Mundial en cordobés. Messi, patrimonio del mundo y... de Córdoba
Belgrano, Instituto y Talleres... sus hinchas hablando del capitán argentino y su show ante Austria.
Está el Mundial de Messi. Está siendo el Mundial de Messi. Y está el Mundial en cordobés que se viene reflejando en La Voz. Ese Mundial en cordobés tiene a Messi en el centro de la escena. Obvio.
¿Pruebas? Hay palabras que sólo se entienden en Córdoba. Palabras imposibles de traducir. Palabras que pueden significar enojo, sorpresa, admiración o cariño. Palabras que sirven para explicar casi cualquier cosa, incluso aquello que parece no tener explicación.
Por eso, cuando los hinchas argentinos empezaron a salir del estadio después del triunfo 2-0 sobre Austria, hubo una frase que resumió mejor que cualquier análisis futbolero lo que acababan de ver: «Messi, sos un culiado. No podés jugar tan bien». Y listo. Fue la misma frase que después de Argelia. Y sí, Messi volvió a brillar. Y la palabra más cordobesa era bien descriptiva. No hacía falta agregar demasiado más.
Porque, a esta altura, ya no se trata solamente de fútbol. No se trata únicamente de los dos goles con los que Argentina derrotó a Austria en Dallas. Ni siquiera de la clasificación, que empieza a encaminarse en este Mundial.
Se trata de otra cosa: de la sensación de estar viendo algo irrepetible. De mirar a un jugador que está a dos días de cumplir 39 años y comprobar que sigue haciendo lo mismo que hacía cuando muchos de los hinchas que hoy lo veneran todavía iban a la escuela primaria.
Messi sigue jugando como Messi. Y eso, que parece una obviedad, es en realidad un milagro futbolístico.
La salida del estadio fue una colección de emociones. Había familias enteras abrazadas. Chicos que acababan de ver por primera vez un gol de Messi en un Mundial. Adultos intentando encontrar palabras para describir lo que sentían. «Gracias por los goles, gracias por todos los mundiales que jugaste», gritó un hombre mientras levantaba los brazos hacia el cielo. Otro repetía una y otra vez que era «un fenómeno», «un extraterrestre», «el más grande de todos».

Y después apareció una escena que explicó por qué Messi ya forma parte de algo mucho más profundo que el fútbol.
Un hincha, con los ojos llenos de lágrimas, miró hacia arriba y habló con alguien que ya no estaba: «Gracias por dejarme ver esto, papá. Te mando un saludo, papito Enrique». Por unos segundos, el estadio desapareció. También desaparecieron Dallas, Austria y el Mundial.
Quedó solamente un hijo acordándose de su padre mientras celebraba un gol de Messi.
Tal vez ahí esté la verdadera dimensión de lo que genera. Messi conecta generaciones. Une recuerdos. Hace que personas que ya no están vuelvan a estar presentes por un instante.
Y, si algo quedó claro en esta tarde texana, es que los cordobeses tienen una relación especial con todo eso. Durante los días previos al partido aparecieron historias que conectaban a Córdoba con Austria de maneras inesperadas: apellidos, inmigrantes, pueblos y tradiciones que cruzaron el océano hace más de un siglo para instalarse en nuestra provincia. Pero esta vez la historia no estuvo en Austria. Estuvo en los cordobeses.
En los que llegaron desde Río Cuarto, Villa María, San Francisco o la Capital. En los que gastaron ahorros, pidieron vacaciones o recorrieron miles de kilómetros para seguir a la selección. Y también en algo que sólo puede ocurrir cuando juega Argentina.

Estuvo Florencia, hincha de Belgrano, acompañada por su novio de Instituto. Se escuchó a un fanático de Belgrano soñar en voz alta con ver alguna vez a Messi vestido de celeste. Se vio a hinchas de Talleres abrazarse con hinchas de Belgrano después de los goles.
Una imagen que en Córdoba parece ciencia ficción, pero que acá sucede con naturalidad.
Porque Messi tiene esa capacidad extraordinaria: la de borrar por un rato las rivalidades, la de hacer que todos empujen para el mismo lado, la de convertir a miles de desconocidos en una sola tribuna.
Hace algunos años se discutía si Messi era argentino. Después se discutió si era el mejor de la historia. Más tarde llegaron la Copa América, la Finalissima, el Mundial de Qatar y una colección interminable de noches inolvidables.
Hoy ya no parece quedar demasiado por debatir.

A la salida del estadio escuché a un hincha decir una frase que me quedó resonando: «Messi no es de Argentina. Messi es del mundo».
Puede ser. Pero, viendo lo que pasó en Dallas, viendo a cordobeses emocionarse hasta las lágrimas, viendo a rivales abrazarse y a hijos acordarse de sus padres, también habría que agregar algo más: Messi es patrimonio de la humanidad. Y también patrimonio de Córdoba.

