Un Pirata más. Lisandro López, el referente sin cinta para el Belgrano campeón
“Licha” llegó hace menos de un año al Pirata, pero su entrega, liderazgo y sentido de pertenencia lo transformaron en una de las grandes banderas del equipo de Zielinski.
Hay jugadores que necesitan años para sentirse parte de un club. Y hay otros que apenas pisan una cancha parecen haber estado ahí toda la vida. Lisandro López pertenece a esa segunda categoría. Llegó hace menos de un año a Belgrano, nació lejos de Córdoba y construyó una carrera enorme por el mundo, pero hay algo en su manera de jugar, de declarar y de sentir que hace pensar que en realidad nació futbolísticamente en Alberdi.
Porque uno de los grandes referentes de este Belgrano campeón no necesitó cinta para tener voz de mando en la defensa del equipo de Ricardo Zielinski.
Le alcanzó con el respeto que se ganó adentro de la cancha y con la identificación que construyó afuera. Con cada cruce salvador, con cada pelota despejada, con cada gesto de compromiso. Y también con algo que el hincha pirata detecta rápido: la autenticidad. López nunca actuó como una estrella de paso. Desde el primer día habló como alguien agradecido por estar en Belgrano. Y en el fútbol, cuando el cariño es genuino, la tribuna lo devuelve multiplicado.
El alma defensiva del campeón
No tardó nada en meterse a la gente en el bolsillo. Porque mientras muchos defensores juegan a no equivocarse, él juega a hacerse cargo. Habla, ordena, empuja. Tiene esa personalidad que contagia tranquilidad cuando el partido quema. Por eso también su ausencia se sintió tanto en el tramo más complicado del Apertura.
La imagen quedó grabada en todos. Aquella noche ante Atlético Tucumán, en la jugada previa al gol de Emiliano Rigoni, Lisandro recibió un durísimo codazo en la nariz y quedó tendido varios minutos sobre el césped. El diagnóstico confirmó la fractura del tabique nasal. Y Belgrano, sin él, perdió mucho más que un marcador central. Perdió voz de mando, experiencia y seguridad.
Porque López terminó siendo una garantía. De esas que no abundan. Por eso cuando él volvió, el equipo recuperó su mejor versión.
Y eso tiene todavía más valor cuando se repasa su recorrido. Belgrano fue a buscar un futbolista con una carrera gigantesca detrás. Uno que venía de jugar Copa Libertadores con Olimpia y que antes había pasado por clubes enormes como Benfica, Inter, Genoa y Boca. Un defensor que ganó títulos en Portugal y Argentina, que jugó en Europa, México y Arabia Saudita. Un nombre pesado.
Pero en Alberdi pasó algo distinto: Lisandro dejó de ser solamente un futbolista con trayectoria para transformarse en un referente emocional de este equipo campeón.
Tal vez porque entendió rápido de qué se trata Belgrano. Porque comprendió que acá no alcanza solamente con jugar bien. Hay que sentir. Hay que entregarse. Hay que convivir con una hinchada que convierte el aguante en una forma de vida. Y él lo hizo.
Por eso hoy los hinchas hablan de López como si hubiese estado siempre. Como si hubiese salido de las inferiores. Como si hubiese aprendido a jugar mirando la popular Pirata un domingo cualquiera.
El patrón de Alberdi
A los 36 años, cuando muchos futbolistas empiezan a pensar en el retiro, Lisandro acaba de escribir una de las páginas más importantes de su carrera: ser campeón con el Belgrano que hizo historia y consiguió el primer título de Primera División para Córdoba.
Y la historia puede no terminar acá. Porque si continúa en 2027, tendrá por delante el desafío de jugar la Copa Libertadores con la camiseta celeste. Otra página gigante. Otra ilusión.
Mientras tanto, Alberdi ya lo adoptó para siempre, aunque este domingo por lesión se haya perdido la final con River. Porque hay jugadores que llegan. Y hay otros, como Lisandro López, que parecen volver a casa.

