La Voz en EE.UU. Messi, el dueño de todo: el Mundial de Argentina arrancó en Kansas City y terminó rendido a sus pies
Con tres goles en el debut ante Argelia, Lionel Messi volvió a ser el eje de la escena mundial: desató la euforia de los hinchas argentinos y la admiración de un estadio que se rindió ante su vigencia y liderazgo.
El gol duró apenas unos segundos. La reacción, bastante más. La pelota entró, el estadio explotó y, durante varios minutos, el Arrowhead Stadium dejó de ser un escenario en el corazón de Estados Unidos para transformarse en una extensión de Argentina. Una más. Otra de las tantas que Lionel Messi construyó a lo largo de su carrera.
El estreno de la selección argentina en el Mundial 2026, ante Argelia, dejó muchas imágenes: el triunfo, la puesta en marcha de la defensa del título, las tribunas repletas y la multitud albiceleste que llegó a Kansas City desde distintos rincones del planeta.
Pero hubo una escena que terminó explicando todas las demás.
Messi hizo un gol y el mundo volvió a detenerse. Después hizo otro, como si el primero hubiera sido apenas un aviso. Y metió un tercero. Como si quisiera recordarles a todos los que llenaron el estadio por qué habían pagado una entrada, cruzado estados enteros o viajado miles de kilómetros para estar ahí.

A los casi 39 años, a días de cumplir un nuevo aniversario, el capitán argentino sigue provocando exactamente lo mismo que provocaba hace dos décadas: admiración, asombro y devoción.
Porque, si algo quedó claro en el debut mundialista, es que Messi continúa siendo el alma de esta selección, el rostro de Argentina, la figura que atraviesa generaciones, fronteras e idiomas.
La emoción de Messi al marcar el primer gol de Argentina en la Copa del Mundo ❤️
— SportsCenter (@SC_ESPN) June 17, 2026
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Había argentinos, claro. Más de 10.000 llegaron a Kansas City para acompañar al equipo de Lionel Scaloni. Había cordobeses, familias enteras, grupos de amigos y fanáticos que cruzaron miles de kilómetros para estar presentes.
Pero también había algo más: muchísimos estadounidenses. Personas que quizá nunca habían visto un partido de la selección argentina en una cancha. Familias locales que aprovecharon la oportunidad para presenciar de cerca a uno de los deportistas más importantes de todos los tiempos. Y todos reaccionaban igual: cuando Argentina atacaba, se escuchaba un enorme «Yes!»; cuando alguna jugada era anulada, aparecía un espontáneo «Boo!».

Y cuando Messi convirtió, el rugido fue universal.
No importaron los pasaportes ni los idiomas. Todos celebraron. El primer gol generó una explosión. El segundo terminó de convertir la noche en una celebración colectiva. El tercero, la incredulidad. No es posible.
Ya no era solamente la alegría argentina. Era la admiración global. El aplauso de quienes lo siguen desde hace veinte años y también de quienes quizá lo estaban viendo por primera vez en vivo.
En la platea había chicos con camisetas de los Chiefs, familias completas de Kansas City y turistas llegados desde distintos puntos de Estados Unidos. Todos se levantaron.
Porque hay algo que sucede cuando Messi juega: el partido deja de pertenecerle a dos selecciones y pasa a girar alrededor de él.
Cada vez que recibía la pelota, se escuchaba un murmullo. Cada vez que encaraba, aparecían los teléfonos. Cada vez que aceleraba, el estadio contenía la respiración. Y, cuando convirtió el segundo, ya no quedó ninguna duda: la noche era suya. Otra vez.

Mientras tanto, en las tribunas ocurría otro espectáculo, uno que ya forma parte del paisaje de cada partido argentino. Los hinchas cantaban: «Muchachos», «Ahora nos volvimos a ilusionar», «El que no salta es un inglés». Y alrededor aparecían las miradas curiosas.
Los estadounidenses observaban, filmaban y preguntaban: «¿Qué dice esa canción?», «¿Por qué saltan?», «¿Por qué todos cantan al mismo tiempo?». Los celulares apuntaban tanto al campo de juego como a las tribunas.
En muchos momentos parecía que la atracción principal no era solamente Messi. También era la gente argentina. Porque la selección argentina se transformó en algo más que un equipo de fútbol: es una marca global, un fenómeno cultural, un espectáculo que despierta interés incluso entre quienes no siguen habitualmente este deporte.
En un país acostumbrado a consumir entretenimiento de primer nivel, Argentina logró convertirse en una de las grandes atracciones del Mundial. Y eso tiene una explicación bastante sencilla: Messi.
Todo vuelve a Messi. Al hombre que sigue jugando como si el tiempo le hubiera dado una tregua. Al futbolista que continúa generando filas interminables para una foto, una camiseta o simplemente la posibilidad de verlo caminar hacia un vestuario. Al jugador que todavía provoca que decenas de miles de personas compren una entrada con la esperanza de verlo tocar una pelota.
La imagen más contundente de la noche ni siquiera estuvo en la cancha. Estuvo en las tribunas. De las casi 80.000 personas presentes, una inmensa mayoría llevaba la camiseta número 10. Era difícil encontrar otro nombre.

Messi estaba estampado en las espaldas, en las banderas, en los carteles y en los teléfonos que buscaban registrar cada uno de sus movimientos.
Todo era Messi. Y, quizás por eso, también apareció una pregunta inevitable: ¿qué pasará cuando ya no esté?
Porque este Mundial parece ser una de las últimas grandes aventuras de su carrera con la selección. El final está más cerca que el comienzo.
Nadie quiere decirlo demasiado fuerte, pero todos lo saben. Por ahora, sin embargo, la despedida puede esperar. Porque en Kansas City nadie habló del final. Se habló de los goles.
¡NO TE CANSES NUNCA DE JUGAR AL FÚTBOL, LEO! Messi capturó el rebote tras un remate de Mac Allister y anotó el segundo de Argentina ante Argelia.
— SportsCenter (@SC_ESPN) June 17, 2026
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De los tres goles. De las miles de camisetas número 10 que coparon las tribunas. De los argentinos cantando como si estuvieran en cualquier cancha del país. Y de un estadio norteamericano que, por un rato, se olvidó del fútbol americano para rendirse ante un futbolista irrepetible.
El Mundial recién empezó. Pero en Kansas City ya quedó una certeza: el protagonista de siempre sigue ahí. Y, mientras Messi siga ahí, Argentina tendrá algo más que un equipo. Tendrá una historia que todos quieren ver de cerca.

