Repudiable. Malestar en la dirigencia de Racing tras las pintadas en el Sancho

Desde la directiva aseguran que la barra volvió a exigir entradas y dinero en el marco de un accionar que golpea de lleno la vida institucional.

19 de abril de 2026 a las 10:42 a. m.
Malestar en la dirigencia de Racing tras las pintadas en el Sancho
Las pintadas apuntaron contra el presidente Manuel Pérez.

Otra vez la misma historia que el fútbol argentino no logra sacarse de encima. Otra vez las amenazas, los aprietes y la lógica torcida de creer que el club es un botín. En la previa de un partido importante, Racing de Nueva Italia amaneció con pintadas contra su presidente, Manuel Pérez. Insultos, acusaciones y un mensaje que no necesita demasiada interpretación: más entradas, más beneficios, más privilegios. Todo por la fuerza.

No es folclore. No es “color de cancha”. Es extorsión. Y hay que decirlo así, sin maquillaje. Porque cuando un grupo presiona a la dirigencia para obtener entradas gratis o dinero, deja de ser hinchada y pasa a ser otra cosa. Una que atenta directamente contra la vida institucional del club.

La preocupación que expresaron a este diario desde la dirigencia no es exagerada. Es lógica. Porque no se trata de un hecho aislado, sino de una práctica que, según reconocen, lleva meses. Y eso es lo más alarmante: la naturalización. Como si fuera parte del juego. Como si Racing, en lugar de enfocarse en sumar puntos y sostenerse en zona de Reducido, tuviera que gastar energía en resistir presiones externas.

El fútbol, que tantas veces se vende como pasión, no puede seguir conviviendo con estas reglas paralelas. Porque detrás de cada “apriete” hay un daño concreto: se condicionan decisiones, se generan climas enrarecidos y se corre el eje de lo importante. Hoy Racing se juega mucho desde las 20 ante Defensores de Belgrano. Necesita volver a sumar, recuperar terreno y encontrar respuestas dentro de la cancha.

Pero el verdadero partido, el de fondo, es otro. Es el de los clubes tratando de sostenerse como instituciones, con reglas claras, frente a quienes creen que la camiseta es una excusa para sacar ventaja. Ahí no puede haber grises. Ni silencios cómodos. Ni miradas hacia otro lado.

Porque si el fútbol argentino quiere ser más que un espectáculo atravesado por la violencia y el apriete, tiene que empezar por esto: decir basta. Sin peros. Sin medias tintas. Sin negociar lo que no se negocia.