor definición de todas.
"Messi, sos un culiadazo. No podés jugar tan bien", dijo un cordobés a La Voz. No era un insulto. Era un homenaje. Una declaración de admiración. Una manera bien cordobesa de rendirse ante la evidencia.
Porque el problema con Messi es que hace tiempo dejó de ser explicable. El partido había terminado varios minutos antes. Los tres goles ya formaban parte de las estadísticas. Del resumen. De los archivos del Mundial. Pero afuera del estadio seguía ocurriendo algo más grande.
Miles de personas caminaban por las rampas gigantes del Arrowhead mientras la noche comenzaba a caer sobre Kansas City.
Las banderas seguían flameando. Los bombos seguían sonando. Los celulares continuaban grabando. Y la gente seguía cantando. Como si nadie quisiera irse. Como si todos supieran que acababan de presenciar uno de esos momentos que algún día van a contarles a sus hijos o a sus nietos.
"Yo estuve ahí cuando Messi hizo tres goles en el Mundial de los (casi) 39 años". Porque eso también impacta. Messi está a días de cumplir 39. Messi ya ganó todo. Messi ya levantó la Copa del Mundo. Messi ya no tiene nada que demostrar. Y sin embargo sigue haciendo cosas que obligan a la gente a replantearse todo.
Por eso las respuestas se vuelven emocionales. Instintivas. Humanas.
Cuando desde La Voz acercamos el micrófono a los hinchas que abandonaban el estadio, nadie habló de tácticas. Nadie habló de esquemas. Nadie habló de posesión. Todos hablaron de Messi. "Gracias por ser argentino", dijo uno.
"Messi es el Mesías", agregó otro. "Vinimos a esto. Es lo más grande que hay", resumió un tercero.
Como si estuvieran intentando encontrar alguna palabra capaz de describir lo que acababan de ver. No podían. Nadie podía. Por eso aparecían frases cada vez más grandes. Más exageradas.
Más emotivas. Un hincha, todavía con los ojos brillosos, repetía una idea que se escuchó durante toda la noche.
"Gracias por tanto". Nada más.
Como si esas tres palabras alcanzaran para resumir veinte años de felicidad futbolera.
Algunos recordaban Qatar. Otros comparaban esta salida con aquellas noches inolvidables de 2022. Porque la escena era parecida. La multitud cantando. Los abrazos. Las camisetas girando en el aire.
La sensación de que el partido había terminado pero la fiesta recién empezaba.
Y en medio de todo eso aparecía Córdoba. Siempre Córdoba. Un hombre aprovechó el micrófono para mandar saludos a la familia. A la señora. A los amigos. A los que estaban siguiendo todo desde Argentina. Después cerró como tenía que cerrar.
"¡Vamos el Pirata, carajo". Y por un instante Kansas City pareció quedar más cerca de Alberdi (por Belgrano) que de Estados Unidos. También hubo tiempo para el humor.
Uno de los cordobeses contó entre risas la frase en inglés que había practicado para sobrevivir durante el viaje. La pronunció con orgullo. Los que estaban alrededor se tentaron. La carcajada fue colectiva. Porque el Mundial también es eso.
Aeropuertos. Kilómetros. Idiomas mezclados.
Horas de espera. Y personas que cruzan medio planeta para perseguir una pelota.
O mejor dicho, para perseguir a un futbolista.
A Messi. Como Cristina Stumbellina, una jugadora de fútbol de Kansas City que pagó la entrada para ver por primera vez a Messi. "Soñé que hacía un hat-trick", le dijo a La Voz. "He is awesome", soltó para elogiarlo. No fue como "culiadazo" pero casi. Cosas que genera Messi.
Porque al final todo vuelve a él. Todo termina en él. La explicación de la felicidad. La razón del viaje. La emoción. Los abrazos. Las lágrimas. Los recuerdos.
Mientras las rampas comenzaban a vaciarse y la multitud iniciaba el lento regreso a hoteles, autos y estaciones de tranvía, todavía quedaba flotando una sensación difícil de describir.
La misma que aparece cada vez que Messi juega para Argentina.
La sensación de estar viendo algo que algún día se va a extrañar. Mucho. Quizás por eso nadie habla de retiro. Quizás por eso la gente le grita que siga. Que no se vaya. Que juegue un rato más. Un Mundial más. Un partido más. Un gol más.
Porque saben que no falta tanto para que todo esto se convierta en recuerdo. Y porque también saben que noches como la de Kansas City no ocurren todos los días. Hay futbolistas que ganan partidos. Hay futbolistas que ganan campeonatos. Y después está Messi.
Ese que obliga a los argentinos a inventar palabras nuevas cuando ya no encuentran cómo agradecerle. Ese que convierte un estadio estadounidense en una esquina de Córdoba.
Ese que hace tres goles a los 39 años y provoca la misma reacción en miles de personas.
La de quedarse mirando. Sonreír. Y decir lo único que parece explicar semejante locura...
"Messi, sos un culiadazo. No podés jugar así".

