Humor. La “maldición del mordisco”: por qué Italia no volvió a clasificar a un Mundial desde 2014

Entre supersticiones futboleras y datos duros, el calcio debate las causas de la debacle que dejó a la selección italiana fuera de los últimos tres mundiales, desde la recordada dentellada de Luis Suárez a Chiellini hasta las fallas estructurales del fútbol local.

10 de abril de 2026 a las 04:44 p. m.
La “maldición del mordisco”: por qué Italia no volvió a clasificar a un Mundial desde 2014
Gattuso, el último en irse tras el fracaso de Italia.

La dentellada maldita

El fútbol italiano se encuentra inmerso en un proceso de discusión para determinar cuáles fueron las causas que le impidieron clasificar a la fase final de los últimos tres mundiales. El debate se inició con el foco puesto en una supuesta maldición cuyo origen se remontaría —según los brujos del sur de la península— al recordado mordisco de Luis Suárez a Giorgio Chiellini en el partido Uruguay-Italia del Mundial 2014. Aquel choque determinó la eliminación de los azzurri y, hasta hoy, constituye la última presencia italiana en una Copa del Mundo.

En el mundo sobrenatural, los mordiscos tienen un rol protagónico, como el de Blancanieves, cuando clavó los incisivos en una manzana encantada que le dio una bruja y quedó inconsciente, analiza un especialista en el tema, para quien la dentellada de Suárez en el hombro de Chiellini “planchó” a Italia para el resto de la historia. En el caso de Blancanieves, agrega la fuente, el beso apasionado de un príncipe azul la devolvió a la vida y a la normalidad, pero cuando se trata de un seleccionado ese método se complica.

De todos modos, el debate sobre si un mordisco puede transmitir una maldición está instalado más allá de Blancanieves, ya que, como es sabido, la mordida de los vampiros convierte también en vampiros a quienes la sufren, y algo similar ocurriría con los lobizones y sus víctimas. Si bien no existen datos que indiquen que, después de la dentellada de Suárez, Giorgio Chiellini se haya convertido en uruguayo y haya comenzado a leer a Benedetti o a escuchar a Los Olimareños, los brujos del sur de Italia sostienen que es posible hacer caer una maldición individual e incluso colectiva a través de los dientes, prodigio que habría sido reconocido hace un par de años en el 24º Simposio de Periodoncia y Aliento Bucal del Caribe.

Sin embargo, y algo más lejos de las cuestiones paranormales —entendibles en el fútbol—, un informe de la Federación Italiana revela graves deficiencias estructurales en el calcio, tanto en el aspecto físico como en el técnico, que le impiden clasificar a los últimos mundiales. El estudio señala que en la liga italiana los jugadores corren poco, que la pelota circula con lentitud y, sobre todo, que existe una superpoblación de futbolistas extranjeros, producto —según el informe— del flujo incesante de inmigración que llega a Europa año tras año.

Los inmigrantes que llegan a Italia se distribuyen en todos los ámbitos de la sociedad y eso también ocurre en el fútbol, al punto de que en 2025, de los 284 futbolistas que completaron al menos 30 minutos por partido, solo 89 eran italianos, señaló, números en mano, un estadístico de la federación. El dato puso en evidencia el escaso involucramiento de los jugadores locales en el fútbol doméstico, un fenómeno que, advierten, debe ser revertido antes de que los extranjeros pasen a manejar por completo la Serie A y terminen imponiendo un cupo de uno o dos italianos por equipo.

La escasa participación de futbolistas nativos en su propia liga termina, en definitiva, complicando el armado del seleccionado nacional. Parece una perogrullada, pero la selección italiana necesita jugadores italianos para conformarse; de lo contrario, la Fifa descalifica. El problema es que no solo deben haber nacido en Italia, sino también ser capaces de dar dos pases seguidos. Con la ciudadanía no se ganan partidos, señala un dirigente preocupado por la baja participación de los nativos en el calcio.

Según los sociólogos convocados por la Federación para determinar qué está pasando, al italiano medio el fútbol le sigue interesando y apasionando, pero desde el rol de hincha. Los estadios están llenos de italianos: hay pasión, fervor en las tribunas, bengalas, cánticos y fiesta, pero en los campos de juego “echan el faltazo”. Parece que prefieren que jueguen futbolistas de otros países. Tal vez les guste mirar, señalan los especialistas, encogiéndose de hombros.

Desde la Uefa y la Fifa, que siguen con preocupación este fenómeno italiano, vuelve a surgir la recomendación de vincular a los niños con el fútbol y con la selección italiana desde la más tierna infancia. Su primer juguete debe ser una pelota y no un peluche; debe haber balones en las salas de parto y luego niño y pelota deben convertirse en amigos inseparables. La campaña de concientización “Un niño, una pelota” apunta en ese sentido, afirman los dirigentes, que buscan recuperar la pasión por jugar al fútbol y no solo mirarlo mientras se toma cerveza.